Barra libre a 10.000 metros: el peligroso caos del alcohol en los aviones
El incremento de pasajeros conflictivos y las evidencias médicas sobre los riesgos de beber en altitud avivan el debate sobre limitar su venta, una medida que también reclama Ryanair
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El vuelo había despegado de Dublín con destino a Ibiza. Era la tarde del 13 de junio y, según el relato de varios pasajeros, el avión se transformó en la antesala de un bar. Música sonando desde altavoces portátiles, vapeadores encendidos en pleno trayecto, consumo constante de alcohol y pasajeros incapaces de mantener un comportamiento mínimamente compatible con un espacio cerrado donde viajan centenares de personas.
Una de las pasajeras afectadas relató posteriormente que la propia tripulación anunció por megafonía que "se había abierto el bar", un mensaje que algunos interpretaron como el inicio oficial de una celebración colectiva. Este episodio ocurrió en un vuelo de Ryanair.
Ryanair no esquiva el debate
Precisamente, el consejero delegado de la compañía irlandesa, Michael O'Leary, se ha convertido en una de las voces más contundentes del sector a la hora de alertar sobre los problemas derivados del consumo excesivo de alcohol entre los pasajeros.
En una reciente entrevista con The Times, O'Leary ha propuesto prohibir la venta matutina de alcohol en los aeropuertos y fijar un límite de dos consumiciones diarias por viajero. El directivo argumentaba que los desvíos de vuelos por pasajeros agresivos han pasado de ser "uno a la semana hace diez años" a "casi uno al día".
Lo cierto es que cada vez son más frecuentes los testimonios de viajeros que denuncian escenas similares en rutas vacacionales de toda Europa: despedidas de soltero descontroladas, grupos turísticos que convierten el avión en una prolongación del aeropuerto o pasajeros que embarcan visiblemente ebrios y continúan bebiendo durante el trayecto.

El pasajero conflictivo: una amenaza creciente
En el sector existe incluso un término específico para definir este fenómeno: unruly passengers, pasajeros conflictivos. No se trata simplemente de personas molestas o ruidosas. En los casos más graves, los incidentes incluyen agresiones verbales y físicas, amenazas a la tripulación, incumplimiento de instrucciones de seguridad e incluso intentos de acceder a zonas restringidas de la aeronave.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) lleva años alertando sobre el incremento de este tipo de comportamientos. Aunque las causas son múltiples, el alcohol aparece de forma recurrente como uno de los principales desencadenantes.
Testimonios de pasajeros afectados
"El tema de los borrachos en aviones es gravísimo", sentencia Víctor Riverola, un viajero frecuente que ha visto cómo el ambiente en las aerolíneas de bajo coste se deteriora. "¿Culpa de la aerolínea o del piloto? Cada vez observo con mayor preocupación cómo permiten que sus pasajeros entren borrachos y que, una vez dentro, sigan consumiendo alcohol como cosacos. Causan problemas, gritan, no dejan dormir ni trabajar y, lo peor, algunos se ponen violentos", añade.
Otra pasajera, Catalina Alcaraz recuerda su reciente vuelo desde Escocia a Alicante, compartido con un grupo que se dirigía a Benidorm. "Menudo viaje y escándalo tuvieron. Por más que les llamaban la atención, no hacían ni caso. Fue horrible", explica.
Madeline I. relata una experiencia similar en un vuelo transoceánico desde Nueva York, arruinado por un grupo que "se hartó de vino", mientras Teresa P. apunta directamente a compañías como EasyJet, pidiendo que "dejen de permitir que los borrachos suban a bordo y sigan sirviéndoles". Por su parte, Ricardo Jure aboga por la prohibición total: "Si de mí dependiera, prohibiría el servicio de bebidas alcohólicas a bordo de vuelos comerciales. Sin excepción".
Qué dice la ley
El Convenio de Tokio de 1963, establece en sus artículos 8 y 9 que el comandante de la aeronave tiene la autoridad absoluta para impedir el embarque, o incluso desembarcar en cualquier escala, a cualquier pasajero cuyo estado —como una evidente embriaguez— comprometa la seguridad, el buen orden o la disciplina a bordo. Una potestad que, en el caso de España, se ve reforzada por el artículo 59 de la Ley de Navegación Aérea, que eleva al piloto a la categoría de máxima autoridad pública durante el vuelo.
Sin embargo, la realidad operativa es mucho más compleja. Identificar el grado de intoxicación, asumir posibles reclamaciones o gestionar retrasos derivados de una expulsión convierte cada decisión en un delicado equilibrio entre seguridad, derechos del pasajero y presión comercial.
Un problema que empieza mucho antes del embarque
Para muchos trabajadores del sector, el origen del problema no está dentro del avión sino en los aeropuertos. Un trabajador que estuvo destinado durante años en un aeropuerto con una elevada afluencia de turistas británicos, ofrece una visión reveladora a través de sus redes sociales. "Puedo decir que la inmensa mayoría de actuaciones tanto en puertas de embarque como en aviones es por culpa del alcohol, pero se choca con la ingente cantidad de dinero que le da a Aena", comenta.
La observación apunta a una cuestión de fondo pocas veces abordada públicamente: la venta de bebidas alcohólicas constituye una importante fuente de ingresos para aeropuertos, comercios y operadores de restauración. Aena, consultada por Consumidor Global, evita entrar en el debate de fondo y se limita a señalar que "cumple la normativa vigente en esa materia".

Los riesgos: cómo afectan la altitud y el alcohol al organismo
Si el comportamiento incívico es la cara visible del problema, existe otro riesgo que afecta directamente a la salud humana. A 10.000 metros de altura, el alcohol no es solo un desinhibidor social; es un estresor cardiovascular.
El Dr. Colin Church, neumólogo de la Universidad de Glasgow, explica que a medida que un avión asciende y la presión de la cabina disminuye, el nivel de oxígeno en la sangre del pasajero cae. Esta premisa ha sido confirmada por una investigación conjunta y pionera del Instituto de Medicina Aeroespacial del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) y la Universidad RWTH de Aquisgrán. Los científicos simularon las condiciones de vuelo en un laboratorio con 48 voluntarios, arrojando resultados contundentes:
- Pasajeros con alcohol y presión de cabina: caída del oxígeno en sangre al 85% y aumento de la frecuencia cardíaca a 88 latidos por minuto durante el sueño.
- Pasajeros sin alcohol y presión de cabina: 88% de saturación de oxígeno y 73 latidos por minuto.
- Condiciones a nivel del mar (sin alcohol): 96% de saturación de oxígeno y 64 latidos por minuto.
La combinación de la baja presión atmosférica de la cabina y el alcohol provoca una deshidratación acelerada y una hipoxia leve que obliga al corazón a trabajar a marchas forzadas. Aunque el estudio se realizó con jóvenes sanos tras consumir el equivalente a dos latas de cerveza, los investigadores alertan de que en pasajeros de mayor edad o con patologías previas, las consecuencias médicas podrían ser fatales.
La respuesta del sector es evasiva
Consumidor Global ha querido buscar respuestas institucionales en aerolíneas como Vueling y Ryanair. Las preguntas son claras: ¿Por qué se sigue vendiendo alcohol a bordo si es un riesgo para la salud y la seguridad? ¿Qué responsabilidad asumen las compañías cuando un pasajero ebrio altera un vuelo?
La respuesta del sector ha sido, en el mejor de los casos, evasiva.

