Pablo Cerezo, librero en Pérgamo: "Somos los curadores de un sector del libro profundamente acelerado"

Hablamos del oficio de prescriptor de libros con la nueva generación que se ha puesto al frente de la librería más antigua de Madrid

María Treviño y Pablo Cerezo junto al escaparate de la librería Pérgamo de Madrid / CEDIDA
María Treviño y Pablo Cerezo junto al escaparate de la librería Pérgamo de Madrid / CEDIDA

Gracias a un préstamo, Don Raúl Serrano Vázquez, respetado catedrático depurado por el régimen franquista, abrió la Librería Pérgamo en 1946. Durante la posguerra, el establecimiento, sito en el número 24 de la madrileña calle del General Oráa, sobrevivió como refugio cultural, y allí se podían conseguir, clandestinamente, títulos prohibidos y perseguidos por la censura. 

Pasaron los años, llegó la Transición, y las hijas de Serrano, Lourdes y Ana, tomaron el relevo y consolidaron el proyecto paterno como el punto de encuentro literario de referencia del barrio de Salamanca, hasta el día de su jubilación. Pérgamo cerró en 2021, y aquí tenía que abrirse una pizzería, estaba decidido, pero tres veinteañeros y el escritor Jorge F. Hernández, con la ayuda (¿altruista?) de un mecenas anónimo, la salvaron del entierro. Hablamos con Pablo Cerezo, uno de sus resucitadores.

--Si le preguntas a la inteligencia artificial, la librería San Ginés (1862) es la más antigua de Madrid, pero allí hay más souvenirs que libros.

--Lo de la librería más antigua de Madrid es un adjetivo que nos pusieron los medios de comunicación. Pérgamo es el comercio dedicado íntegramente a librería más antiguo que sigue abierto. Se refiere al espacio físico más antiguo. Desnivel es más antigua, pero ha cambiado de local. Y otras librerías más antiguas que Pérgamo han ido cerrando... Es una pena. Este 2026 cumplimos 80 años, que no es tanto. Nosotros queremos que se nos reconozca por algo más que por esa herencia. 

--En 2021, antes de que cogiérais el relevo, Pérgamo estuvo a punto de convertirse en una pizzería…

--La librería cierra en Navidad de 2021 y yo me enteré a través de la prensa. De hecho, no había estado nunca en Pérgamo. Yo estaba estudiando Relaciones Internacionales y Sociología en la Complutense. Un día viene el escritor mexicano Jorge F. Hernández a dar una charla a la universidad, me acerco a saludarle, nos acabamos haciendo amigos y él me propone trabajar en esto. Al principio, pensaba que trabajar en una librería tenía que ver con la lectura. A la semana vi que no, que tenía que ver con albaranes y con mover cajas, pero que podía ser un proyecto fantástico que trascendiera. Jorge se desvinculó del proyecto al año y medio. Luego, María (Treviño) y yo nos hicimos socios. Érika (Ambrosio) se fue y llegó Nicole Duggan, que es la tercera pata del proyecto. 

--¿Cómo acaban tres veinteañeros al frente de la librería más antigua de Madrid?

--En buena medida, por azar y por una oportunidad a la que no te puedes negar. Compartimos la idea de que los jóvenes leen, pero necesitan espacios donde encontrarse y Madrid todavía puede crecer culturalmente. No teníamos experiencia. Hemos aprendido a base de esfuerzo y ganas, y eso ha aportado cierta frescura al proyecto.

--¿Qué les dijeron los vecinos al ver que la librería Pérgamo se salvaba? 

--El barrio está encantado. En parte, porque apenas hay librerías en la zona. Las librerías son espacios donde la gente puede tejer comunidad, algo que cada vez es más difícil en estas ciudades hostiles en las que vivimos. Por otro lado, Raúl Serrano trabajó aquí muchos años y teníamos que estar a la altura de su legado. Lo hicimos con humildad y mucho mimo. 

--Tendrán lectores tan longevos como la librería.

--Muchísimos. Ha pasado una cosa muy bonita, y es que hay gente ya muy mayor que viene con sus nietos. Gente que compraba libros para el colegio y ahora vienen con sus nietos. Hay un relevo generacional muy emocionante y eso da continuidad al proyecto de Pérgamo. Nos hace muy felices poder vivirlo en primera persona. 

--El club de lectura, la escuela de verano, el vermut de los sábados. ¿Qué es Pérgamo?

--Creo que, ante todo, es un punto de encuentro. Un espacio de creación comunitaria. Siempre hemos dicho que los libros son una muy buena excusa para encontrarnos. Un libro puede despertar una buena conversación. De ahí todas estas actividades que hacemos en una comunidad que se lo niega de manera sistemática. Es un espacio de memoria colectiva con lectores, traductores, escritores. Y también guardamos un fondo editorial en este momento en el que la industria editorial está tan acelerada. 

--¿Qué peso tiene el papel de prescriptor que juegan los libreros ahora que se publican 90.000 libros al año?

--Yo te diría que lo es todo. Hace de las librerías espacios de referencia para los lectores. Vivimos un momento en el que el ecosistema del libro está profundamente acelerado, un momento en el que no llegamos a digerir lo que produce el sector, y los libreros hacemos un trabajo de curaduría tanto en la novedad editorial como en el fondo. Tenemos que cuidar eso.

--Su recomendación de libros para el verano se hizo viral. Ahora que el mes de agosto llega a su fin, ¿qué libros aconseja para la ‘rentrée’?

--Hay un par de ensayos literarios muy interesantes. Uno de Jorge Hurón sobre la autoficción y la literatura del yo que ha editado La Caja Books. Y otro de Siglo XXI que va a publicar Andrea Toribio sobre la invención de la literatura femenina en España. El ensayo ayuda a mapear todo esto que venimos comentando. Y luego Elena Medel saca nueva novela en septiembre y tenemos muchas ganas de leerla. Las maravillas (Anagrama), su última novela, es un gran texto. Sexto Piso reedita Los reconocimientos de William Gaddis, un clásico que no he tenido oportunidad de leer. Y recomendaría libros que han salido hace poco, como Heroínas, que hacemos en el club de lectura en septiembre. Y para recomendar un ensayo histórico, El cielo y las ruinas, de Juan Andrade, que era un historiador muy potente.  

--Y ‘Poesía completa’ de Idea Vilariño, ¿no? 

--Eso siempre lo tenemos y lo recomendamos un montón para iniciarse en la poesía y para lectores habituales de poesía. Al 2040, un poemario de Bella Varsovia que nos ha deslumbrado este verano. 

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