LinkedIn penaliza la “basura IA”: cómo usar bien la inteligencia artificial para mejorar el perfil

Un creador con más de 250.000 seguidores explica el método correcto para mejorar el perfil en una red social donde más de cuatro de cada diez textos largos los escribe una máquina

El perfil de Charlie Hills en LinkedIn / CAPTURA
El perfil de Charlie Hills en LinkedIn / CAPTURA

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A principios de 2024, Charlie Hills, fundador de MarTech AI, tenía en LinkedIn entre 2.000 y 3.000 seguidores, en su mayoría compañeros de la universidad y de trabajos anteriores. Un día decidió mejorar su perfil y se especializó en un tema, la inteligencia artificial, con un enfoque muy concreto: enseñar a la gente a usarla en la práctica. “Muchos hablan de IA, pero pocos enseñan cómo usarla bien”, comenta Hills. 

Durante nueve meses publicó todos los días. Se levantaba a las cinco de la mañana para diseñar con Canva sus siguientes 80 publicaciones antes de ir a su trabajo de oficina. Entre aquellas cientos de publicaciones llegó la que se convertiría en la más exitosa de su trayectoria, con 1,4 millones de impresiones. Esta vez no ofreció consejos genéricos sobre inteligencia artificial, sino que contó su propia historia. De la manera más personal y humana.

Hoy, Hills tiene 256.630 seguidores en LinkedIn.

Miles de textos sin dueño

La inteligencia artificial ha democratizado muchas cosas. Hoy cualquiera puede redactar un texto, diseñar una imagen o generar una presentación en pocos minutos. Sin embargo, esa misma facilidad ha provocado que, cuanto más contenido se produce, más difícil resulta destacar. Hay un océano de publicaciones que suenan igual.

LinkedIn, la red profesional que supera los 1.200 millones de usuarios en el mundo, se ha convertido en una especie de plaza pública del trabajo, el emprendimiento y el conocimiento. Ya no se trata solo de buscar empleo o mantener un currículum actualizado. Para miles de profesionales —desde abogados y médicos hasta ingenieros, periodistas, arquitectos o pequeños autónomos— LinkedIn es hoy una herramienta para construir reputación, atraer oportunidades y demostrar conocimientos. Y la inteligencia artificial está acelerando ese proceso, aunque no siempre de la manera adecuada.

La aplicación de LinkedIn / EP
La aplicación de LinkedIn / EP

LinkedIn toma medidas contra la IA

Un estudio de Originality.ai, una empresa que vende detectores de texto generado por IA, analizó miles de publicaciones largas y concluyó que el 54% de los textos de 100 palabras o más probablemente estaban generados por IA. La proporción se disparó un 189% tras el lanzamiento de ChatGPT. La misma empresa observó que las publicaciones probablemente generadas por IA recibieron de media un 45% menos de interacción que las originales.

Ante ello, LinkedIn ha reaccionado. El 20 de mayo de 2026 anunció cambios en su algoritmo contra las publicaciones, comentarios y herramientas de automatización de baja calidad. El contenido marcado no se elimina, pero se le frena la distribución más allá de la red inmediata del autor. Asimismo, el 30 de julio lanzó un botón para denunciar publicaciones que “parecen basura de IA” y retiró de la plataforma sus propias herramientas de reescritura con IA, sustituidas por un corrector que arregla la gramática sin cambiar la voz del usuario.

No prohíbe la IA. Distingue entre usarla como herramienta de escritura y publicar contenido de baja calidad, y afirma que los posts deben seguir representando las ideas y la voz de quien los firma. La frontera, por tanto, no es si se usó una máquina, sino si detrás hay alguien.

La IA puede ayudar a redactar tu lado más humano

“Puedes tener una marca y una reputación, pero eso no significa necesariamente que seas digno de confianza”, explica Hills. La reputación puede hacer que alguien nos reconozca, pero la confianza exige tiempo y exposición. Una de las teorías más conocidas en marketing, la regla 7-11-4, sostiene que una persona necesita aproximadamente siete horas de exposición positiva, once puntos de contacto y presencia en cuatro canales diferentes para construir una relación de confianza con alguien o con una marca.

La primera publicación de Hills en LinkedIn fue una lista de cinco consejos para ser mejor profesional del marketing en 2024. Era correcta, pero también genérica: cualquiera podía pedir algo parecido a un asistente de IA. En su publicación más exitosa contó una historia íntima sobre cómo pasó solo una Navidad dos años atrás y la contrastó con su vida actual, además de mostrar los sistemas y rutinas que utiliza para gestionar su contenido. La diferencia está, según Hills, en pasar del contenido de “cómo hacerlo” al de “cómo lo hago yo”: una experiencia propia que la IA puede ayudar a contar, pero no vivir.

El error de dejar que la IA hable por nosotros

La tentación es evidente: abrir ChatGPT, pedir una publicación para LinkedIn y copiar el resultado. Pero ese camino tiene una trampa. “Todo el mundo tiene acceso a los mismos modelos y a los mismos prompts. El resultado es que todo empieza a sonar igual”, explica Hills. Según Hills, un redactor publicitario copió palabra por palabra el post de un compañero y fue señalado por LinkedIn, por lo que dejó de publicar en la red. 

La IA puede escribir. Lo que no puede hacer es vivir experiencias. La tecnología puede resumir, ordenar ideas, sugerir estructuras o diseñar imágenes. Puede ahorrar horas de trabajo. Pero necesita supervisión humana. Además, cosas tan sencillas como responder comentarios, conversar y mostrar autenticidad siguen siendo cosa de humanos. La confianza se construye entre personas, no entre algoritmos. 

Las personas reales tienen un 60% más de visitas en LinkedIn

Cabe destacar que se han documentado perfiles falsos con fotos generadas por IA, que para la mayoría son casi imposibles de distinguir de reales. LinkedIn afirma que los perfiles verificados reciben un 60% más de visitas y un 50% más de interacción en sus publicaciones. Además, la plataforma dice haber verificado ya a 115 millones de miembros y más de 700.000 empresas. “Creemos que la autenticidad será la moneda más valiosa de internet”, destaca Óscar Rodríguez, vicepresidente de gestión de producto de LinkedIn. 

“La IA puede clonar el resultado, pero no puede clonar al chef”, resume Charlie Hills. Quizá esa sea una de las grandes lecciones de esta nueva era tecnológica. Cuanto más avanzan las máquinas, más valor adquiere aquello que sigue siendo profundamente humano.

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