Se cae el techo de una casa llena de moho tras 300 días sin que Kutxabank Seguros quite una humedad
Después de casi un año de inacción por parte de la aseguradora, hay un boquete en el suelo, al asegurado le dio un infarto y la vivienda se asfixia entre esporas y la negligencia del banco vasco
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Era una mancha pequeña en la esquina del techo de la casa de Juan Linares. Era mayo de 2025, cuando apareció una sombra irregular, del tamaño de una mano abierta, una leve alteración en el color de la pintura.
Durante los días siguientes, la marca fue creciendo. La pintura comenzó a hincharse ligeramente, formando pequeñas burbujas que, al tocarlas, parecían blandas. Del amarillo pálido pasó a un tono más oscuro, terroso, con pequeñas vetas irregulares. Luego llegó el olor.
Un olor, leve al principio, a humedad antigua, a agua atrapada. En la vivienda de Juan Linares, en la provincia de Guadalajara, esa mancha fue el primer síntoma de un problema mayor.
Un boquete en el suelo del pasillo
Hoy, más de 300 días después de aquel primer aviso a su seguro del hogar contratado con Kutxabank, la situación es crítica.
"Desde un primer momento –comenta el asegurado– se centraron en buscar la avería en la instalación de la calefacción". "Nos hacían tener la calefacción un par de horas encendida (incluso en verano, con el calor que ha hecho). En esa primera detección (finales de mayo o junio) dijeron que la avería estaba en medio del pasillo. Vino un fontanero, abrió un agujero en el suelo para luego solo decirnos que en ese punto no estaba la fuga", señala.

El asegurado sufre un infarto
Tras la visita del fontanero, vino la empresa de detección de fugas. "Nos pidieron que no usáramos el baño para ver si era de ahí donde residía el problema. ¡Nos tuvieron más de un mes sin usar el baño! Todo ello para no resolver nada", apunta Linares. De nuevo, volvieron a revisar el circuito de calefacción, esta vez con gas traza. De nuevo, desde Kutxabank dijeron que no había fuga en la calefacción.
A pesar de los destrozos, Juan Linares se negó a claudicar e interpuso una reclamación en octubre. "En la reclamación pedí que cerrasen el agujero que hicieron en medio del pasillo ya que estaba claro que ahí no estaba la fuga, pero el hueco ha estado abierto medio año para nada", subraya. "Cada vez que pasaba por la zona del agujero que teníamos cubierto con una tabla sufría un fuerte estrés. Esto seguro que ha sumado para el infarto de miocardio que padecí el 1 de noviembre", afirma el afectado.
El techo se cae
Mientras, aquella mancha de humedad se convirtió pronto en un organismo vivo. Al no repararse la filtración, el agua se estancó en la oscuridad del falso techo, creando el moho. Primero como unos puntos negros salpicando la pintura y, poco después, como grandes manchas aterciopeladas que se extendieron por las paredes y el suelo de dos habitaciones.
El peligro, sin embargo, no era solo visual. Mientras la aseguradora enviaba técnicos que abrían agujeros en el pasillo para luego no volver, el techo iba absorbiendo agua como una esponja. El yeso se ablandó, se combó bajo el peso de una balsa de agua acumulada que nadie quiso drenar, hasta que la estructura no pudo más. Con un estruendo seco, el techo se desplomó.
"Al caer el pladur, se rompió el cristal de una mesa. Menos mal que no se cayó encima de nadie o de alguno de mis animales", suspira Linares.
Un año de promesas, un año de esporas
La casa no es solo un escenario de ruina física; es un foco de moho tóxico. Juan Linares y su mujer, Elena, conviven con colonias de hongos que liberan esporas al aire que respiran. Según los informes médicos, la exposición prolongada a estos hongos puede causar desde alergias persistentes hasta infecciones pulmonares graves como la aspergilosis.
"El ambiente está lleno de esporas fruto de la proliferación de hongos", arremete Juan.

"Me han dañado media vivienda"
En marzo de 2026 el expediente —según el propio recuento de Linares— llevaba más de 300 días abierto. "Finalmente he tenido que afrontar parte de las reparaciones por mi cuenta", asegura. "Busqué un albañil en el pueblo que vino, picó donde parecía que podía estar la rotura, la localizó, la arregló y al día siguiente tapó la zona con cemento. Desde ese momento no sale más agua", arguye.
"Seguros y Kutxabank es un oxímoron. Llevo casi un año con un parte abierto por una pequeña humedad. Ahora no sale más agua, pero los daños se han extendido a la cocina, el comedor, el pasillo, las escaleras, las habitaciones, etc. Gran parte de la casa se ha cubierto de moho. Sería necesario matar las esporas que mi mujer y yo estamos respirando. Me ha dañado media vivienda", lamenta Juan. "Pagas un seguro precisamente para evitar situaciones así y cuando ocurre un problema grave, la respuesta es meses de espera", añade.

No hay un final
No hay un final en esta historia. Kutxabank sigue sin reparar los desperfectos. "A pesar de las llamadas, los correos y los escritos a atención al cliente, no hacen caso. Tampoco parece que sepan por dónde se andan cuando intentan hacer algo", revela Juan Linares.
Consumidor Global se ha puesto en contacto con Kutxabank para conocer su postura oficial al respecto; sin embargo, al término de este reportaje no se ha obtenido respuesta alguna por parte del banco que ofrece este seguro del hogar.

