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Cubofit: el gimnasio dentro de un contenedor que atrae a particulares, ayuntamientos y al Ejército

Varias ciudades españolas ya cuentan con cubos reconvertidos en centros deportivos que cuesta entre 18.000 y 30.000

Un grupo de personas que entrena en el Cubofit /CUBOFIT
Un grupo de personas que entrena en el Cubofit /CUBOFIT

Venice Beach siempre ha bailado a su propio son como epicentro de la cultura bohemia de Los Ángeles. A lo largo del paseo de esta famosa playa, te encuentras desde artistas callejeros y artesanos locales, hasta culturistas que realizan su consagrada rutina deportiva en público. Antes de la pandemia, en España, entrenar al aire libre no era algo que se veía muy a menudo. En las calles se veían runners o gente andando, clases de zumba en época estival, pero poco más. Rara vez se veía alguien levantando pesas o haciendo estiramientos sobre la manta de yoga.

Pero el Covid ha puesto patas arriba muchos sectores, entre ellos el mundo del deporte. Los gimnasios han sufrido varios ceses de su actividad por el coronavirus. Y una vez abiertos se han tenido que adaptar a las medidas de seguridad, limitaciones de aforo y otras restricciones. “Nosotros pensamos este negocio hace años. No somos adivinos, pero parece que ahora este modelo tiene más sentido que nunca”, señala Jesús García Casarrubios, director general de Cubofit, una empresa andaluza que ha convertido contenedores de transporte marítimo en estaciones de entrenamiento. La compañía está en plena expansión. Ya cuenta con varios cubos en el territorio español, además de “uno en Rusia y otro que vamos a montar en Uruguay”, señala García. Cuestan entre 18.000 y 30.000 euros cada uno, pero ¿es viable este modelo en España?

El primer Cubofit del mundo 

Carlos López Moya y Carlos Checa son dos jóvenes de Torre del Mar (Málaga) que hace cuatro años decidieron adquirir un contenedor-gimnasio. “Fuimos los primeros”, afirma Checa, quien explica que “el 50 % de los ingresos viene, en mayor parte, de los clientes vacacionales”. 

Estos jóvenes tienen su gimnasio montado en la playa. “El permiso obtenido es como el de un chiringuito de playa. Nos lo concedieron el primer año y ahora, tres años después, nos lo han vuelto a dar”, afirma. El negocio les salió rentable al poco tiempo de instalarlo. “Era muy novedoso, salimos en todas las televisiones de España, a la gente le gustaba y pudimos exprimir la inversión”. Las tarifas no son caras, pues con tanto alud de aficionados se pueden ofrecer precios más asequibles. Además, más allá del alquiler, no se generan demasiados gastos. “Es un gimnasio autosuficiente, en el techo hay placas solares para  la energía que necesita el cubo”, matiza Checa. El pase del día cuesta 10 euros, el del mes 45 euros y la temporada de verano (cuatro meses) 120 euros.

Desde particulares hasta ayuntamientos

Hay pueblos que han optado por este modelo para que los ciudadanos practiquen más deporte. Loiu, municipio de Vizcaya, adquirió uno porque el gimnasio del pueblo estaba en obras. “Tenemos diferentes tipos de clientes, desde emprendedores que no se pueden costear la inversión de un gimnasio, a universidades y ayuntamientos que lo ofrecen a sus pueblos o ciudades”, afirma García, quien asegura que el Ejército también está interesado en estos gimnasios. 

Los cubos permiten hacer tanto sesiones dirigidas como entrenamientos individuales. Siempre al aire libre. “Es para un usuario que busque algo más que entrenar entre las cuatro paredes de un centro fitness”, matiza Checa. En este sentido, García admite que “Cubofit no dispone de las comodidades que puede ofrecer un gimnasio, pero ofrece unos elementos diferenciales como el entorno”.

Un grupo de personas que entrena en un Cubofit / CUBOFIT
Un grupo de personas que entrena en un Cubofit / CUBOFIT

Los inconvenientes de este nuevo concepto

Las ventajas de tener un gimnasio en un cubo industrial pueden ser muchas. “Si un día decido mudarme a otro sitio, el equipamiento viene conmigo”, bromea Checa. Pero también carece de otras comodidades. La infraestructura no es más que un contenedor industrial reconvertido en una pequeña zona para hacer deporte. No hay baños, ni vestuarios, ni tan sólo bancos para sentarse. Además, tiene que instalarse en zonas con un espacio de 100 metros cuadrados diáfanos para realizar las actividades. Y en las ciudades donde llueve o hace mal tiempo, tampoco hay mucho sitio dentro del contenedor para resguardarse. 

No obstante, parece que este modelo ha gustado a los amantes del fitness que se han cansado de las instalaciones deportivas. “Habrá gente que preferirá el gimnasio y otros que les gustará más este tipo de entrenamiento funcional, donde se busca ganar más fondo físico y no un cuerpo robusto”, concluye Checa.

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