La ilusión del impacto cero: así es Ecovadis, el revisor de la sostenibilidad de las empresas
El 42% de las empresas sigue “basándose en cuestionarios de proveedores no verificados”, explica Enrique Marroquín
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En 2010, Greenpeace lanzó una campaña de denuncia contra Nestlé tras descubrir que utilizaba aceite de palma suministrado por la empresa indonesia Sinar Mas. Para establecer plantaciones, Sinar Mas estaba deforestando las selvas tropicales y el hábitat del orangután. Tras la presión pública y las llamadas al boicot de los consumidores, Nestlé decidió cortar lazos con este proveedor.
Una década después, salió a la luz que la compañía taiwanesa Pegatron, proveedora de Apple, había infringido la ley laboral del país asiático y había explotado a estudiantes en prácticas. La empresa de Cupertino interrumpió su relación comercial con este aliado de forma temporal. A Samsung le ocurrió algo parecido en 2014 con Shinyang Electronics, un socio chino acusado de contratar mano de obra infantil.
El caso de Zara y los talleres de Brasil
Alguna empresa española también ha tenido que dar explicaciones al hacerse públicas irregularidades de este tipo: en 2011, Zara se vio involucrada en un escándalo de trabajo esclavo en Brasil. El Ministerio de Trabajo del gigante suramericano investigó y detectó una treintena de talleres subcontratados por la firma gallega en los que había irregularidades preocupantes.

Inditex alegó que los talleres, clandestinos, habían sido utilizados a sus espaldas y sin autorización por un proveedor directo, quien había desviado la producción de manera irregular para ganar más dinero. Tras un intenso tira y afloja, en 2017, la Fiscalía del Trabajo de São Paulo e Inditex sellaron un acuerdo que contemplaba el pago de 1,3 millones de euros por parte del gigante textil para combatir el trabajo esclavo.
La cadena y el eslabón débil
Thomas Reid nació mucho antes de que existieran Zara, Nestlé o Samsung, pero dejó dicha una frase (o al menos se le atribuye a él) que las compañías tienen muy en cuenta: “Una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil”.
Al fin y al cabo, de poco sirve que Samsung diseñe la pantalla más revolucionaria del mercado, que Nestlé tenga la receta perfecta o que Zara anticipe las tendencias globales antes que nadie si un error puede echar por tierra su reputación o un fallo de ejecución arruina la experiencia final del consumidor.

Qué es Ecovadis
EcoVadis lo sabe. Este proveedor de referencia global en la evaluación de la sostenibilidad empresarial, con un historial de más de 150.000 compañías evaluadas, ofrece sistemas de diagnóstico que permiten a las empresas analizar y supervisar su desempeño ESG (ambiental, social y de gobernanza), así como el de sus proveedores. Se trata de unos criterios cada vez más valorados por los inversores.
“Trabajamos con más de 1.400 empresas multinacionales y organizaciones de compras que utilizan nuestra plataforma para evaluar a las empresas que forman parte de sus cadenas de suministro”, explica a este medio Enrique Marroquín, VP Service Engagement de EcoVadis.
Pasar de las declaraciones de sostenibilidad a los hechos
Su objetivo, por tanto, es ayudar a las organizaciones “a pasar de las declaraciones de sostenibilidad a una gestión basada en evidencias, permitiéndoles identificar riesgos, medir el desempeño de sus proveedores y hacer un seguimiento de sus avances”.

Las grandes marcas saben lo que ocurre en sus sedes, pero no siempre conocen al detalle lo que sucede en la fábrica, ubicada al otro lado del mundo, que suministra los botones, los tintes textiles o las materias primas de determinados alimentos. Y eso, reconoce Marroquín, puede ser un problema “porque una parte significativa del impacto ambiental y social de una empresa se produce fuera de sus propias operaciones”.
Identificar los riesgos en las cadenas de suministro
La visibilidad, arguye, disminuye a medida que se avanza por la cadena de valor. “Los datos muestran la magnitud de este punto ciego: el 80% de las empresas evaluadas por EcoVadis no cuentan con un proceso documentado para identificar o gestionar los riesgos de sostenibilidad en sus propias cadenas de suministro”.
“Además, el 73% no informa sobre sus emisiones de Alcance 3 upstream (aguas arriba) y el 77% no realiza un seguimiento de las emisiones downstream (aguas abajo)”, relata. Sobre este punto, el Alcance 3 representa la mayor parte de la huella de carbono empresarial al abarcar toda su cadena de valor. Incluye las emisiones previas al consumo, como la extracción de materias primas, la fabricación y el transporte de suministros.

Aumento de costes y cambio de proveedores
No se trata únicamente de una cuestión medioambiental o reputacional. “Los fenómenos meteorológicos extremos, la escasez de materias primas y las vulneraciones de los derechos laborales pueden interrumpir la producción y provocar un aumento de los costes, sanciones económicas o la necesidad de sustituir proveedores de emergencia, con el consiguiente coste”, reconoce el directivo de EcoVadis.
Con todo, el consumidor tiende a guiarse por el precio y no siempre tiene interés en lo que ocurre en la cadena de suministro. A pesar de ello, Marroquín se muestra optimista. “Nuestra investigación muestra que existe una demanda creciente del mercado de transparencia y resiliencia, y que los clientes y las organizaciones de contratación pública utilizan cada vez más criterios ESG a la hora de seleccionar proveedores”, apunta.
Riesgo de ‘greenwashing’
Cualquier marca puede apostar por materiales reciclados, poner una etiqueta verde y lanzar un anuncio atractivo sobre lo respetuosa que es con el medioambiente. Por ello, el riesgo de greenwashing, reconoce Marroquín, existe cuando las empresas realizan afirmaciones sobre sostenibilidad que no pueden medirse ni verificarse.

“Precisamente por eso, es importante contar con herramientas escalables que permitan analizar, supervisar y verificar los datos de los proveedores. Los sistemas de evaluación ESG independientes permiten sustituir las declaraciones de las propias empresas por una verificación basada en evidencias, así como convertir los compromisos de sostenibilidad en acciones medibles y sujetas a rendición de cuentas a lo largo de toda la cadena de valor”, relata.
Cuestionarios de proveedores no verificados
Un estándar de rigor que, por ahora, dista de ser la norma: el 42% de las empresas sigue “basándose en cuestionarios de proveedores no verificados, mientras que solo el 46% exige a sus proveedores que firmen un código de conducta en materia de sostenibilidad”.
Existen varias medidas concretas que pueden ayudar a las empresas a pasar de las declaraciones de principios a la gestión real. “Pueden introducir códigos de conducta para proveedores, realizar evaluaciones de riesgos de sostenibilidad antes de evaluar o auditar a los proveedores, incluir cláusulas sociales o medioambientales en los contratos, utilizar mecanismos de seguimiento y formar a los equipos de compras en cuestiones sociales y medioambientales”, enumera Marroquín.

Planes de Acción Correctiva
También es fundamental que haya consecuencias cuando las cosas no se hacen bien. “Cuando se identifican malas prácticas, las organizaciones pueden trabajar con sus proveedores mediante Planes de Acción Correctiva (CAP, por sus siglas en inglés), herramientas digitales de formación y reuniones estratégicas con proveedores para abordar conjuntamente cómo mejorar el desempeño ESG”, señala.
La clave está, zanja Marroquín, en entender la relación con los proveedores como un proceso continuo, en lugar de como un ejercicio puntual de cumplimiento normativo.
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