Por qué nadie come en los restaurantes de Alimentaria
Las extensas colas frente a los estands de Casa Tarradellas, Gallina Blanca y Carpisa Foods contrastan con las mesas sin platos de las terrazas del recinto Gran Via de Fira de Barcelona
A las dos del mediodía, las terrazas de los restaurantes de la feria Alimentaria de Barcelona están llenos a rebosar, pero nadie come. O casi nadie. Y es normal...
¿Quién va a pagar 27 euros por una hamburguesa o unos macarrones cuando las marcas más populares regalan comida en sus estands?
Los restaurantes de Alimentaria
Unos macarrones, un vaso de crema de calabaza y un agua cuestan 27 euros en el restaurante Rambleta de Alimentaria. Lo mismo que un bocadillo poco apetitoso, una ensalada verde y un refresco. Lo mismo que el menú de bagel de jamón de la Brioxeria. Un poco menos que el combo de yakisoba, rollito de primavera japonés y postre (28 euros) del restaurante Nomo. Pero casi nadie pide estos menús para comer. No en Alimentaria.

El restaurante Fileteando ofrece uno de los menús menos caros. Este se compone de hamburguesa, bebida y postre, y tiene un precio de 24,5 euros. Seguramente por eso los comensales, en su inmensa mayoría, únicamente beben. Abundan los botellines de agua, los cafés y los vasos con Coca-Cola, que salen a 3,5 euros la botella de 20 centilitros. Mientras tanto, el desesperado encargado se dedica a ir mesa por mesa abroncando a los que se sientan a tomar algo con comida procedente de los estands.

Colas en Casa Tarradellas, Gallina Blanca y Carpisa Foods
En el interior, el panorama es radicalmente opuesto. Los asistentes hacen colas eternas para conseguir un plato de arroz hecho con caldo Gallina Blanca -un clásico de la feria-, una porción de pizza Casa Tarradellas, un perrito caliente de Schara o un cuarto de hamburguesa de la empresa Carpisa Foods, más conocida por ser el proveedor cárnico de Burger King en España. Las colas se deben a que todos los platos son gratis. Y al precio desorbitado de los restaurantes exteriores.

Porque en Alimentaria los asistentes se dividen en dos grupos muy definidos. Los que van a hacer negocios, que comen dentro de los estands de las marcas, y el público que paga su entrada para atiborrarse sin pagar un céntimo más, que está dispuesto a hacer una cola de media hora para que le regalen un café con la última bebida vegetal de Alpro.

