Diana, dueña de la tienda más antigua de Menorca: "Hemos vuelto a 1812 para honrar nuestras raíces"

La actual propietaria de Ca s'Esparter es la séptima generación de este comercio emblemático de Mahón y acaba de iniciar una nueva era con el gran reto de abrir todo el año

Diana Escudero en la puerta de Ca s'Esparter, la tienda más antigua de Menorca / CEDIDA
Diana Escudero en la puerta de Ca s'Esparter, la tienda más antigua de Menorca / CEDIDA

Hizo las veces de posada, para dar cobijo a los visitantes que llegaban tarde a la ciudad y se encontraban las puertas de la muralla cerradas, hasta 1812, cuando Francisco Monjo se puso a rastrillar esparto en el huerto de Verger y abrió una tienda de confección y venta de cuerdas en Mahón.

Desde entonces, siete generaciones de una misma familia han regentado esta espartería, sita en el número 7 de s’Arraval de Mahón, y han mantenido, a lo largo de más de doscientos años de historia, la esencia de otros tiempos. Con su suelo original. Con la antigua pared de la muralla. Con las mismas cuerdas de esparto que aún hoy se pueden comprar, aunque ya no se cobren en la hipnótica caja registradora de la primera mitad del siglo pasado. 

Hablamos con Diana Escudero, séptima generación de la Armeria Escudero, conocida por todos como Ca s’Esparter, la tienda más antigua de Menorca.

--La historia de Ca s’Esparter da para hacer una serie al estilo ‘Cuéntame cómo pasó’...

--Sí, es una tienda de más de doscientos años. De 1815, que nosotros sepamos por las escrituras. Hay una cueva y dicen que antes ya se comercializaba esparto, cuerdas y demás. Somos la tienda más antigua de Menorca, pero la característica que la hace única es que siempre ha estado en manos de la misma familia.

--La tienda ha tenido diferentes nombres.

--Es verdad, pero sentíamos que teníamos que volver al inicio, a 1812, para honrar nuestras raíces. Mi padre, Llorenç Escudero Carreras, le cambió el nombre a Armería Escudero, porque durante dos generaciones se llamó Armería Monjo, el segundo apellido de mi abuelo. Y ahora hemos vuelto a Ca s’Esparter.

--¿Qué vendían a finales del siglo XIX, además de esparto?

--Entonces no era una armería. Se vendían cosas para el campo, cuerdas de esparto y alimentación para animales. A finales del XIX, la madre de mi abuelo, que se casó con un Escudero, cogió las riendas de la tienda. 

--¿Qué le ha contado su abuelo sobre el negocio familiar?

--Mi abuelo tenía la tienda muy llena, pero la gente ya no venía a comprar cuerda. Yo siempre he visto vender abarcas y cuerdas de todo tipo. Se llama Ca s’Esparter por el producto que vendía. Es lo que nosotros llamamos ‘el malnom’, aunque no sea peyorativo.

--¿Ya no se mantiene la actividad inicial de confección y venta de cuerdas de esparto?

--Es algo bastante antiguo. Yo apenas lo he visto hacer.

--¿Ahora se venden otro tipo de cuerdas?

--Hemos mantenido todas las cuerdas por el nombre y porque es muy representativo el armario lleno de cuerdas. Hay cuerdas de nailon, de algodón, de esparto, de cáñamo, de pita… 

--¿Hay menorquines que todavía compran cuerda?

--Sí, se venden bastante porque hemos vuelto un poco atrás y a la gente le gusta hacer cosas artesanas. Tenemos cuerdas de algodón para hacer cortinas o para hacer escaleras para los pozos -cuerdas con palos de madera en medio-. La gente se lo encarga a mi padre como un objeto de decoración para casa. Lo antiguo sigue llamando la atención.

--¿Para qué más se utilizan?

--El esparto es más duro, es una cuerda más ruda, y se vende menos. Pero los nudos y las cabezadas de los caballos, por ejemplo, se hacen con cuerda de algodón. La de nailon es la más resistente y se utiliza, sobre todo, para el mar, pero también para tender la ropa. El macramé se usa para hacer bolsos, y hay vecinos que se dedican a hacerlos en casa. La pita la vendemos por barata y porque vale para cualquier cosa: si necesitas un poco de cuerda, la pita va muy bien. Y el cáñamo lo vendemos mucho en rollos, porque tiene ese color marrón tan rústico que sirve para las etiquetas de la ropa, y vienen los dueños de las tiendas y nos compran cáñamo.

--Hoy en día, ya no es propiamente una armería, ¿no?

--Mi abuelo es cazador, y mi padre también. A mi abuelo le gustaban mucho las antigüedades y tenemos armas antiguas en la escalera. Hay armas de la Primera Guerra Mundial. Cuando lo cogió mi padre, le cambió el nombre a Armería Escudero y siguió vendiendo lo mismo que vendía mi abuelo. ¿Qué pasó? Yo he visto todo el proceso y mi padre ya no necesitaba empleados porque no vendía tanto. Ya no hay tanta gente del campo y ya no vendía lo mismo que antaño. Por eso hemos cambiado bastantes cosas, pero preservando la esencia de la tienda y su historia.

