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Loué y Stylease: cómo quedar como un rico, pero sin arruinarse

Alquilar bolsos de lujo u optar por prendas de grandes firmas de segunda mano es una tendencia al alza con la que la exclusividad deja de ser tan exclusiva

Juan Manuel Del Olmo

Bolso de Yves Saint Laurent y otros complementos de lujo asociados a los ricos / UNSPLASH

Joan Margarit dijo que la poesía es un atajo a la verdad, y alquilar lujo puede ser un atajo a la exclusividad. Se trata de un concepto nuevo, pero con fuerza: negocios como Loué y Sylease ofrecen la posibilidad de arrendar durante unos días prendas de lujo de grandes firmas o comercializar ropa y complementos deslumbrantes, pero de segunda mano. Así uno puede quedar o presumir de ser rico, pero sin arruinarse. 

Una de estas firmas está en Madrid y la otra en San Cugat del Vallés (Barcelona). Pero ambos negocios comparten un tipo de consumidor diferente que también existe. 

Dar otra vida a prendas y artículos de lujo 

Carmen Sánchez, responsable de Loué, cuenta a Consumidor Global que es “una pena” que haya piezas de diseño de una enorme calidad que no vean la luz del sol porque están confinadas en el fondo de los armarios. 

Un bolso de Louis Vuitton, cuyo precio a día de hoy es sólo para ricos / UNSPLASH

La tienda Loué, a un paso de la Gran Vía de Madrid, es una boutique acogedora, un espacio íntimo con unas pinceladas suntuosas, pero sin estridencias: la música agradable y la iluminación tenue invitan a no sobresaltarse al encontrar bolsos con cristales de Swarovski o de piel de avestruz. Hay modelos de los años 80, un momento en el que, como cuenta Sánchez, los materiales eran todavía más exquisitos que ahora.

Corbatas de Hermès por 75 euros y maletas de Louis Vuitton por casi 6.000

En este establecimiento madrileño de lujo, elegante sin ser avasallador, también hay opciones relativamente económicas: las corbatas de Hermès cuestan 75 euros y una camisa blanca de Prada se puede adquirir por 120 euros, el mismo precio que unos guantes de piel de Burberry.

En cambio, una maleta de Louis Vouitton modelo Bisten 75 sube hasta los 5.900 euros. Desde luego, no es una ganga, pero el importe es notablemente inferior al del modelo de primera mano, que cuesta 7.700 euros. Asimismo, hay artículos de marcas enfocadas a un público potencialmente más joven, como Fendi u Off-White; y complementos como cinturones, pendientes y collares. Hay hasta una pequeña canasta de Louis Vuitton que se dio en un desfile.

Bolsos en Loué / CG

Stylease, un club para amantes de bolsos

En Loué, el artículo más caro es un bolso Birkin de Hermès, fabricado en piel de cocodrilo, que está a la venta por 55.000 euros. A pesar del inevitable halo de inaccesibilidad que rodea a este artículo, Sánchez opina que los prendas y los complementos están para usarse. “Es una tontería comprarte un vestido de una firma de lujo que sólo vas a usar una vez”, señala.

Por su parte, Stylease se define como un “club” para “bag lovers”. En su web presentan la idea de forma clara: “Encuentra el bolso perfecto y accede a tus modelos preferidos sin mirar la etiqueta”. El modus operandi es sencillo: se reserva un bolso online, Stylease lo envía a donde corresponda, se disfruta durante el tiempo estipulado y después se devuelve. Así, alquilar el bolso clásico de Chanel durante una semana es posible por 300 euros, dos semanas cuestan 550 y tres semanas 750 euros. El LouLou de Yves Saint Laurent, con un atractivo acolchado blanco, es más asequible: lucirlo una semana sale por 110 euros.

