BonÀrea luce sostenibilidad al ampliar el reciclaje de envases, pero vende toda la fruta en plástico
Mientras la cadena catalana revoluciona el sector cárnico pagando al consumidor por devolver sus envases, comprar una sola manzana sin plástico de un solo uso sigue siendo una misión imposible en sus pasillos
En la célebre novela de Oscar Wilde, el joven Dorian Gray conservaba una belleza y una juventud eternas ante los ojos de la sociedad londinense, mientras un retrato suyo, escondido en el ático, iba asumiendo en sus trazos la fealdad de todos sus pecados y corrupciones. Hoy, en los pasillos de los supermercados BonÀrea, parece librarse una fábula moral similar.
De cara a la galería, la cadena de distribución luce el rostro radiante de la sostenibilidad y la economía circular. Sin embargo, al doblar la esquina hacia la sección de frutería, el consumidor descubre el "cuadro en el desván": un bodegón contemporáneo donde ni una patata logra escapar de las garras del plástico de un solo uso.
La belleza inmaculada: RetornA
El escaparate público de BonÀrea es, sin duda, digno de admiración. Durante la feria Alimentaria 2026, la compañía desplegó todo su encanto para anunciar que en el segundo semestre de este año extenderá su sistema de reutilización de bandejas de plástico, bautizado como RetornA, a sus 460 tiendas en Cataluña.
Tras una exhaustiva prueba piloto iniciada en mayo de 2025 en 61 establecimientos de las zonas de Tarragona y Guissona, la compañía anuncia que ha alcanzado una tasa de retorno del 60%. En la práctica, esto se traduce en 72.230 bandejas de un solo uso evitadas, o lo que es lo mismo, 1.553 kilos de plástico que no han acabado en el vertedero.

Un plan ambicioso: llegar a las 612 tiendas
Daniel Marsol, director de comunicación y marketing de bonÀrea señala que "los resultados nos han confirmado que la reutilización de envases es una opción viable y escalable (...). Nuestro modelo de integración vertical, sin intermediarios y único en el sector, es el que hace posible una iniciativa como RetornA con garantías operativas".
El plan es ambicioso. Comenzaron con el filete de pollo, este marzo incorporaron el muslo entero para brasa, y prevén sumar más referencias antes de dar el salto al resto de su red comercial en España (612 tiendas). BonÀrea ha logrado que su modelo cárnico no envejezca, reciclándose a sí mismo en un ciclo de juventud perpetua.
El pecado de la fruta plastificada
Sin embargo, en BonÀrea, comprar una sola manzana sin que esté envuelta en una bolsa de plástico continúa siendo una misión imposible en sus establecimientos. Allí no hay circularidad que valga. Ni una pera, ni un kiwi, ni un limón, ni una mandarina suelta. Toda la fruta se vende en packs cerrados. Tampoco un aguacate o un calabacín pueden añadirse a una cesta libre de plásticos.
La disonancia es tal que hasta los propios empleados se encogen de hombros. Al pedir una manzana suelta en un supermercado de Barcelona, la respuesta de la cajera es inflexible: "No puede ser, todo va en pack".

Un vacío legal que BonÀrea aprovecha
¿Cómo logra BonÀrea mantener intacta su imagen corporativa mientras su frutería incumple el espíritu de la época? Gracias a un resquicio burocrático.
El Real Decreto 1055/2022 dictamina en su Artículo 7.4 que se deben "presentar a granel aquellas frutas y verduras frescas que se comercialicen enteras". Sin embargo, la norma incluye excepciones como los lotes de 1,5 kilogramos o más, o los productos con "riesgo de deterioro o merma". El problema es que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación aún no ha publicado la lista oficial que define qué frutas exactas entran en esa excepción.
"Hay un vacío legal y lo aprovechan", resalta Carlos Arribas, portavoz de Ecologistas en Acción a Consumidor Global. "Los pimientos del padrón pueden ser la excepción. Pero lo de las manzanas y las mandarinas…", añade.
BonÀrea frente al espejo
Consumidor Global ha preguntado a BonÀrea cómo justifica la coexistencia de la iniciativa RetornA con este modelo generalizado de envasado en plástico. No obstante, hasta la fecha, la empresa ha optado por el silencio.
De momento, los consumidores podrán sentirse pioneros de la sostenibilidad al recuperar los 50 céntimos de su bandeja de pollo, pero tendrán que lidiar con su conciencia si lo que desea el cliente es, simplemente,una manzana al natural y sin envoltorio.