Cecilia, dueña de LibreRío de la Plata, sobre el cierre: "Algunos vecinos hablan de manifestarse"
Esta reconocida y querida librera de Sabadell bajará la persiana a finales de marzo porque la propiedad se niega a renovarle el contrato de alquiler
El cierre de librerías es una epidemia silenciosa que afecta a la inmensa mayoría de vecindarios de España. Cecilia Picún, la querida y respetada librera de el LibreRío de la Plata, una popular casa de libros ubicada en la calle Sant Jaume del centro de Sabadell, ha sido una de las últimas en anunciar que los propietarios del local -la familia de Miquel Calçada- la echan de su librería.
En semejante tesitura, algunos vecinos han decidido hacer acopio de hasta una treintena de libros. Podría pensarse que padecen literatosis, o El mal de Montano, pero lo cierto es que advierten el avance de Amazon y la ausencia de pequeñas librerías de barrio donde dejarse aconsejar por libreras con oficio. De las de antes. Como Cecilia.
--¿El cierre es inevitable?
--Sí, es inevitable porque hemos intentado pedir una prórroga del alquiler para el año y medio que falta para que me pueda jubilar, y no hay disposición por parte del propietario. Nos han derivado a un gestor y no quieren hablar con nosotros. Lo siento como un rechazo, una animadversión hacia nosotros.
--Entonces, ¿LibreRío de la Plata bajará la persiana el 31 de marzo?
--Sí, el 31 de marzo entregaremos las llaves. Durante la última semana estaremos empaquetando libros y retirando estanterías, que es lo que significa el cierre de un comercio. Está siendo tiempo de abrazar. Vienen muchísimos clientes y lectores a recordar momentos, a traer ayudas, propuestas, a ofrecer espacios en sus casas para poder poner cajas con los libros de nuestro fondo. Hoy me han dejado una tarjeta postal con fotos hechas aquí, en la librería, de unos niños que ya han crecido. Fotos de años atrás en las que estaban disfrutando de un cuentacuentos.

--El vecindario andará triste…
--Han hablado incluso de manifestarse delante de la librería y de hacer una cooperativa. Nosotros consideramos que es un camino transitado. Yo me jubilo en un año y medio y no puedo invertir en un nuevo local, ni en una nueva librería, ni en un traslado, sobre todo con el vértigo que sentimos con el paso del tiempo. No tiene sentido.
--En San Valentín cumplís 13 años y tengo entendido que lo celebraréis con vinos y libros…
--Será un sábado, y lo que haremos durante todo el día es conversar con la gente, leer fragmentos de libros significativos, contar anécdotas, enseñar una cartelera que tenemos en la trastienda donde están apuntadas frases memorables de los lectores de LibreRío… Son frases que no se pueden perder, por eso las escribimos en esta cartelera. Lo pasaremos bien. Será una despedida tal y como tiene que ser cuando se produce alrededor de algo tan vivo como es el libro.

