José L. Ferrer, de crear el primer vino crianza de Mallorca en la Guerra Civil a conquistar Japón
Óscar Roses Lambourne, cuarta generación de la bodega más antigua de Binissalem, nos descubre la historia pionera de su bisabuelo y el futuro del vino mallorquín
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Las vides trepan en el centro de Mallorca, protegidas por la sierra de Tramuntana, desde el siglo VII antes de Cristo. Los fenicios introdujeron el vino en la isla, pero fueron los romanos quienes asentaron el cultivo de los viñedos. "Los vinos baleáricos se comparan con los mejores de Italia”, escribió el historiador Cayo Plinio el Viejo en su tratado Naturalis Historia, que data del año 77 d.C. Dos milenios más tarde, en 1931, José Luis Ferrer creó Vinícola de Binissalem, el germen de lo que hoy es Bodegas José L. Ferrer.
Sarah, María, Pepe y Óscar Roses Lambourne, con el que ahora hablamos, forman parte de la cuarta generación de Bodegas José L. Ferrer, pero tienen muy presente el legado de su bisabuelo.
--De vuestra bodega salió el primer vino embotellado de Mallorca para su comercialización…
--Binissalem fue la primera denominación de origen (DO) de Mallorca. Aquí siempre se ha hecho vino, aunque no se conociera. Cuando el vino se vendía a granel, mi bisabuelo se fue a estudiar a Francia.
--Y así nació Bodegas José L. Ferrer…
--Exacto. Fundó la Vinícola de Binissalem y empezó a hacer vinos de calidad. Entonces, llegó la Guerra Civil española, y como todo estaba parado, hizo el primer vino crianza de Mallorca en barricas de roble.

--¡Un visionario!
--Luego, a principios de los años 50, empezó con el vino blanco, que no se comercializaba. Y más adelante embotelló el primer rosado de la isla.
--También fue la primera bodega de Mallorca en exportar su vino en los años 40.
--Y ahí seguimos. El poco vino que exportaba mi bisabuelo lo enviaba a Suiza. En Mallorca empezó a estar en los grandes hoteles, como Son Vida y Formentor, aunque había muy pocos turistas. Todavía era una isla silenciosa y eminentemente campesina.
--¿Hablamos del vino Franja Roja?
--Sí, es el mítico nuestro, de la variedad Manto Negro, y se complementa con Cabernet Sauvingnon, Tempranillo, Callet y Syrah.
--¿Y ahora dónde se puede beber?
--Está muy presente en los restaurantes y en los supermercados de la isla por alrededor de 8 euros. En la península no está porque nosotros preferimos quedarnos en la isla.
--En la península hay mucha competencia…
--En la península hay muchos vinos muy buenos a precios asequibles. Hay mucha competencia, sí. En el mundo de los vinos somos muchos, y la verdad es que nos conocen más en Zurich y Munich que en Madrid y Barcelona.
--Bueno, la ilusión de su bisabuelo era hacer grandes vinos desde Mallorca para el mundo. ¿A dónde llegan los vinos de José L. Ferrer en la actualidad?
--Hasta Japón. En la feria Alimentaria quedé con un pequeño cliente de Japón que nos compra y distribuye a restaurantes de Japón. Y también vendemos a Puerto Rico.
--Sin embargo, no hace tanto que los vinos de Mallorca y Menorca se han dado a conocer al gran público. ¿Qué ha cambiado?
--Siempre digo que lo único bueno que tuvo el Covid, que para nosotros fue duro porque tuvimos que seguir plantando, cuidando y elaborando el vino y el cierre se alargó mucho en Mallorca, fue que la gente tomó conciencia de la necesidad de consumir producto local. Aprendimos que no podemos depender en todo de lo de fuera. Además, consumiendo de proximidad, nuestro ecosistema mejora y crece.

--El que las viñas sean ecológicas también ayuda a la tierra.
--Empezamos la transición hace unos 15 años y es un proceso lento, pero muy necesario. Aquí tenemos un clima que ayuda. Los veranos secos hacen que la transición a unas viñas 100% ecológicas sea óptima, y la gente está concienciada y le da importancia. Si las bodegas no cuidamos de la viña…
--¿A qué sabe la esencia vitivinícola de Mallorca?
--Son vinos que cuentan historias de la isla.

--El viajero siempre agradece una buena historia.
--Los que nos visitan disfrutan de la esencia de esta parte de Mallorca. La sierra de Tramuntana nos riega y nos protege. Estás en un sitio con solera, pero rodeado de montañas. A la gente le gusta mucho venir a Mallorca e ir a la playa, pero también venir aquí, a esta antigua fábrica de vino, conocer nuestra historia y terminar con una cata o una comida.

