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Auge y caída de Glovo: "Si tu imperio quiebra al pagar nóminas, no era innovación, era explotación"

El negocio de Glovo en España se tambalea al empezar a pagar los derechos laborales de sus trabajadores. ¿Tiene futuro la popular aplicación de 'delivery'?

Teo Camino

Repartidores concentrados frente a la sede de Glovo en Barcelona por la muerte de un compañero / EUROPA PRESS

Ocho meses después de empezar a pagar las nóminas de sus trabajadores, Glovo abandona 63 ciudades españolas y despide a 750 repartidores (el 3,5% de su plantilla). 

¿Por qué deja de repartir comida en las pequeñas y medianas ciudades de España? ¿Qué futuro le espera a la empresa fundada por Óscar Pierre, ahora en manos de la alemana Delivery Hero?

Auge y caída de Glovo

“Si tu imperio quiebra al pagar derechos laborales, no era innovación, era explotación”, escribe el ingeniero industrial y experto en startups Joel Luna en su cuenta de LinkedIn. Y prosigue: “Nos vendieron una revolución tecnológica, pero el milagro logístico se apagó en cuanto la ley rider les prohibió usar falsos autónomos”. 

Un repartidor, durante un pausa, con un paquete de Glovo / JAMESCRANE FLICKR

Tras la multa de 329 millones de euros que impuso la Comisión Europea en junio de 2025 a Delivery Hero y su filial Glovo por participar en un “cártel” de reparto de comida y empezar a pagar las nóminas de sus trabajadores en España a mediados del mismo año, el futuro de la plataforma de delivery barcelonesa no es demasiado alentador. 

En busca de la rentabilidad

“Tener a los repartidores de pequeñas ciudades en plantilla, al igual que le sucede a Amazon, no saca productividad y le genera pérdidas”, arguye Manel Morillo, cofundador de Con Gusto Consulting, sobre la desbandada rural de Glovo.

Un repartidor de Glovo / EP

“Cuando a un negocio de la nueva economía le añades nuevos costes, lo tiene complicado”, resume Emili Vizuete, director del máster en Comercio y Finanzas Internacionales de la Universidad de Barcelona (UB), quien añade: “Glovo necesita tener mucho volumen para ser rentable”. “Por eso se queda con los mercados donde tiene suficiente masa de trabajo”, apunta Morillo.

Los restaurantes pagan el pato

"El actual modelo de reparto (Gen2) ha demostrado ser ineficiente y ha provocado una notable caída en la calidad del servicio, especialmente en poblaciones de tamaño medio y pequeño. Esta situación hace insostenible el mantenimiento del modelo actual, siendo imprescindible la transición al modelo Gen1, en el que GSP no asume la operativa de reparto", se puede leer en la carta que Glovo ha enviado a los trabajadores afectados por el ERE.

Obviamente, pagar las nóminas a sus repartidores (antes falsos autónomos) encarece los costes laborales.

¿Quién pagará al repartidor?

“Si repercuten estos costes a los restaurantes, para muchos establecimientos dejará de ser rentable estar en la aplicación de Glovo”, advierte Vizuete. Cabe recordar que “Glovo se nos lleva el 30% de cada pedido, y luego están los gastos de gestión, el extra por lluvia…”, exponen a Consumidor Global varios restauradores que ya se han dado de baja de la plataforma.

“Glovo no se va, muta”, recalca Joel Luna en su publicación de LinkedIn. “Ahora sólo pondrán la aplicación para cobrar la comisión, pero el coste de contratar al repartidor se lo comerá el dueño del restaurante”, asegura el experto en startups.

El negocio ya no existe

Según Luna, “el delivery barato no se sostenía gracias a la tecnología, sino gracias a ahorrarse la Seguridad Social. Con contratos fijos, el chiringuito se cae a pedazos”. 

Y añade: “Al obligarles a jugar limpio, han descubierto que el negocio no existe”.

Un asunto moral

La realidad es que muchos consumidores se habían acostumbrado a un lujo irreal e insostenible. ¿Cómo es posible que un joven pedalee de noche, bajo la lluvia, para traerte la cena por tres míseros euros de envío?

“A base de pura precariedad”, sentencia Luna.