Escaparate de Loué con zapatillas Off-White / CG

El sentimiento por encima del dinero

Ana Coronel, responsable de Stylease, cuenta a Consumidor Global que tienen dos tipos de clientes: los que prestan los bolsos para que ellos lo alquilen y los que los alquilan. Los primeros son “personas con buena posición socioeconómica, que tienen una mentalidad diferente: han viajado, les encantan los bolsos, pero no sienten apego material”. Se trata de gente, revela, “que cree que otra persona los puede aprovechar mejor que ellos en el fondo del armario”.

Stylease no destapa qué porcentaje de cada alquiler corresponde al propietario del bolso y cuánto perciben ellos: “Se habla con cada persona, se valora su interés y se solicita toda la documentación que demuestre que cada bolso es auténtico”, relata Coronel. Algunos propietarios que deciden alquilar su bolso se lo toman como un activo de inversión: “En vez de invertir en criptomonedas o en otra cosa, deciden hacerlo así”. No obstante, Ana subraya que el dinero no es el principal motor, puesto que estas personas ya suelen disfrutar de una vida holgada: “Es más por sentimiento”, cuenta. Un sentimiento nuevo que mantiene alta la vida, que cantaba Battiato.

El deseo de llevar algo único

Por su parte, Sánchez cuanta que el perfil del cliente de Loué es variado. “Si el cliente es español, suele ser alguien que ha vivido en el extranjero. También vienen muchos mexicanos, franceses o japoneses”, describe. Hay coleccionistas, cuenta, que escogen sus bolsos porque se han convertido en objetos únicos que nadie va a tener. “Imagínate que tienes un evento o una gala, vas a Chanel, te compras un vestido actual y tienes la mala suerte de que alguien más lo lleva. Con prendas de antes, eso no te va a pasar”, expone.

Zapatos y vestidos en Loué, donde las firmas de lujo no son sólo para ricos / CG

Antes de embarcarse en esta aventura, Carmen estuvo al frente de otra tienda de segunda mano, y tras la pandemia decidió enfocarse en las primeras marcas. Reconoce que apostar por el lujo era arriesgado, pero se muestra satisfecha. También alude a un cambio de mentalidad en el consumidor: “Fuera de España, en Estados Unidos por ejemplo, puedes alquilar de todo, puedes alquilar los muebles de tu piso si quieres, pero ese concepto no está tan asentado en España”, relata.

Bueno para el medioambiente y bueno para el bolsillo 

A Coronel la pandemia también le hizo clic. Se declara una “apasionada de los bolsos” que, hasta ahora, no había trabajado en este sector. La pandemia le llevó a replantearse muchas cosas y, tras madurar la idea, hacer números y llamar a negocios de diferentes países para informarse de cómo funcionaba (“llamamos a gente de todo el mundo, hasta de Sudáfrica”, cuenta), se unió a un socio con una dilatada experiencia en Loewe.

Un bolso de Christian Dior / UNSPLASH

Para Sánchez, en España “el lujo llegó hace poco. La primera tienda de Hermès abrió en los años 90”, relata. Y defiende que, a día de hoy, el consumo más responsable es el que implica no producir nuevas prendas: “Más que fijarse en si un abrigo es de algodón ecológico, en su procedencia o en varios puntos por separado, la segunda mano lo engloba todo: calidad certificada de un producto que ya está fabricado”. Bueno para el medio ambiente, bueno para el bolsillo.

Hacia un lujo democratizado

“Creemos que el futuro pasa por la sostenibilidad, por un lujo más accesible”, señala Coronel. Enfatiza que cada vez son más los proyectos enfocados a darle salida a las cosas que están estancadas o a hacerlas más rentables. Y, aunque menciona el peer to peer, pone el valor en la idea. “Nosotros curamos el contenido”, expone. “Hacemos el marketing, cuidamos el bolso y la caja sale de Stylease. La idea es que la experiencia del lujo sea igual para todos los clientes”.

De momento, confiesa, no han tenido ningún susto. “Lo peor que ha podido pasar es que el bolso se haya manchado, pero se limpia y ya está. Hay que perder el miedo a prestarlo. Se sabe que el lujo es exclusivo por definición, pero eso va a cambiar”, vaticina.