María del Carme, la San Valentín de carne y hueso: "Soy matchmaker desde hace 30 años"
En 1995, una de las pioneras del 'matchmaking' en España fundó SamSara, una alternativa a Tinder o Bumble que no vende citas, sino relaciones reales
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Cuentan las crónicas que San Valentín era un sacerdote que, en la Roma del siglo III, casaba a los jóvenes en secreto, desafiando el decreto del emperador Claudio II, quien creía que los solteros eran mejores soldados. Valentín no creía en el azar de las batallas, sino en el orden íntimo del compromiso. De algún modo, dos milenios después, María del Carme Banús ejerce una resistencia parecida.
Aunque nos gusta imaginar que el encuentro es un rayo en cielo despejado, una carambola del destino que nos exime de la responsabilidad de elegir, enamorarse sigue siendo, sobre todo, un acto de voluntad. Ella reivindica la oportunidad de detenerse y elegir con sentido.
Hay una frase de Antonio Gala que Banús rescata: "Esta sociedad nos da muchas oportunidades para hacer el amor, pero muy pocas para enamorarnos". Desde hace treinta años, se dedica a que ese "enamorarse" sea posible. Lo hace, además, desde una herida propia. En su libro, Confesiones de una Matchmaker, revela que nació como una "gemela solitaria", buscando siempre esa mitad que quedó en el camino. Quizás, por eso, su empresa SamSara, fundada en 1995, no es solo un negocio que inspiró a Tinder o Bumble, sino la obra de una "formigueta" que ha convertido su sensibilidad en un refugio contra la soledad moderna.
--Usted empezó en 1995. Si hoy usamos el término 'matchmaker' para que suene sofisticado, ¿cómo se presentaba usted hace 30 años en una España donde se la podía ver como una celestina?
--Nosotros pertenecemos al sector de las agencias matrimoniales, que nacieron en España en los años 60 para dar respuesta a quienes se quedaban solteros. En esa época, alguien de 30 años sin pareja era un "solterón" o "solterona"; hoy es un single. Originalmente, el servicio era para solteros o viudos.

--De agencia matrimonial a 'matchmakers'
--Cuando empezamos en 1995, teníamos dos perfiles: personas mayores que nunca habían tenido pareja y un colectivo incipiente de divorciados tras la ley del divorcio. Hoy, tras 30 años, la mayoría no busca casarse necesariamente, sino una relación estable. Aunque nos conocen como agencia matrimonial, nos posicionamos como matchmakers. Uso el término inglés porque no encuentro una palabra equivalente en castellano o catalán que defina bien nuestro trabajo; "aparejadora" o "casamentera" no encajan. Matchmaking es el estándar técnico internacional.
--¿Cómo funciona exactamente? Las apps tienen bases de datos y algoritmos, pero ¿ustedes trabajan con carpetas y fichas físicas?
--Jugamos en una liga completamente diferente a las aplicaciones —como Tinder—. Solo presentamos a clientes que hemos entrevistado personalmente, de quienes tenemos documentación y conocemos a fondo.
Primero, el cliente tiene una entrevista con un psicólogo del despacho. Luego, tiene una entrevista conmigo. Como directora, conozco a todo el mundo y decido quién encaja con quién. Ofrecemos un servicio personalizado basado en la compatibilidad real, no solo en lo que el cliente dice buscar, sino en lo que nosotros observamos a través de tests de personalidad, fotos, vídeos y fotocopia del DNI.
--¿No resulta violento? Que te sienten en un despacho a preguntarte por tus intimidades para buscarte pareja...
--No es un perfil íntimo, sino vital. Preguntamos sobre todas las áreas de su vida y sus expectativas de pareja. Además, si el cliente lo desea, ofrecemos un contrato que incluye "constelaciones familiares" (es decir, las dinámicas inconscientes que tenemos con nuestro sistema familiar). Mediante esta técnica, detectamos si hay bloqueos que dificultan encontrar pareja y les damos herramientas para mejorar sus opciones.
--Cuando habla de encontrar pareja, ¿incluye también perfiles homosexuales, bisexuales y otras identidades?
--Siempre nos hemos dedicado a parejas heterosexuales. En el 95 la sociedad no estaba tan abierta, y aunque hoy está normalizado, preferimos aplicar el dicho "zapatero a tus zapatos". Dedicarse a otro sector implicaría crear una base de datos nueva y sólida desde cero, casi una empresa paralela. Prefiero centrarme en lo que domino y donde ya estamos reconocidos.
--Hoy consumimos personas como pedimos comida a domicilio. ¿Siente que su profesión ha pasado de ser un servicio de acompañamiento a ser un servicio de "atención al cliente" para personas que han olvidado cómo hablar con un desconocido en un bar?
