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Carlos Ríos: cuando atacar al periodismo se convierte en una campaña de publicidad para tu marca

El influencer, apodado como ‘el gurú de la comida sana’, ha construido un imperio basándose en la alimentación tradicional, “la de las abuelas”; tiene 1,5 millones de seguidores en Instagram y una empresa propia de productos

Carlos Ríos, el  'gurú de la comida sana' / EUROPA PRESS
Carlos Ríos, el 'gurú de la comida sana' / EUROPA PRESS

Carlos Ríos, el gurú de la comida sana, es el último de los personajes públicos que, molestos con algunos titulares periodísticos, han emprendido una batalla contra los medios de comunicación. En esta ocasión, el influencer y empresario ha utilizado las stories de Instagram para mostrar su descontento con un contenido crítico con el realfooding que él promueve publicado en Eldiario.es. Se trata, según él, de un artículo patrocinado por “la industria de los ultraprocesados”: “Pero no lo sé, no tengo pruebas”. Acto seguido, ha sugerido una especie de boicot al citado medio; primero, por los supuestos bulos de la redactora que firma la pieza y, segundo, porque, a su entender, la publicidad impide la imparcialidad de los periodistas. Sin embargo, ¿es casual este ataque procedente de alguien con sus propios intereses en esta guerra contra el sector alimentario?

Ríos ya no es un instagrammer cualquiera. Ahora tiene una marca, es decir, una empresa. El primer producto que introdujo en el mercado fue un hummus, el marzo pasado. Después presentó un mutabal, un plato típico de la cocina libanesa que está hecho a base de berenjena asada. Y cuando llegó el verano se atrevió con un gazpacho y un salmorejo, a lo Sabores de la Esteban, pero versión Carlos Ríos. Y habrá más productos para este otoño, como dejó caer el influencer en sus redes sociales. Sin ir más lejos, el 13 de septiembre anunciará una crema de cacao healthy o más untables del estilo mutabal y hummus.

Un supermercado de comida sana 

El sueño del emprendedor no es otro que “construir un supermercado con productos realfooding”. Por otro lado, Ríos también creó una app --MyRealFood-- para valorar la composición nutricional de los alimentos del súper. Funciona como Yuka y Coco, escanea las etiquetas y clasifica el producto como “comida real”, “buen procesado” y “ultraprocesado”. Aparte, como todo  influencer, colabora con diversas marcas: Tefal, Danone, Ecocesta y Flor de Esgueva, son algunas de las que se cuelan en su perfil.

Además, con anterioridad ha participado en campañas de Mercadona y Lidl. “El realfooder que era el azote de los supermercados, ahora trabaja junto a ellos”, pensaron muchos. Sin embargo, él defendió que seguía la misma línea.

El movimiento ‘realfooding’

El movimiento realfooding se basa en “comer como lo hacían nuestras abuelas”. Nada nuevo, ni innovador. Sin embargo, como defendió el gurú de la comida sana en una entrevista en El Español, “hoy sí que parece revolucionario, porque hemos cambiado mucho”. “Mi misión es luchar, a través del conocimiento y conciencia, contra las multinacionales de los productos ultraprocesados y devolver la comida real a la población”, apostilla en su web personal. Así que su ejército de realfooders, como los denomina él, se dedica a perseguir todo aquel producto que tiene varios ingredientes y que, por lo tanto, es un ultraprocesado.

El concepto realfooding que empezó como un hashtag de un perfil corriente de Instagram ha terminado siendo un movimiento de masas. En la actualidad, Ríos cuenta con un millón de jóvenes en su bolsillo. “Ha monetizado la comida de las abuelas y ha creado su propia empresa”, comenta Neus Soler, profesora de Economía y Empresa de la UOC y experta en márketing, quien corrobora que el realfooding aparte de ser un estilo de vida, como lo denomina Ríos, es “una estrategia de marketing más”.

Una captura de pantalla de los 'stories' de Carlos Ríos criticando a Eldiario.es / INSTAGRAM @carlosriosq
Una captura de pantalla de los 'stories' de Carlos Ríos criticando a Eldiario.es / INSTAGRAM @carlosriosq

El gurú de la comida sana

“Mi cuerpo lo entiende, es meterle procesado y ponerse malito”, señala una seguidora del influencer (isa.sinmass). Los seguidores de Ríos son unos entusiastas del contenido del nutricionista. Hasta tal punto de que, en su perfil de Instagram, no hay ningún mensaje que difiera de la opinión del “líder”. Eso sí, en los comentarios aparecen muchas dudas sobre temas de alimentación. Todas ellas  contestadas y bien argumentadas por el equipo de Realfooding --la cuenta profesional de Carlos Ríos--. 

“Cuando el influencer es una persona que pone énfasis en su contenido y, además, tiene capacidad de persuasión, los seguidores se convierten en apóstoles y hasta incluso fanáticos”, explica Ricardo Sotillo, doctor por la Universidad de Granada, licenciado en Psicología, Filosofía y Enfermería. Según este experto, cuando se produce la admiración “acaba pesando más la relación con esta persona que el contenido que él explique”. Aunque, como admite Sotillo, “no pasa únicamente con influencers, pasa en todas las relaciones humanas”. 

La polémica está servida y el campo de batalla está en las redes sociales 

El artículo que Ríos criticó daba voz a dos personas que sufrieron trastornos alimenticios y que, de una forma u otra, comentaban cómo había influido Instagram y algunos perfiles, como el del realfooding, en la percepción que tenían sobre ellos mismos. Tal y como indicó el influencer y como corrobora Sotillo, una enfermedad así es multifactorial, por lo que señalar con el dedo a alguien no es lo más importante. Pero lo que sí es un hecho es que “un influencer, como su nombre indica, influye en los usuarios”, reitera Soler. 

“Las redes sociales afectan en la creación del autoconcepto. Actúan como si fueran un telescopio, en ellas la gente tiene muchos más inputs de los que tendría en la vida real. Además, solo se ve lo que la gente proyecta, el yo ideal”, explica Sotillo. Carlos Ríos no es el verdugo, pero, con sus actos incide en el comportamiento de los realfooders. “Para bien y para mal”, como concluye Sotillo. 

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