Más de mil años antes de que Jaume Codorníu y Luciano Murrieta creasen sus respectivas bodegas, y siglos antes de que los romanos dominaran la Península e institucionalizaran el culto a Baco, ese dios alegre y temible que enseñó a los hombres a exprimir la uva, los habitantes de lo que hoy es la comarca Utiel-Requena producían y bebían vino.
Lo sabemos porque existe un yacimiento arqueológico, Las Pilillas, que cuenta con cuatro lagares excavados en la piedra caliza y fechados entre los siglos VII y V a. C. Estas estructuras, ahora semejantes a unas simples rocas desgastadas que a priori no merecerían demasiada atención, fueron antaño eslabones de una tecnología puntera, casi mágica.
Requena, Ciudad del Vino 2026
Tanto es así que en la página web de Tierra Bobal hablan del yacimiento de Las Pilillas como el área de producción de vino a gran escala para su comercialización más antiguo de Europa Occidental. Quizá hablar de “bodega” sería exagerar, pero no demasiado: estos íberos eran capaces de trasvasar el mosto de la pila superior, donde se pisaba, a la inferior, donde se recogía.
Por eso, en la página web de Turismo de Requena se describe el sitio como “uno de los centros productores de vino más antiguos documentados en la Península Ibérica”. Esta curiosidad histórica es solo el punto de arranque de toda una cultura que ha permitido a la ciudad, situada en la Comunidad Valenciana pero más cercana a la Manchuela Conquense que a la brisa del Mediterráneo, ser elegida como la Ciudad Española del Vino 2026 por la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin).
Fiestas de la Vendimia
“Nuestra cultura de la vid es muy antigua, y además Requena tiene una de las Fiestas de la Vendimia más antiguas de España. Tenemos una semana de fiestas y otra de feria. Sumando ambas, nos tiramos quince días celebrando”, cuenta a Consumidor Global Lucio Cabrera, concejal de Medio Ambiente y Agricultura de la ciudad. En 1970 se acuñó el eslogan ‘Requena, donde la vendimia es fiesta’, y desde entonces hacen honor a ese espíritu que engarza sacrificio y disfrute.
En Requena, la variedad estrella es la bobal, una uva marcada por la altitud a la que crece, entre 600 y 900 metros sobre el nivel del mar. “Es una uva tinta, muy potente, con muchas capas de color e intensa en boca. Ha sido una uva a la que quizá hasta ahora no le hemos dado el reconocimiento que merecía. Empieza a despuntar más, pero antes era para echarla en las cooperativas”, relata Cabrera.
De la uva bobal al cava
Hoy, en cambio, se embotella y los profesionales de la Escuela de Viticultura y Enología de Requena la miman. “Está saliendo gente muy preparada y le está dando toques diferentes, porque hay algunos amantes del vino que pueden encontrar la bobal demasiado fuerte. Hoy en día, a la gente le gustan más los vinos suaves, fresquitos”, expresa.
De fresquitos y ambiente burbujeante, en Requena saben bastante a fuerza de bregar: es una de las pocas regiones fuera de Cataluña que produce cava amparado bajo la D.O. Cava. “Cinco familias de Requena formaron una bodega, Torre Oria. Crearon primero un vino espumoso y, después de muchos años de litigios contra Cataluña, se consiguió la denominación” recuerda el edil.
La guerra de las burbujas
En la página web Cava Valenciano se rememora la historia. Torre Oria “se embarcó en una larga y complicada batalla judicial que les llevó a lograr, en 1982, una sentencia favorable que permitía la integración de todo el término municipal de Requena en el listado de territorios amparados por la DO Cava, convirtiéndose en el único municipio de toda la Comunitat Valenciana que puede elaborar cava legalmente”.
Cabrera habla de “jaleo” al evocar el episodio, y no es para menos. En 2012, en un clima en el que se hablaba de la independencia catalana como una posibilidad real, el presidente de Planeta, José Manuel Lara, declaró que en una hipotética “guerra del cava” habría “muertos y heridos graves”. Cinco años más tarde, cuando aleteó la posibilidad de que los productores catalanes prohibieran plantar nuevas cepas para seguir produciendo cava en Requena, un viticultor requenense declaró que no se podía “cambiar las normas en medio del partido".
De Torre Oria al Cid
El embrión de los batalladores Torre Oria, primeros en obtener la Denominación de Origen Cava fuera del Penedès, se remonta a 1897. Quizá en su carácter peleón anide algo del talante de Rodrígo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, del que se dice que pasó por Requena en el siglo XI. Un caserón del Barrio de la Villa le recuerda.
Mucho más cercano en el tiempo queda el nacimiento de Vinícola Requenense, una cooperativa formada en 1935.
De las bodegas del siglo XIX al enoturismo del XXI
Otro nombre que no se puede pasar por alto en la constelación requenense es Pago de Tharsys, que atesora medio siglo de experiencia en la elaboración de vinos espumosos. La bodega data de 1808, y de esa época conserva su cava subterránea excavada en la roca caliza sobre la que se asienta todo su viñedo. Es posible descubrir este singular espacio reservando una visita desde 20 euros.
También ofrecen experiencias de enoturismo Bodegas Murviedro (desde siete euros), Bodegas Vegalfaro (que tiene la particularidad de producir Vinos de Pago), Bodegas Lupanda (autoproclamada como “una microbodega artesanal”) o Chozas Carrascal, que tiene hasta un pequeño spa.
Museos y lugares de interés
Entre copa y copa, el visitante puede dejarse caer por el Museo de Arte Contemporáneo Florencio de la Fuente, un espacio muy singular ubicado en un edificio histórico que alberga obras de Miró, Dalí, Tàpies, Rueda, Mompó, Torner o Plensa. También son imprescindibles las iglesias góticas de Santa María o el Salvador. Como testigo del arraigo vitivinícola, y a modo de una suerte de Cristo Redentor sui generis, en el municipio se levanta el Monumento Universal a la Vendimia. Mide 18 metros de altura.
Ya completamente sobrio, el visitante puede hacer una ruta de senderismo o en bici por los parajes de la comarca o alquilar un kayak en el cercano Parque Natural Hoces del Cabriel.
Lugar de paso
“Tenemos un conjunto de 22 cuevas debajo de la villa, que era donde antes se guardaba el vino, el aceite y los cereales. Es una cosa digna de ver. También hay monumentos de la época morisca: pensemos que Requena era un lugar de paso entre Valencia y el interior de España y por aquí pasaron muchas culturas”, describe Cabrera.
Como no podría ser de otro modo, la cultura del vino da pie al buen comer. Uno de los platos más contundentes es el cachulí, similar a las migas manchegas, pero con hígado frito, al que se suma panceta de cerdo.
Feria del Embutido
A principios de febrero, Requena celebra su Feria del Embutido. “Aquí tenemos un embutido de mucha calidad: la longaniza de siempre, la morcilla, el chorizo… Y una cosa que les extraña mucho a los turistas cuando vienen es el perro: una variedad de morcilla que se come cruda, es decir, que se deja secar como el salchichón”, describe.
Para concluir, Cabrera invita a todo el que quiera a acudir a Requena. “Todo el que come bien y bebe bien se va contento”, resuelve.