--Mis clientes, muchos rebotados de apps, me dicen exactamente eso. Vivimos el tsunami de la llegada de match.com a Europa en el año 2000. Fue un boom porque representaba la modernidad. Sin embargo, con el tiempo, esas plataformas han generado mucha frustración. En las apps hay de todo; en SamSara viene quien no quiere perder el tiempo "ligoteando", sino alguien que busca una relación estable y seria.
--En Tinder, si alguien no te gusta, puedes desaparecer. ¿Qué pasa cuando un cliente suyo quiere hacer 'ghosting'? ¿Le echa usted la bronca? ¿Cómo se gestiona la mala educación?
--El perfil de persona que hace ghosting no viene aquí. Para ser cliente hay que pasar dos entrevistas, firmar un contrato y realizar un pago; eso filtra a los que solo quieren jugar. En 30 años, el feedback siempre es que las personas presentadas son muy educadas. Al no ser un servicio anónimo, prevalece el respeto.
--Me imagino que habrá oído de todo. ¿Cuál es la petición más absurda que le han hecho? ¿Gente que pide imposibles porque está pagando?
--Buscamos con la cabeza, pero nos enamoramos con el corazón. Recuerdo a un señor de 80 años que pedía una mujer de 55. Le explicamos que era poco probable que una mujer de esa edad buscara a alguien de 80. Finalmente, lo emparejamos con una clienta de 79 años, súper energética, y encajaron de maravilla. A veces el cliente pone filtros rígidos, pero nosotros, que conocemos a las personas detrás de la ficha, les pedimos que se den una oportunidad "para tomar una Coca-Cola". Muchas veces nos acaban dando las gracias por haber ignorado sus requisitos iniciales.

--En su libro menciona que creció como una "gemela solitaria" (el síndrome del gemelo evanescente). ¿Es su empresa una respuesta personal a ese vacío emocional?
--El 10% de la población nace como gemela solitaria. En el útero experimentamos una unión total que luego buscamos toda la vida. Eso suele llevarnos al crecimiento personal y a ayudar a los demás. Me identifiqué al 100% con esa teoría y, aunque no diagnostico a mis clientes, esa sensibilidad me ayuda a entender su búsqueda.
--¿Usted tiene pareja?
--Perdí a mi pareja hace unos años y ahora estoy conociendo a alguien. Con mi anterior relación estuve 13 años.
--¿Cree que estamos incompletos sin ella?
--Es algo muy personal. Hay quien vive una soledad plena y se siente bien con sus objetivos vitales. Pero, como dicen muchos clientes: "Estoy muy bien solo, pero con una buena pareja la vida tiene otro color".
--Hablemos de precios. ¿Cuánto cuestan sus contratos?
--No me gusta dar cifras porque no quiero que se valore el servicio solo por el precio. Invito a la gente a una entrevista gratuita, sin compromiso. Tenemos tres tipos de contrato: Business, que es el estándar; Intermedio; y Élite, donde yo personalmente gestiono todo y el cliente tiene contacto directo conmigo. El precio es accesible para cualquier persona con un trabajo normal. No es una barrera si realmente se desea encontrar pareja.
--¿Y si no hay "feeling"? ¿Se devuelve el dinero?
--El contrato dura un año. Cobramos por el servicio de búsqueda y asesoramiento. Si una presentación no funciona, nos dan el feedback y seguimos trabajando para presentar a otra persona.
--¿Cuántas personas hay en su base de datos?
--Tenemos una base de datos de unas 400 personas. Mi trabajo diario es revisar perfiles y buscar compatibilidades. No es que alguien "se quede suelto", sino que enviamos presentaciones cuando vemos una afinidad real. Enviamos una ficha por email con los datos, ellos quedan y luego nos informan de cómo ha ido a través de un enlace.
--¿Se está perdiendo el romanticismo por culpa de los matchmakers o las apps?
--Como decía Antonio Gala en los 90: "Esta sociedad nos da muchas oportunidades para hacer el amor, pero muy pocas para enamorarnos". Las apps cosifican las relaciones. En mi trabajo, el romanticismo aparece solo cuando dos personas se gustan y quieren lo mejor para el otro. Mantenerlo es lo difícil, pero esos detalles inesperados son los que consolidan la relación.
--Es una frase muy certera. Para terminar, ¿hay algo más que le gustaría añadir?
--Sí, que estamos en Barcelona (Diagonal) y nos centramos en Cataluña. No nos hemos expandido porque nuestro servicio requiere conocer a la persona físicamente. Tenemos clientes de Madrid o Andorra que vienen frecuentemente a Barcelona por trabajo, pero la base es local. La distancia se puede gestionar (he unido a gente de Andorra con gente de Castellón), pero siempre bajo la premisa de conocerse en persona aquí primero.


