La doble cara de VivaGym: 203 millones de facturación y un gimnasio sin agua desde hace meses
La cadena ‘low cost’ duplicó socios y facturó un 83% más que el ejercicio anterior, mientras usuarios denuncian duchas y grifos inutilizados, máquinas rotas y salas sin aire acondicionado
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La cifra tiene algo de hipnótico: 202,6 millones de euros. Es lo que facturó VivaGym en 2025, un 83% más que los 110,5 millones del ejercicio anterior. La cadena española de gimnasios low cost lo comunicó con el orgullo propio de quien lleva años en una carrera ascendente. Durante el año incorporó 43 gimnasios nuevos y duplicó su número de socios.
Y el apetito no cesa. VivaGym ha formalizado la compra de Synergym con el objetivo de crear una red de más de 450 gimnasios en España y Portugal. La empresa prevé además abrir 25 nuevos gimnasios propios e integrar otros 35 centros, y ha anunciado una inversión de 100 millones de euros en Portugal para superar los cien clubes antes de 2030. Sin embargo, estas cifras están disociadas de la realidad que denuncian sus propios clientes. La cadena muestra su lado más rico, mientras sus gimnasios ofrecen una imagen cada vez más empobrecida.
Sin agua desde hace meses
En el VivaGym de Sant Feliu de Llobregat hace más de dos meses que no hay agua. Así lo cuenta Carolina F., socia desde hace más de un año. “En el baño de mujeres estamos sin agua desde, por lo menos, dos meses”, relata a Consumidor Global. La única alternativa que ofrece el centro, explica, es utilizar el baño para personas con movilidad reducida. Los grifos, añade, tampoco funcionan.
La usuaria asegura que ha preguntado al personal del gimnasio cuándo se resolverá el problema, sin obtener una previsión. Según su testimonio, los empleados le han trasladado que ya han comunicado la incidencia a la dirección de VivaGym, aunque en el centro tienen la sensación de que la cadena “nos ha abandonado”.
La situación plantea una cuestión que va más allá de la incomodidad de entrenar sin poder utilizar los lavabos con normalidad. Quienes pagan una cuota mensual por acceder a unas instalaciones deportivas esperan disponer de unos servicios básicos en condiciones adecuadas. En este caso, Carolina abona 34,90 euros al mes y asegura que el importe no se ha reducido pese a las deficiencias que denuncia.

“La mitad de las máquinas no funcionan”
Asimismo, según Carolina, “la mitad de las máquinas no funciona”. Una afirmación que Marc G. corrobora. “Las máquinas llevan cuatro meses rotas, y los lavabos están estropeados y no tienen presión de agua. El dispensador de jabón no funciona, la zona encima de las duchas está cubierta de una capa de polvo de hace más de dos años y las paredes están pegajosas”, comenta. “Este gimnasio está fatal mantenido, y cualquiera que lleve más de tres días aquí lo sabe”, subraya.
Yolanda, otra usuaria del VivaGym de Sant Feliu de Llobregat, habla de un “abandono absoluto” que empeora día a día. “Los últimos problemas son los ascensores averiados y una falta de limpieza extrema”, señala. Denuncia que hay jornadas en las que la sala de ciclo ni se barre ni se friega, pese a que en esas clases se suda abundantemente. En la sala de fitness, afirma, una pared de pladur “estuvo rota durante meses, luego fue reparada y tardó otros tantos en pintarse; la máquina de deltoides pasó meses fuera de servicio y los techos están mugrientos”.
Aforo desbordado
Alejandro Hidalgo apunta a otro frente: la masificación. Según su testimonio, ha presenciado cómo la ocupación del centro alcanzaba entre el 125% y el 150% de su capacidad máxima permitida, de 17:30 a 21:30 horas. “A veces es imposible conseguir una simple mancuerna y nos tenemos que turnar entre tres o cuatro personas en una polea”, describe.
En su afán por maximizar ingresos y captar nuevos socios, sostiene, la empresa ignora los límites de aforo. “Tras completar su fase de expansión, subieron la cuota de unos 23 a 34 euros. Todo ello a pesar de que el centro (Sant Feliu de Llobregat) lleva unos ocho años abierto sin haber hecho ampliaciones ni renovaciones de maquinaria”, destaca.
“No todo vale en la búsqueda de mayores beneficios; el respeto por la legislación vigente y la experiencia del cliente deben estar siempre por encima”, arguye Hidalgo.

Cascada de bajas
Asimismo, tal y como trasladan los usuarios, las clases dirigidas se impartían en la sala grande, pero el aire acondicionado se estropeó en pleno verano y las actividades fueron trasladadas a un espacio mucho más pequeño, donde no caben ni veinte personas. A las clases, según Carolina, suelen acudir unas cincuenta. “Imagínate hacer clase en agosto sin aire”, resume la usuaria.
“Yo me voy a dar de baja y me apuntaré a otro”, sentencia la clienta. Asegura que no es la única: “Mucha gente se ha dado de baja, sobre todo mujeres”.
Un problema que afecta a la mayoría de los centros de VivaGym
Consumidor Global ya se hizo eco de esta situación el pasado agosto, en el reportaje VivaGym sube la cuota mientras suma quejas por máquinas averiadas y falta de aire acondicionado. La cadena subió la cuota mensual a partir de septiembre y justificó el ajuste en su empeño por ofrecer “clubes de calidad” y una “experiencia de entrenamiento en constante evolución”.
Aquella comunicación hablaba de nuevas coreografías, nuevas formas de entrenar y mejoras previstas para septiembre. Sin embargo, buena parte de las reclamaciones recopiladas entonces describían averías en los sistemas de aire acondicionado en diversos centros de España, vestuarios convertidos en saunas, máquinas fuera de servicio durante semanas o meses, falta de limpieza y de material básico, y la sensación compartida de que las cuotas suben mientras las instalaciones empeoran.
Consumidor Global se ha vuelto a poner en contacto con VivaGym para conocer su versión sobre la situación en este centro y sobre el conjunto de quejas. Al cierre de este reportaje, la cadena no ha respondido a ninguna de las preguntas formuladas por este medio.
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