El modelo de Netflix llega a tu coche: así han colado suscripciones las grandes marcas

En una memoria, Volkswagen reconoce explícitamente que “las fuentes de ingresos se transformarán gradualmente y se extenderán más allá del producto principal que es el automóvil”

Un conductor en su coche / FREEPIK - pvproductions
Un conductor en su coche / FREEPIK - pvproductions

Entre una cuenta de Netflix y un BMW hay, a priori, pocas cosas en común. Ambos productos pueden procurar al usuario dosis de diversión en distintos grados, pero ahí terminan las similitudes superficiales. La primera se disfruta desde el sofá, en la cama o incluso en el metro y el segundo es un vehículo de altas prestaciones diseñado para recorrer distancias con eficiencia y confort. 

Además, la posesión de un coche se ha asociado, desde hace décadas, con la autonomía personal y con el goce de la libertad. Buena prueba de ello es el icónico spot ‘¿Te gusta conducir?’ (salido de la prodigiosa cabeza de Toni Segarra), en el que una mano surfeaba el aire mientras el coche recorría paisajes americanos abiertos, puros, completamente despejados. Era una promesa casi espiritual: solo un conductor y las nubes.

Pago de cuotas mensuales o anuales

Sin embargo, esta libertad está hoy muy matizada: cada vez es más frecuente que los fabricantes condicionen el acceso a determinadas prestaciones del vehículo al pago de cuotas mensuales o anuales. Es decir, que un consumidor que ya ha gastado decenas de miles de euros en un coche se puede encontrar con la desagradable sorpresa de membresías que sirven para desbloquear funciones que ya están físicamente instaladas, pero aparecen bloqueadas.

Una persona conduce / PEXELS
Una persona conduce / PEXELS

“En septiembre de 2025 compré un Golf GTI. Cuando llegó el frío, empecé a mirar con detalle los servicios conectados. Puedes, por ejemplo, poner la calefacción antes de subirte al coche, lo cual resulta muy cómodo”, cuenta a este medio Nemo Reporter, creador de contenido especializado en motor. 

Casi 10 euros al mes o 350 para uso limitado

Su coche, por el que habría de pagar 43.000 euros, ya tenía asientos calefactables instalados, pero se dio cuenta de que para poder hacer uso de ellos la marca exigía el pago de 9,69 euros al mes, 95,90 durante un año o 350 euros para uso ilimitado. 

Este usuario, que en su vídeo habla de práctica “perversa”, también puede optar por pagar una suscripción para contratar unas luces en el interior del coche. Mosqueado, investigó y encontró un documento oficial del grupo Volkswagen en el que la compañía desvelaba sus intenciones de forma muy explícita.

Transformar y extender las fuentes de ingresos

En concreto, en el apartado ‘Las 12 Iniciativas de Grupo de la Estrategia NEW AUTO’ del informe anual de 2022, Volkswagen reconoce que “las fuentes de ingresos se transformarán gradualmente y se extenderán más allá del producto principal que es el automóvil. Para lograrlo, el requisito previo es incrementar las capacidades de desarrollo de software, con el fin de entusiasmar a los clientes mediante funcionalidades digitales en constante mejora”. Constante mejora y, sobre todo, constante cobro.

Tesla lo empezó a implementar hace unos años en Europa”, cuenta Nemo Reporter. La firma de Elon Musk fue la primera que se decidió a colar suscripciones masivamente. 

Interior de un Tesla / UNSPLASH
Interior de un Tesla / UNSPLASH

Tesla y BMW se suben al carro

Hasta hace poco, en el Viejo Continente vendían solo dos modelos, “y, en ambos, los coches salen de fábrica con todos los extras. Si pagas desbloqueas una función u otra. De hecho, ha habido bastante revuelo últimamente porque el sistema de conducción autónoma supervisada ha dejado de ser una funcionalidad más, ahora es una suscripción. Es un sistema que está en pruebas, y tienes que pagar 99 euros al mes”, relata este experto.

En Reino Unido, BMW implementó los cobros periódicos para ofrecer una tecnología de luces largas adaptativas, que a fin de cuentas era un sistema de seguridad que permitía ver mejor en la carretera. “Y, por presión social, lo tuvieron que cancelar”, explica Nemo Reporter.

Servicios conectados

Por su parte, Hyundai trató de rizar el rizo con su propuesta de “servicios conectados”: el coche tiene unas funcionalidades que están operativas durante ocho años, pero pasado ese tiempo caducan. “Para volver a disfrutar de esos servicios, que uno podría pensar que hasta cierto punto son básicos, tienes que pagar una cantidad mensual”, critica.

Un Huyundai en la carretera / HYUNDAI
Un Huyundai en la carretera / HYUNDAI

“Antes, el mercado te daba la opción de incluir ciertas cosas en tu coche o no hacerlo. Si no las elegías, no pagabas por ese extra, de modo que te salía el coche 300 o 400 euros más barato, pongamos. El problema es que ahora el precio del coche ya incluye el montaje, la instalación y el propio software, pero las ventajas están capadas”, denuncia Nemo Reporter. Es casi una cuestión filosófica: ¿en qué medida esta tendencia erosiona el concepto de propiedad y los derechos del propietario? ¿O sería más apropiado hablar de usuario?

Prácticas abusivas

A su juicio, lo que ocurre es que la industria del automóvil es un “sistema oligopolístico” en el que las “prácticas abusivas” que perjudican al usuario no se frenan.

Toni Fuentes, director de Coche Global, resume el problema con claridad meridiana: “Desde hace años está habiendo una transición hacia lo que se llama el nuevo modelo de negocio de la movilidad. El modelo basado en la propiedad -tú compras un coche y viene con todo incluido- está cada vez más desfasado”. 

Llaves de un coche / PEXELS
Llaves de un coche / PEXELS

Pago por uso

Lo frustrante es que el software está ya preparado, pero con mecanismos que lo frenan de forma forzada. Como recuerda Fuentes, la industria supo aprovechar la tendencia hacia el pago por suscripción. Al identificar el potencial del renting y otros servicios afines, los fabricantes han transformado hábilmente estas demandas en nuevas vías de ingresos.

Ocurre más, indica este experto, en vehículos de gama alta, aunque está comenzando a bajar a gamas medias. Ciertas marcas ofrecen conectividad remota mediante aplicaciones para supervisar el estado del vehículo, como el nivel de carga o el cierre de puertas. Sin embargo, la estrategia de muchos fabricantes consiste en ofrecer este servicio de forma gratuita solo durante los primeros años, para luego convertirlo en una suscripción de pago. 

Cómo reaccionará el público

Sobre la reacción del gran público ante esta controvertida tendencia, Ruiz sostiene que los fabricantes están introduciendo los cambios con la sutileza necesaria para que terminen calando. “Es algo que genera un rechazo inicial. Sin embargo, no afecta a elementos críticos. Si el cobro se aplicase a sistemas de seguridad como el ABS o los airbags, entraríamos en un terreno inmoral o incluso ilegal”, argumenta. 

El coche, describe, se erige, cada vez más, en un conjunto de chips con carrocería. “La cantidad de servicios que te ofrecen va a ir a más. Habrá ciertas carreteras por las que se podrá circular con el modo de conducción autónoma. La suscripción irá calando, tanto por el predominio de la electrónica como por la dinámica del sector”, pronostica.