Al otro lado de la pantalla aparece Gisela Pulido (1994). Está en Tarifa, su hogar desde que dejó Barcelona. Aunque la capital catalana la vio nacer con apenas diez años esta deportista de élite se instaló en la localidad gaditana, considerada la meca de los deportes acuáticos en España. Fue precisamente a esa edad cuando se proclamó campeona del mundo de kitesurf, un logro que la convirtió en la campeona mundial más joven de la historia y le valió un récord Guinness que todavía conserva. Hoy suma más de dos décadas de competición y diez títulos mundiales en su palmarés.
Durante su entrevista con Consumidor Global, Pulido repasa una trayectoria marcada por la disciplina, los viajes y una conexión casi instintiva con el mar. Habla de la dificultad de mantenerse en la cima, de cómo ha cambiado su forma de afrontar el deporte con el paso del tiempo y de Fly, el border collie que se ha convertido en su compañero más fiel.
--Te convertiste en campeona del mundo de kitesurf con solo diez años. ¿Cómo recuerdas tu niñez y qué crees que te aportó para afrontar tu carrera profesional adulta?
--He tenido una niñez muy cerca del deporte, la naturaleza, los animales y con mi padre. Antes del kitesurf, practicaba surf, skate, iba a escalar y competía en natación. Desde muy pequeña he sido muy competitiva y me ha gustado mucho la disciplina, entrenar. No fue hasta los ocho años que empecé con el kitesurf y enseguida le dije a mi padre que quería competir. Vivíamos en Barcelona y la primera competición en la que participé era en el sur de Francia, el campeonato de Europa Junior. A partir de ahí empezamos con las competiciones y nos fuimos a vivir a Tarifa.
--Después de tantos años compitiendo al máximo nivel y tras ganar diez títulos mundiales, ¿qué te sigue motivando para seguir entrenando y marcarte nuevos objetivos?
--Soy una persona con mucha motivación dentro de mí. Es mucho más fácil ganar un mundial que ganar los siguientes porque mantener esa motivación para estar en el número uno es lo que realmente cuesta. Siempre me han gustado mucho los retos probar cosas nuevas y cuando me he sentido estancada a nivel de motivación, siempre he buscado cosas nuevas que me motiven.
--¿Cómo es la rutina diaria de una deportista de élite?
--Muy diferente porque es difícil tener una rutina cuando estás siempre viajando y compitiendo. Tengo diferentes rutinas pero lo que suelo hacer es desayunar, si estoy en Tarifa, sacar a pasear a mi perro Fly, ir al gimnasio, comer bien, descansar un poco y luego ir al agua. Es verdad que cuando estoy en un entrenamiento oficial con la federación es más estricto. Tenemos muchas reuniones con los entrenadores, le damos más caña a la parte física, pasamos muchas horas en el agua, muchas horas trabajando con el material.
--¿Qué significa Fly para ti?
--Para mí lo es todo. Es mi primer perro y lo adopté con dos años. Yo buscaba un cachorro pero me ofrecieron la opción de este border collie, que vivía en Córdoba. Cuando lo vi me enamoré de él, con sus ojos azules y la cara de bueno que tiene. Es un apoyo muy grande también en los entrenamientos y en las competiciones, viene siempre conmigo al gimnasio y es mi sombra.
--¿Es capaz de seguir el ritmo?
--Sí, es súper activo. Tiene una energía y una vitalidad increíbles. Viene conmigo a todos lados. Me encanta cuando navego, vuelvo a la orilla y está esperándome. Es la mejor sensación. Yo como dos veces al día igual que él, y cuando me preparo la comida se la preparo a él también.
--La alimentación de una deportista de élite es fundamental, ¿también lo es la de su perro?
--Sí, es súper importante. Yo he cambiado un poco mi forma de alimentarme durante estos años. Fui vegana desde los 18 hasta los 29. Con la campaña olímpica tenía que coger peso, así que tuve que incorporar algo más de calorías comiendo pescado y algo más de proteína comiendo huevos y eso. Siempre he sido una persona que ha comido muy limpio, lo mínimo procesado por el hombre, lo más orgánico y quiero lo mismo para Fly.
--De hecho, sois nuevos embajadores de Nulo.
--Con Nulo estoy súper contenta. Nunca había tenido una colaboración que fuera para Fly, así que me hizo muchísima ilusión. Una de las cosas que más me gusta de la marca es la cantidad de proteínas que tiene su alimentación. Fly hace muchos kilómetros al día, así que lo mejor después es un buen aporte de proteínas para recuperar.
--El kitesurf debutó en los Juegos Olímpicos de París 2024. ¿Cómo lo viviste?
--Fue súper bonito porque para cualquier deportista ir a los Juegos Olímpicos es el top. Estuve preparándome durante cinco años. Primero tienes que clasificar al país, solo hay 20 países que consiguen esa plaza. Y una vez que consigues la plaza, el país selecciona a la persona que va a ir. Solo con haber clasificado y el tener la opción de ir a los juegos es una pasada. Fue una experiencia súper bonita porque estábamos todos los deportistas de vela juntos en Marsella y también tuve la opción de ir a la ceremonia de clausura en París.
--Supongo que ya tienes la mente en las Olimpiadas de 2028, ¿no?
--Estos juegos los estoy enfocando de una forma diferente a la campaña olímpica de París. Una de los condicionantes más fuertes en esta disciplina es que se necesita tener peso para ir rápido. Cuanto más peso, más rápido vas encima de la tabla. Entonces, la campaña anterior casi era más importante comer y el gimnasio que no pasar horas en el agua, mejoraríamos si pesaba diez kilos más que si entrenaba un año a tope. Nos dimos cuenta que con mi físico era bastante complicado tener opciones a medalla y un buen resultado. Esta campaña olímpica la estoy tomando más chill en el sentido de que no estoy tan centrada en ganar peso. Mi objetivo sigue siendo el mismo: clasificar e ir a Los Ángeles, pero de una forma más relajada y compaginándolo con otras disciplinas. En 2027, que es el año de clasificar, le daré más de caña a la Fórmula Kite, que es la disciplina olímpica. Estoy muy motivada con muchas ganas. Tengo 32 años y empecé con 10, así que llevo mucho tiempo compitiendo pero, por suerte, sigo teniendo la misma energía y las mismas ganas que siempre.