--El calor de la comunidad es de agradecer…
--Lo que está sucediendo estos días, que vengan a abrazarnos, a comprar libros del fondo editorial, es precioso. Vienen a pedirnos una selección que va de uno hasta treinta libros. Algunos lectores se quieren asegurar los próximos años de lectura con nuestras recomendaciones. Tenemos unos libros que han significado mucho, que son los que vamos recomendando, aunque hacemos recomendaciones personalizadas, a medida. Incluso los personajes de los libros forman parte de la cotidianidad de aquí.
--Dígame algunos de esos libros significativos de LibreRío.
--Hay un libro, Mientras cenan con nosotros los amigos, de Avelino Hernández, que lo ha comprado alguien que sabe que va a morir y quiere despedirse de sus amigos con este libro. Los libros que tenemos aquí han formado parte de diferentes experiencias vitales. Hay lectores que han escuchado los cuentos desde las panzas de sus madres y luego les hemos seguido acompañando durante su infancia. Otros vinieron al club de lectura para niños y hoy están en la universidad, pero siguen viniendo. Hay una chica, Berta, que fue guía del club de lectura y ahora se marcha a trabajar a la ONU. Son todos lectores y lectoras de Librerío, con sus historias…
--Lectores con buen gusto literario y bien asesorados.
--Entre los que recomendamos actualmente también está Siete casas vacías, de Samanta Schweblin, ganadora del Premio Ciudad de Barcelona; El anarquista que se llamaba como yo, de Pablo Martín Sánchez, que es una maravilla y lo recomendamos cuando alguien quiere una lectura amena, bien escrita, emocionante, con espíritu de thriller. Y después hay dos libros de un mismo autor: Viajes por mi jardín y Tino, un mirlo en mi jardín. Son dos libros ilustrados de Nicolas Jolivot, editados por Errata naturae, y son dos experiencias vitales. Son de esos libros con los que te sientas una tarde de sábado y sabes que vas a tener un momento de epifanía, un momento de disfrute pleno con la historia de alguien que te habla de su jardín, y más en este momento en que es tan importante sentirnos parte de la naturaleza…

--Dan ganas de leerlos y disfrutarlos, pero LibreRío va a cerrar. ¿No hay ni un ápice de esperanza?
--Es que no es posible. Durante 13 años hemos creado un gran fondo de libros, pero no es posible renegociar el alquiler ni tenemos la posibilidad de alquilar otro local. No obstante, nosotros seguiremos vinculados al libro. Tenemos una asociación a la que no hemos podido dar vida, Ábrete libro se llama, que tiene un embajador en cada país de Latinoamérica: Laura Restrepo en Colombia, Eduardo Berti en Argentina, Santiago Roncagliolo en Perú... Son escritores de primera línea.
--¿A qué se dedica la asociación Ábrete libro?
--No vamos a vender libros, pero haremos acciones para hacer sentir la importancia de la lectura, porque creemos firmemente que la lectura es una trinchera en la que debemos estar, y debemos hacerlo por la reflexión y por el pensamiento más meditado y crítico. Por ello trabajamos.

--Hay que luchar por la buena literatura porque La PAES, La Tècnica y ahora LibreRío de la Plata bajan la persiana… ¿Qué sucede en Sabadell?
--La Tècnica cierra por jubilación, pero el tema de los cierres no se produce sólo en Sabadell. Cierran librerías en Madrid y en diferentes lugares de España. Aquí hay una razón básica. Tiene que ver con la especulación inmobiliaria, pero también con la compra a través de Amazon y las grandes cadenas. Estas compras hacen que el comercio pequeño, el que apuesta por el trato con el cliente, se pierda. Las librerías están cerrando por esta razón. Y no solo muere una librería, pierde la comunidad. Cada vez que se hace una compra en Amazon, sucede lo mismo. No podemos competir con las grandes cadenas porque tenemos descuentos menores, pero sí podemos dar un trato personalizado y mantener viva la presencia del librero.
--¿La llar del llibre se ha quedado sola como una de las únicas librerías de barrio de Sabadell?
--Es una librería que tiene su trayectoria y un prestigio importante. Ha hecho comunidad. Y también está la que antes era Macondo, que ahora se llama Malapeça, y Sabadell Còmics. Y luego se ha instalado La Casa del Libro.

--¿La llegada de La Casa del Libro os ha perjudicado?
--A nosotros no, porque tenemos una comunidad sólida que no viene buscando el bestseller, sino un libro especial que le pueda resonar. Tenemos nueve clubs de lectura que seguirán funcionando. A nosotros no nos ha afectado La Casa del Libro porque tenemos un perfil de lector muy diferente, pero entiendo que a otras librerías sí les pueda perjudicar.
--Gracias por la charla, Cecilia, y buena suerte.
--Gracias a ti. Ah, que se me olvidaba. Hasta el 31 de marzo, a los lectores que vengan y se lleven un libro les damos un sello con el lema 'Navigare necesse est', porque es necesario navegar. Ahora más que nunca.


