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Komvirra: el preparado que quería ser cerveza y que se ha quedado en clara

Komvida, empresa oriunda de Fregenal de la Sierra (Badajoz), lanza un combinado con sabor a pinta; ¿será esta la caña más sana del supermercado?

Núria Messeguer

La komvirra / KOMVIDA

En Fregenal de la Sierra, un pueblo de 5.000 habitantes del suroeste de Badajoz, preparan una de las bebidas más hipsters del país: la kombucha. Mientras realizaba la vuelta al mundo, Beatriz Magro descubrió este exótico brebaje en California. En esencia, es infusión fermentada hecha con té, azúcar, bacterias y levadura. Aunque a veces se conoce como “té de hongos”, la kombucha no es un hongo, sino una colonia de bacterias y levaduras. Fascinada por el sabor y convencida de sus milagrosas propiedades, Magro importó la idea y creó una empresa en España --Komvida--  junto con su mejor amiga, Nuria Morales.

“Todas las empresas importantes empezaron en un garaje; nosotras, en un sótano”, explican en la web de la empresa. Komvida en la actualidad tiene 30 trabajadores y “casi todos son mujeres”, presumen las empresarias. Esta cuestión de género no es fruto de la casualidad, sino que es uno de los objetivos de la compañía. “Queremos dar empleo a las mujeres rurales”, señalan las emprendedoras en un reportaje de su canal de Youtube. La bebida de Komvida se puede encontrar tanto en su página como en grandes superficies. El Corte Inglés, Hipercor, Carrefour, Ahorramás, Consum y Herbolarios Navarro son algunos de los supermercados de su lista. Con una amplia gama de sabores, la firma extremeña acaba de lanzar la komvirra, el combinado de té con sabor a cerveza. Pero ¿cautivará al público cervecero?, ¿será esta la primera caña healthy?

¿A qué sabe la komvirra?

A primera vista, el brebaje parece una naranjada. Pero huele a limón con un ligero toque de cerveza. En el paladar, la komvirra crea división de opiniones. Los amantes de la birra dirán que no sabe a pinta y que el concepto obedece a un reclamo publicitario. Pero los consumidores más benévolos estarán de acuerdo en que la komvirra puede parecer una clara. Es decir, una cerveza con limón.  

“Estar está buenísima, pero a cerveza no sabe. Sí que tiene un toque amargo, pero hasta ahí”, comenta una consumidora, Antia Cuadrado, en el perfil de Instagram de Komvida. A lo que la empresa le contesta: “La hacemos con lúpulo ecológico para que tenga ese sabor tan único”. El famoso lúpulo es el único ingrediente que comparte con la cerveza, ya que el producto de Komvida está acompañado por: agua, azúcar, té verde y el cultivo de kombucha o scoby (simbiosis de microorganismos y levadura). La komvirra se vende en la página web de la empresa en lotes de 12 botellas a 26,30 euros, y en los herbolarios y supermercados por 2,20 euros la unidad.  

Dos chicos y una chica que disfrutan de la kombirra / KOMVIDA

El análisis nutricional 

“Se dice que el té de kombucha ayuda a prevenir y controlar afecciones de salud graves, desde problemas de la presión arterial hasta cáncer”, explica Brent A. Bauer, M.D., de Mayo Clínic, aunque añade que “estas afirmaciones no están respaldadas científicamente”. Parece que la comunidad científica tiene alguna que otra reticencia a consagrar la kombucha como la bebida sana definitiva. A juicio de este experto el té fermentado podría tener beneficios similares a los de los suplementos probióticos, como propiciar un sistema inmunitario saludable y prevenir el estreñimiento

La komvirra tiene 5 kilocalorías por cada 100 mililitros; 0,1 gramos de grasas de las cuales menos de 0,1 gramos son saturadas; 1,2 gramos de hidratos de carbono de los cuales 0,8 gramos son azúcares (naturales, de la mezcla de ingredientes, no se trata de azúcar añadido); menos de 0,3 proteínas y menos de 0,010 gramos de sal. “Si lo comparas con una cerveza, que tiene alcohol, la komvirra siempre será una mejor opción”, apunta Marina Bel, nutricionista de la empresa Norte-Eurocao. Aunque para Bel el té fermentado tampoco se caracteriza por una composición rica en nutrientes. “Tiene muy pocas calorías, eso sí”, afirma la especialista. 

La kombucha, de Japón a California

Los orígenes de esta bebida datan del año 220 antes de Cristo en la región china de Manchuria. Debe su nombre al médico coreano Kombu, quien la introdujo en Japón como un medicamento para el emperador ­Inkyo. Se cree que a Europa llegó a inicios del siglo XX a través de Rusia. En la década de 1960 vivió una época dorada gracias a un estudio suizo que comparó sus beneficios con los del yogur. A finales de los 80 y en los 90 se hizo muy popular entre los enfermos de sida, que la bebían para fortalecer su sistema inmunitario.

No obstante, la fiebre de la kombucha resurgió de nuevo hace un par de años en San Francisco y Nueva York, con sus centros de yoga y terapias alternativas. Hoy por hoy se ha convertido en una auténtica revolución; según un estudio de Market Research es el segmento de bebidas que más rápido crece. En 2027, este mercado podría estar valorado en 7.000 millones de dólares (5.800 millones de euros) en todo el mundo.