Fotografía antigua de Llorenç Escudero, sexta generación, en su tienda / CA S'ESPARTER
Fotografía antigua de Llorenç Escudero, sexta generación, en su tienda / CA S'ESPARTER

--¿Cómo ha cambiado Ca s’Esparter?

--Cuando lo cogimos nosotros, miramos y vimos que había cosas que ya no tenían salida. El pienso para animales del campo ya se retiró. Mi padre vendía abarcas y alpargatas, y eso lo hemos mantenido porque siempre hemos sido un referente en Mahón. El menorquín, si quería la abarca clásica, sabía que en Ca s’Esparter la teníamos. Eso lo hemos conservado y hemos incorporado el textil, la ropa.

--Tenéis una colección de ropa propia.

--Así es. Nos hemos juntado con un diseñador de ropa y escogemos la tela, los colores, el patrón y fabricamos en España, porque en Menorca no hay fábrica. La idea es vender un producto propio de calidad para que el cliente pueda llevarse un recuerdo de Menorca diferente. No queremos que la gente lo interprete como un souvenir, sino como una prenda que cuenta historias de la isla, de la tienda y de la vida menorquina. Y lo vendemos a un precio accesible a nivel local. Creo que hemos sabido combinar muy bien lo turístico con lo local. Vendemos al turista, pero también al cliente menorquín. 

Detalle de unos tejanos que cuentan la historia de Ca s'Esparter / CA S'ESPARTER
Detalle de unos tejanos que cuentan la historia de Ca s'Esparter / CA S'ESPARTER

--Sus camisetas empiezan a ser famosas en la isla.

--Con mi padre eran las abarcas y las alpargatas, pero ahora todo el mundo vende abarcas. Las camisetas son lo que más se vende. Yo, cuando voy de viaje, busco un poco lo mismo. Tenemos nuestra línea de Ca s’Esparter y, por otro lado, hacemos colaboraciones con las marcas de la isla que quieran.

--Con otros emblemáticos de la isla.

--Este año hemos tenido La Mola, la peluquería Ca’s Gomila, los restaurantes Cap Roig, Trébol, Paput y los Bucaneros de Binibeca, y la bodega Sa Cudia

--Invitados ilustres de Mahón y alrededores.

--Es lo que intentamos. Son representativos de la isla.

--Ha cambiado la oferta, pero Ca s’Esparter todavía conserva la decoración, las puertas y el suelo originales, y la antigua pared de la muralla en el garaje, lógicamente.

--Lo más importante se conserva. Mi padre me lo puso como cláusula. El suelo no se ha cambiado, ni las paredes. El mostrador no se pudo conservar, aunque lo intentamos. Al levantarlo, se desplomó. La mesa y las sillas están en el mismo sitio. Es una tienda que se presta a entrar, hablar del campo, de pesca. De hecho, siguen viniendo amigos de mi padre a día de hoy. Mi padre vive arriba y baja y habla con la gente. La armería la hemos conservado y vendemos algunos artículos. 

--Y la caja registradora de la primera mitad del siglo XX.

--Sigue ahí. No ha cambiado tanto en realidad. Ha cambiado la sensación de cuando entras. Mi padre y mi abuelo tenían cosas por todas partes. Tenían productos colgando del techo. Había muchísimo material. Te caía encima. A mí me gustan mucho estas tiendas, pero quizá cuesta más comprar. Esto lo tuvimos que cambiar y sanear.

--¿Qué dicen los vecinos?

--La gente feliz de que esté en el mismo sitio y no hayamos cerrado, pero, como hemos cambiado y reformado cosas, siempre hay gente a la que no le gusta el cambio. La gente quería que se mantuviera exactamente igual, pero algunos ya no venían a comprar. El equilibrio es muy difícil. Mantener un comercio emblemático, vender y que sea rentable es muy difícil. Yo creo que hemos conseguido hacer esa fusión y la mayoría de la gente está feliz. 

--El que también viene por aquí es su hijo, la octava generación.

--A mi hijo le diría lo mismo que me decía mi padre: ‘Si lo puedes mantener, perfecto, porque es muy bonito una octava generación, pero haz lo que quieras y lo que puedas’. Mi padre nunca me puso presión, porque sabe que mantener un negocio es difícil, pero sí tenía la presión de fuera, de la gente, para que tomase el relevo. Mi padre sobrevivió con el negocio, pero no hacía mucho negocio. Por eso, cuando mi primo me propuso la solución de la moda, nos encantó la idea. Mi padre me dice que haga lo que pueda, pero yo sé que le alegra mucho que siga.

Llorenç Escudero, Diana y su hijo, tres generaciones de Ca s'Esparter
Llorenç Escudero, Diana y su hijo, tres generaciones de Ca s'Esparter

--Diana, gracias por mantener vivo uno de los comercios más emblemáticos de Menorca.

--En un momento de cambios tan difíciles, seguir abiertos con un legado tan grande y que la tienda siga formando parte de la familia es lo que nos da fuerza. El gran reto es abrir todo el año, dar vida a Menorca y seguir contando la historia de Ca s’Esparter.

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