Rafa Rodríguez, cofundador de Botica de Lectores: "Rescatamos librerías para devolver a Sevilla lo que nos ha dado"
Este librero sevillano, cofundador de seis casas de libros junto a Maru Rodríguez y Miguel Ángel Neva, desvela los secretos del éxito de su cadena de librerías
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“La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir”, escribió Gabriel García Márquez en su novela El coronel no tiene quien le escriba (1961).
Esta reflexión invita al lector a ver la existencia como una carrera de obstáculos en la que es necesario adaptarse, aprender y seguir adelante. Y eso es justamente lo que ha hecho Rafa Rodríguez, cofundador de la mayor librería independiente de Sevilla, al que entrevistamos.
--¿Las buenas historias siempre comienzan con tres amigos sentados a la mesa de un bar?
--Bueno, no sé si todas, pero la nuestra sí empezó así.
--¿Cómo pasaron Maru Rodríguez, Miguel Ángel Neva y usted de empleados en la cadena de Librerías Beta, que estaba en quiebra, a fundar la primera librería Botica de Lectores en Sevilla? ¿Cuál fue el momento culminante?
--Estábamos expectantes, porque lo de Beta fue un proceso paulatino. Vimos la degradación. El fin estaba a la vuelta de la esquina. A finales de 2016, quiebra la cadena, pero la situación era decadente ya en primavera. Ahí empezamos a idear y se nos pasó por la cabeza montar una librería. Los tres llevábamos muchos años como libreros, conocíamos el oficio y estábamos entre la espada y la pared. Llevábamos meses sin cobrar en los que no veías la luz. Todo era pesimismo, porque yo lo único que sé hacer es esto, ser librero. Vimos que la librería cerraba y surgió esa oportunidad. Éramos conscientes de que podía irnos bien o mal, pero no queríamos reprocharnos a los cincuenta el no haber abierto una librería.
--Los inicios nunca son fáciles…
--Recuerdo mucha intranquilidad. Sabíamos que el número 15 de la Avenida República Argentina había sido una librería durante 40 años. El sitio lo teníamos, pero nos preguntamos: ‘¿La gente seguirá apoyándonos con una nueva marca, como lo hacía con Beta?’. En la primera semana se disipó la incertidumbre. El barrio nos conocía como libreros.
--Tanto se disipó la incertidumbre, que en menos de un mes abrieron un segundo local en la calle Asunción 15, una de las arterias más libreras de Sevilla.
--Abrimos otra en el mismo barrio y reproducimos el sistema de la cadena de ventas. La idea era que se retroalimentaran entre ellas. Y empezamos a hacer muchas actividades, algo que entonces no era tan común.
--Han abierto en Almirante Apodaca 23, donde antes estaba la librería Reguera; en Feria 110, tras el cierre de El Gusanito Lector; en la Esquina Luis de Morales 1, tras el cierre de la sucursal de Cajasol; y, a principios de verano, en la Avenida de las Ciencias 38, donde antes estaba la Librería Sevilla Este.
--En 2020, empezamos a madurar el tema de abrir en el centro de la ciudad. Nos habíamos asentado, y eso ya fue un logro. El cierre de Beta conllevó que siete librerías bajasen la persiana del tirón, pero, al mismo tiempo, se abrieron otras tantas. De esas apuestas, solo hemos aguantado nosotros. Las librerías Caótica, Tinta de papel, Librerías Verbo… Todas, desgraciadamente, han terminado cerrando. Ya no existen. Nosotros, en cambio, queríamos cruzar el río y llegar al centro de Sevilla cuando nos contacta Julio Reguera, de la librería Reguera, y nos dice que piensa jubilarse. Y entonces nos volvimos a sentar en un bar para tomar un café y montar otra librería. Ahora, Julio es nuestro casero.
--La salvaron de convertirse en un McDonald’s.
--(Risas) Él quería que Reguera siguiese como librería tras más de cincuenta años con su padre y él al frente. En 2024, ocurrió algo parecido en la calle Feria. Cerraba por jubilación y decidimos ocupar esa parte norte de la ciudad que se había quedado huérfana de librerías. Nosotros rescatamos librerías y libreros.
--¿Por qué lo hacen?
--Cuando abrimos la tercera y la cuarta, la idea era la misma: devolver a Sevilla lo que nos ha dado. Nos quedamos huérfanos y la ciudad respondió. Nuestro objetivo era paliar la pérdida de librerías físicas. No queríamos que Sevilla perdiera el músculo de las librerías.
--Y llegaron a Nervión y Sevilla Este.
--En Nervión, que es una zona comercial muy importante, no teníamos librería, y cogimos la Tarsis, del grupo Troa, que había cerrado con las obras del Metro. Y también queríamos estar en un barrio más alejado del centro como Sevilla Este, nuestra última apertura.
--Echando la vista atrás, ¿qué siente al ver el pequeño imperio libresco que han construido?
--¿Qué sentimos? Si nos lo cuentan en 2017, no nos cabría en la cabeza el haber llegado a abrir tantas librerías. Somos tres socios, somos independientes, y no hay más nada. Botica, al final, somos un grupo de 21 personas, y, lógicamente, el día a día es lo que genera que puedas pensar en estas nuevas aperturas.
--¿Cuál es el secreto del éxito de Botica de Lectores?
--La gestión de una librería es muy compleja. Yo no sé llevar otro negocio. Con la experiencia de 26 años de librero, creo que ahí está el quid de la cuestión: tener una gestión medida, con sus tiempos, con sus gestiones de tesorería. Si no lo tienes controlado, se te va. Tener un equipo profesional es muy importante. Una variación respecto a otras librerías es que siempre estamos en la calle. En 2025 organizamos alrededor de 1.000 actividades. Se trata de generar sinergias culturales. El día a día es la clave para que la gente identifique Botica de lectores con la venta de libros y piense en ti. Vamos a cualquier sitio y la gente te reconoce. Eso es una labor ímproba. Por ahí va un poco el secreto, por echar muchísimas horas. Además, los socios regentamos tres de las librerías, y la ilusión al abrir la sexta es la misma que cuando abrimos la primera. Eso se contagia.
--¿Sería correcto llamarles ‘los resucitadores de librerías emblemáticas’?
--(Risas) No lo sé. La intención no era previa, las cosas han ido ocurriendo así. Te cuento una anécdota. Hace poco nos enteramos de que cerraba esa librería en Sevilla Este. Cojo el coche, nos vamos a echar un vistazo con Miguel Ángel y quedamos con Maru. Cuando nos ve aparecer a los dos, nos dice: ‘¡No me lo puedo creer! Ya sé a lo que venís… ¿Otra?’. ‘¡Otra!’. Las oportunidades van pasando delante de ti, nosotros las vemos y nos arriesgamos.
--Ahora que de casi todo hace ya diez años, que diría Gil de Biedma, ¿cuál ha sido su mayor aprendizaje como socio de la mayor cadena de librerías independientes de Sevilla?
--‘El librero es más que un vendedor de libros’. Es nuestro lema. El precio de los libros es fijo y eso dificulta que te puedas diferenciar. En lo que sí te puedes diferenciar es en el trato con el público y a nosotros nos gusta el tú a tú. Al final, el cliente es un amigo que entra en la librería y te pregunta: ‘¿Qué me llevo?’.
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