Pepi Montes, dueña del último bar histórico que cierra en Sevilla: "La hostelería va a peor"

La propietaria, que nació el mismo año en que se fundó el negocio, baja la persiana agotada por los nuevos tiempos y cede el testigo al grupo Barrabar's

El bar Jamaica en Sevilla / MARINA CARRASCO
El bar Jamaica en Sevilla / MARINA CARRASCO

Sevilla tiene una manera muy suya de medir el tiempo. No consulta el reloj, sino la fidelidad de sus esquinas. Aquí el tiempo se retiene en las rutinas que se heredan de los abuelos. Por eso, cuando un establecimiento como el Jamaica apaga las luces tras más de seis décadas, no cierra solo un negocio; se detiene un reloj en el barrio de Heliópolis. 

Para quien no conozca la geografía sevillana, Heliópolis no es un barrio cualquiera. Es una zona residencial de chalets históricos construidos para la Exposición del 29, pero, sobre todo, es el barrio que late junto al Estadio Benito Villamarín. Y allí, en la avenida Padre García Tejero, el Jamaica ha sido testigo mudo de ascensos y descensos, de penas ahogadas en café y de alegrías celebradas con Cruzcampo. Ha visto al estudiante de los sesenta convertirse en el patriarca que hoy lleva de la mano a la nieta, en un bucle eterno que solo la fatiga del tiempo ha logrado interrumpir. Con su adiós, deja un poco más huérfana a esa Sevilla que no entiende de franquicias, sino de nombres propios.

Pepi Montes, la dueña

Pepi Montes (Sevilla, 64 años), la que fuera dueña del Jamaica, no cierra por ruina, ni por falta de clientes –como ella dice, al Jamaica le sobraban "novios"--, sino por puro agotamiento vital y por un desencanto palpable con la deriva de la hostelería actual. 

Sin embargo, en este sector, cuando una puerta se cierra, otra se abre. La buena noticia para los vecinos y visitantes es que el local no quedará vacío. El grupo de restauración Barrabar's tomará el testigo en esta ubicación privilegiada. Pero, antes de que los albañiles del grupo Barrabar's entren para dar forma a la nueva etapa del local esta primavera, Pepi se sienta con Consumidor Global. 

Pepi Montes, la que fuera dueña del Jamaica
Pepi Montes, la que fuera dueña del Jamaica / CEDIDA

--Pepi, miramos el local y cuesta creerlo. Después de 64 años en el Jamaica, ¿qué ha significado este establecimiento para usted y para el barrio?

--Pues mire, yo lo primero que quiero es comunicarle al barrio de Heliópolis mi agradecimiento infinito. De verdad, infinito, por habernos mantenido ahí tantísimo tiempo. Y muchas gracias también al estadio Benito Villamarín y a ese gran equipo que es el Real Betis Balompié. Hemos convivido mucho tiempo con ellos y la verdad es que estoy muy contenta. Pero bueno, todo tiene un final.

--Un final que, imagino, no ha sido una decisión fácil.

--No, pero era necesario. El negocio lo he dejado en manos de lo que me parece una empresa seria y formal. Y le digo una cosa, lo que para mí es más importante: no he dejado a mis empleados desamparados. Todos están trabajando desde el día 1 de febrero en dicha empresa, respetando su antigüedad y todo. Fíjate que tenía empleados con más de 38 años de servicio. Eso era sagrado.

--Se la nota tranquila con el relevo. ¿Está contenta, entonces, con el paso dado?

--Estoy muy contenta porque, entre otras cosas, ya no tengo 20 años. Los negocios de hostelería son muy esclavos, requieren muchas horas de atención y hoy el sector ha dado un giro de 180 grados. La juventud ya no quiere trabajar en este gremio por el horario, y eso me dio que pensar. Yo tengo 64 años y estoy acostumbrada a la hostelería que viví con mi padre hace décadas, y esto ya es otra cosa.

--Me ha dicho que tiene 64 años. Tiene, entonces, exactamente la misma edad que el Jamaica

--Sí, 64 clavados (ríe). Yo nací y el bar ya existía. Mire si tiene tiempo que el toldo de Cruzcampo que tenemos puesto data de 1966, pero el negocio es del 61. Es diez años posterior al restaurante, que era de 1951 y que ya se traspasó en 2017. 

