La Navidad es sinónimo de encuentros, sobremesas largas y mesas llenas de platos que reconfortan. Pero no todo el mundo quiere —o puede— gastar una fortuna para celebrar estas fechas como se merecen. Frente a menús imposibles y recetas interminables, hay quien apuesta por la cocina sencilla, sabrosa y pensada para compartir.
En ese terreno, pocos referentes hay tan claros como Karlos Arguiñano, que un año más ha vuelto a demostrar que se puede comer bien en Navidad sin disparar el presupuesto y dejando a todos más que saciados. Y es que si en algo es experto el cocinero más popular de la televisión es en saber como alimentar a muchas bocas. Tiene 14 nietos, fruto de sus siete hijos, siendo una figura muy orgullosa de su numerosa familia, todos ellos de buen comer.
Navidad alrededor de la mesa (y sin complicarse)
Para el cocinero vasco, la clave de las comidas navideñas no está en el lujo, sino en el producto, el sentido común y las raciones generosas. Las fechas invitan a reunirse con familia y amigos, ya sea en Nochebuena, Navidad o Nochevieja. Y aunque muchos optan por platos preparados o incluso acudir a algún restaurante, cada vez son más los que prefieren cocinar en casa como sinónimo de cuidado y amor a los suyos.
Para los que son de este pensamiento, Arguiñano propone un menú equilibrado, con su toque de gastronomía vasca bien reconocible y fácil de ejecutar, pensado para gustar a todos y no pasar horas encerrado en la cocina (ni vaciar la cartera, todo sea dicho de paso).
Aperitivos sencillos para abrir el apetito
El menú arranca con algo ligero pero sabroso. Nada de complicaciones: montaditos de foie, una combinación clásica que funciona siempre. Se trata de usar una cama de patata las láminas tostadas al horno como base (aunque puedes usar pan tostado y cebolla caramelizada si no te apetece ponerte a asar patatas— a poder ser de masa madre, aunque desde Consumidor Global te revelamos que lo hemos probado con pan brioche y resulta una auténtica delicia—.
Después lo coronaremos con foie pasado brevemente por la plancha y acompañado de una vinagreta suave de vinagre de frutos rojos con Módena o vinagre de Jerez, el toque final se lo da el espolvorear semillas de amapola. Es un bocado elegante, perfecto para ir calentando motores sin llenarte demasiado antes de los platos principales.
La ensaladilla, un clásico que nunca falla
En casa de los Arguiñano hay un plato que no perdona ninguna Navidad: la ensaladilla rusa. Económica, fácil de preparar y muy agradecida, se convierte en el primer plato ideal.
La receta base incluye patata, zanahoria y huevo cocido, a lo que se puede añadir un poco de bonito. El propio cocinero recomienda incorporar langostinos troceados para darle un toque festivo sin elevar demasiado el coste. Mayonesa al gusto y lista para servir. Un plato que gusta a todas las generaciones y que siempre desaparece del plato.
Un caldo reconfortante para entrar en calor
Después llega uno de esos platos que saben a casa y a tradición: el consomé navideño. Arguiñano apuesta por hacerlo con gallina, verduras y huesos, dejándolo cocer lentamente durante un par de horas.
Es cierto que no todo el mundo tiene tiempo para preparar un caldo desde cero, y el cocinero lo reconoce sin complejos, señalando que las pastillas de caldo pueden ser una ayuda puntual. Lo importante es no renunciar a ese plato caliente y reconfortante que prepara el estómago para lo que viene después.
Verdura también en Navidad
Lejos de pensar que las fiestas son solo carne y pescado, Arguiñano defiende incluir siempre una verdura en el menú. Su elección es clara: cardo en salsa de almendras, también conocido como cardo a la navarra.
Es una receta muy ligada a la Navidad en zonas como Navarra, País Vasco, La Rioja o Aragón. Aunque limpiar el cardo fresco puede resultar laborioso, siempre existe la opción de utilizar uno en conserva de buena calidad. El resultado es un plato suave, sabroso y perfecto como transición antes del principal.
El plato fuerte: capón para todos
En el centro del menú aparece el protagonista indiscutible: el capón asado. Aunque en algunos años en su casa se ha servido pollo relleno o cordero, el capón es su opción preferida.
Es una carne jugosa, rendidora y perfecta para grandes reuniones. Acompañado de patatas asadas, se convierte en un plato contundente que garantiza que nadie se quede con hambre. Además, permite ajustar cantidades y precios con facilidad, algo fundamental cuando se cocina para muchos.
El broche final: los turrones de siempre y un postre ligero
Después de un menú generoso, Arguiñano apuesta por cerrar con algo sencillo y digestivo: compota de manzana. Manzanas reinetas cocidas con un poco de vino tinto, ciruelas pasas y uvas pasas, servidas frías. Un postre humilde pero efectivo, que ayuda a aligerar la digestión sin renunciar al sabor.
Como manda la tradición, la comida termina con una bandeja de turrones y mazapanes. Los clásicos de todas las casas, que no necesitan presentación y que ponen el punto final a una comida pensada para disfrutar sin excesos innecesarios.
El menú navideño de Karlos Arguiñano es, en el fondo, una declaración de intenciones: cocinar con cariño, gastar lo justo y poner el foco en compartir. Porque en Navidad, más que platos sofisticados, lo que realmente importa es la mesa llena y la conversación alrededor de ella.