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¿Amenaza para el debate público o frikada de Twitter? Así funcionan los 'bots'

Los expertos en redes sociales investigan un fenómeno del que aún no se saben demasiadas cosas, pero sí lo suficiente como para despertar alertas

Un hombre escudriña los 'bots' de Twitter desde su ordenador / Pexels
Un hombre escudriña los 'bots' de Twitter desde su ordenador / Pexels

Seguridad. Privacidad. Protección de datos. Adicción. Polarización. Son palabras recurrentes cuando se habla de los problemas de las redes sociales, donde cualquier persona anónima puede soltar cualquier clase de barbaridad sin ser penalizada. Si el problema ya es suficientemente grave cuando se circunscribe a comportamientos humanos, cuando no es así se vuelve una verdadera amenaza.

Los debates en internet son como una tormenta de verano. No porque sean rápidos e intensos, sino porque después de que truene y llueva aparecen los mosquitos. En Twitter, cualquiera que ande perdiendo el tiempo leyendo las respuestas a los tuits de cuentas con muchos seguidores (sobre todo si son figuras políticas de relevancia, como Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias o Santiago Abascal) puede encontrarse con estos insectos que no son más que perfiles falsos. También pueden comprarse para ganar seguidores de golpe o para influir a la gente sobre un producto.

La semiautomatización como mayor riesgo

Raúl Broto, ingeniero de telecomunicaciones, politólogo y doctorando en big data y redes sociales, explica a Consumidor Global que crear un bot en Twitter es relativamente fácil. “Muy fácil para quien sabe algo de programación”, reconoce. Explica que, al fin y al cabo, un bot no es más que un perfil automatizado, es decir, aquel cuyos tuits vienen de un servicio informatizado. Hay algunos bien conocidos: para aquellos que quieran descargar vídeos y gifs que ven en la aplicación, Video Downloader Bot es una cuenta que los sirve en bandeja. El tuitero la menciona y en cuestión de segundos el bot responde con un link donde se pueden descargar dichos archivos. Tiene más de 800.000 seguidores. Por su parte, Fernando Tricas, profesor de lenguajes y sistemas informáticos en la Universidad de Zaragoza, señala directamente que Twitter “considera que puede ser beneficioso permitir a terceros hacer programas sobre su plataforma”.

En España, otra cuenta automatizada es GobiernoAlerta, que se define como “un bot que describe los movimientos en Twitter de las cuentas institucionales y de los miembros de las administraciones en España”. Así, por ejemplo, cualquiera se puede enterar de las cuentas a las que dan follow Errejón, Vox o Nadia Calviño. Hasta aquí, todo despejado y poco problemático más allá del chascarrillo. Pero una cosa es crear un bot, y otra diferente generar cientos o miles, “y es ahí donde hay metidas agencias de comunicación o empresas”, asegura Broto. El experto añade que el término medio entre un bot y una cuenta normal, es decir, humana (sólo realizar la distinción suena distópico), son lo que la literatura científica denomina social bots. Perfiles en los que se aprecia interacción (likes, comentarios, respuestas) pero que tienen detalles raros. “No están 100% automatizados, pero la persona que lo lleva puede llevar 100 cuentas”, agrega Broto.

Un usuario consulta Twitter, donde cada vez es más fácil identificar bots / Unsplash
Un usuario consulta Twitter, donde cada vez es más fácil identificar bots / Unsplash

Una amenaza para el debate público

Tricas explica que empresas y partidos pueden programar respuestas y acciones ante determinados mensajes, seguir a otros usuarios y utilizar el resto de herramientas de la plataforma. “Probablemente, la parte más manual de este proceso es el registro de estos usuarios que luego serán usados como bots”, apunta. Mariluz Congosto, doctora en telemática e investigadora de las redes, tiene una cuenta de Twitter en la que describe sus averiguaciones sobre los bots que encuentra. Congosto ha contado un caso muy curioso: aparecieron unas cuentas extrañas, con toda la pinta de bots, puesto que tenían, por foto de perfil, la imagen de chicas jóvenes, casi no tenían seguidores y sólo seguían a cuentas vinculadas al Partido Socialista. Estas dos chicas respondían cosas como “¡guapo!” o “eres el mejor” a Pedro Sánchez. También criticaban a los medios de comunicación. Pues bien, Congosto descubrió que esas cuentas, que a priori parecerían bots creados por el PSOE para adular a su secretario general, eran cuentas probablemente vinculadas a la derecha que trataban de desprestigiar al electorado socialista.

“A veces son tan evidentes que juegan a realizar una operación de falsa bandera”, reconoce Raúl Broto. Relata que este tipo de movimientos nació en el entorno de Trump, con cuentas que se encargaban de intoxicar el debate en cuestiones como el Black Lives Matter. A la luz de estas operaciones, el doctorando argumenta que los social bots tienen capacidad para falsear la realidad. “Nos estamos jugando mucho”, asegura.

De los trendig topics a las granjas de bots

El caso de los partidos políticos es uno de los más flagrantes, pero también pueden crearse perfiles para influir en la opinión de un consumidor o para desorientar. Cuando alguien compra seguidores de golpe, la presencia de bots es fácil de detectar, señala Broto, puesto que hay un salto muy llamativo que se puede escrutar en el tiempo. Con todo, el politólogo considera que el modus operandi de algunos es demasiado “simple”. Es más preocupante, opina, cuando se crean estructuras sofisticadas de social bots que permiten lanzar a la vez centenares de mensajes para, por ejemplo, crear un trending topic. O publicar los mismos tuits en los mismos segundos.

Un hombre muestra un cartel en una manifestación en el que se pregunta '¿Tenemos pinta de bots?' / Unsplash
Un hombre muestra un cartel en una manifestación en el que se pregunta '¿Tenemos pinta de bots?' / Unsplash

Otro de los temas que ha generado más rumores es el de las granjas de bots, enormes naves supuestamente ubicadas en el sur de Asia en las que hay conectados centenares de móviles. Fernando Tricas declara que sí existen, y que algunas “están disponibles para alquilar al que las quiera contratar en un momento determinado”, mientras que otras son propiedad de agencias. En cuanto al precio, el experto señala que será variado, “desde unos pocos euros por una red de mala calidad, con identificadores raros para los bots y poco historial de acción (lo que permitiría identificarlos más fácilmente) a lo que nos queramos gastar por cuentas mejor desarrolladas, con perfiles de actividad con una cierta apariencia de realismo (identificadores, fotos de perfil...)”.

Cómo remediarlo

Fernando Tricas explica que combatir la polarización de opiniones “pasa de manera inevitable por la formación y la concienciación: tanto del público en general como de los usuarios de este tipo de estrategia”. Además, dice, sería conveniente que los medios de comunicación no entrasen al trapo: ni en la difusión de rumores ni en los debates que sólo buscan amplificar mensajes radicales.

“La clave la tiene Twitter”, dice Broto. “Ellos sí tienen todos los datos. Nosotros, como investigadores, intentamos escarbar, pero es difícil obtener certezas”, cuenta. De algún modo, la plataforma prefiere mirar hacia otro lado y sacrificar un punto de integridad para ganar más y más usuarios. Aunque algunos no sean reales. El experto también apunta a que las leyes europeas deberían ser lo suficientemente duras como para que Twitter, que no deja de ser una empresa americana, respondiese ante el contenido que se genera. Asimismo, aplaude que cada vez haya algoritmos más potentes para identificar los bots. Como consejo general para el que se encuentre un bot, apuesta por no olvidar que Twitter no es la vida real. “Y todos le dedicamos demasiado tiempo”, dice. Pero la vida está fuera. Al menos de momento

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