--Cuénteme un poco cómo empezó todo, la historia de esas paredes.

--La historia data del año 61. Mi padre compró el local; al principio era una cosita muy pequeña, solo con una máquina de café y una cocinita detrás. Allí se daban muchas puntas de solomillo adobado y los famosos "Emparedados Jamaica", que eran un tipo de medianoche con queso y un tocinito de jamón. En aquellos tiempos, con los americanos de la base y demás, el sitio empezó a tomar mucha relevancia.

--Y tuvieron que ampliar.

--Claro, mi padre compró el local de al lado, puso el comedor, una cocina grande y así fue creciendo. Entre el Betis, los vecinos del barrio, las universidades y los colegios, todo iba muy bien. Siempre hemos sido una gran familia, tanto los empleados como nosotros, apoyándonos mutuamente. Ese compañerismo y esa clientela tan buena es lo que nos ha mantenido. Espero que sigan igual con los nuevos dueños.

Próxima apertura   MARINA CARRASCO
Próxima apertura / MARINA CARRASCO

--Por cierto, una curiosidad. ¿Por qué se llama Jamaica?

--Se llama así porque en el barrio de Heliópolis las calles tienen nombres de países de América del Sur. El restaurante estaba en la calle Jamaica, y diez años después, cuando abrimos la cafetería, heredó el nombre. Simplemente por la ubicación, no tiene más misterio.

--¿Qué momentos se le vienen a la cabeza si le pido que resuma lo que ha sido el Jamaica para tantas generaciones?

--Tengo recuerdos maravillosos. Ha pasado mucha gente famosa por aquí. Antes, en los días de partido del Betis, se trabajaba muy a gusto; ni la policía ni el Ayuntamiento daban los problemas que dan ahora con las normativas. Tenía una clientela fija, de diario, de los que venían desde la mañana hasta la noche. Superamos juntos hasta una pandemia. Pero ha llegado un momento en que ya no podía más; el negocio me estaba consumiendo.

--Hay quien dice que los cierres de locales históricos suelen ser por falta de rentabilidad, pero usted habla de agotamiento. ¿Cuáles han sido los motivos reales del cierre? ¿Cuándo vio que era el final?

--En realidad, nunca se pensó en cerrar como tal porque al Jamaica, como se dice vulgarmente, "le salían muchos novios". Siempre venía gente queriendo que les traspasara el negocio. Mientras fui joven, ni se me pasaba por la cabeza. Pero ahora ha llegado la persona idónea, la gente de Barrabar’s, que ha cumplido con el requisito que yo más quería: respetar a mis empleados.

--Se queja usted de cómo ha cambiado el sector. ¿Cómo ve la hostelería en Sevilla hoy comparada con la de los años 60?

--Ha dado un giro a peor. En el tema de personal es difícil porque los jóvenes no quieren este sacrificio, y por otro lado, no dejan trabajar al gremio tranquilo. Están encima por nimiedades: que si un vaso en la mano en la calle, que si el velador no se puede colocar pegado a la fachada, etc. Así no se puede trabajar, de verdad.

--Pepi, hay vecinos que comentan que el cierre se debe a una mala gestión. ¿Qué les dice?

--(Se pone seria un momento). A esos vecinos les diría lo que decía mi padre: "¿Acaso están ellos dentro del negocio para saber si hay mala gestión?". La verdad es que he cerrado por un tema personal. Estaba agotada. Los que me conocen de toda la vida se alegran por mí, porque saben que estaba muy cansada.

--Cuando pase el tiempo y la gente pase por delante del local, aunque ponga otro nombre en la puerta, ¿qué quiere que piensen al recordar el Jamaica?

--Quiero que lo recuerden como lo que siempre fue: un lugar de acogida. Hemos acogido a todo el mundo por igual, mayores y jóvenes. Que lo recuerden como un sitio donde pasaron mucho tiempo junto a nosotros. Eso es lo que me llevo.