Productividad sin 'burnout': la apuesta de Optimismus por un coworking en comunidad
Nieves Ramos Sánchez-Mateos afirma que no se trata solo de metros cuadrados, de la velocidad de internet o de la comodidad de una silla, sino de entender el perfil de la persona
En la década de los 70, mucho antes de que se hablase de teletrabajo, conciliación o salario emocional, Kurt Alois Hegerich introdujo y profesionalizó en España los servicios de limpieza tecnificada o industrial. Lo hizo con visión y determinación. Tras haber montado una empresa de facilities en Alemania en la década de los 60, varios de sus empleados de confianza, que eran inmigrantes españoles, le manifestaron sus ganas de regresar a su tierra.
Apoyándolos, Hegerich decidió expandir su negocio y fundó en Madrid la compañía Claro Sol en 1972. Tenía su sede en la zona de Arturo Soria, concretamente en la calle Ulises. No deja de ser curioso que los viajes de este héroe griego de célebre astucia surgieran, en última instancia, de su anhelo de regresar al hogar.
Así es Coworking Optimismus
En el mismo edificio donde Hegerich instaló su sede hay hoy un coworking que matiza y descomprime la idea de hogar. Se trata, en concreto, de Optimismus, un coworking que presume de estar centrado en la comunidad. Cuenta con 1.500 m² y ofrece puestos flexibles, puestos fijos, despachos privados, salas de reuniones y espacios para eventos “en un entorno profesional, luminoso y orientado al bienestar”.

Nieves Ramos Sánchez-Mateos es la directora, y trabajó durante años en el departamento de recursos humanos de Claro Sol. “Por eso, cuando llega un nuevo cliente al coworking, de forma más o menos consciente analizo qué tipo de persona es, cómo se va a sentir mejor y cómo podrían ser sus relaciones con el resto de profesionales que tenemos”, cuenta a este medio.
“De tu pasión a tu legado”
Su idea es que, de algún modo, la vocación de servicio de Optimsimus (que a fin de cuentas aspira a hacer la vida más fácil y agradable a los distintos profesionales a los que acoge) conecta con la cultura de Hegerich. Así, su mantra es “De tu pasión a tu legado”. Y está serigrafiado. Al entrar, el lema que da la bienvenida es “pasión”, que a juicio de Ramos es el motor inicial para comenzar en un negocio o en una empresa.
Más adelante aparece la palabra “valores”, que alude a un desarrollo coherente y con principios. A esta le siguen “family”, que refuerza la idea de una gran comunidad que se apoya mutuamente, y “legacy”, el propósito final a modo de referencia a la huella que se aspira a dejar.

Perfil del cliente
“Aquí hay de todo. Tenemos autónomos, profesionales de empresas pequeñas, de empresas grandes, de compañías que quizá tengan la delegación en Barcelona…”, describe Ramos. Entre otras ventajas, su coworking brinda a estos trabajadores acceso 24/7, terraza, luz natural, zona de aparcamiento sin zona restringida “y una ubicación estratégica a 10 minutos en coche del aeropuerto y con excelente conexión a la M-40 y transporte público”.
Ramos pone el foco en el bienestar y las relaciones personales. De hecho, defiende la existencia de un vínculo entre el coworking y la salud mental, un concepto cada vez más presente en el debate público. “Durante años hemos venido hablando de productividad, tecnología o flexibilidad, pero yo pienso que trabajar también es una experiencia humana. Nuestro cliente es una persona, y la salud mental tiene una relación evidente con lo humano”, argumenta.
El factor humano
“Hoy en día hay mucha gente que teletrabaja desde casa, y está muy bien. Pero poder disponer de un coworking permite relacionarse con otras personas, tener espacios que compartir, como terrazas, zonas comunes, zonas de café… Ahí uno se desconecta y conoce a otras personas. Eso en casa no es posible. Yo creo que todos los equipos necesitan esas relaciones humanas”, opina.

Bajo su punto de vista, la dinámica de networking real se logra organizando ciertas actividades y prestando atención a ciertos espacios de encuentro donde se produce la interacción. “Aquí hay un ambiente muy familiar. Siempre intentamos crear desayunos, bienvenidas, onboardings para los nuevos clientes, cuyo perfil conocemos muy bien…”, enumera.
Los beneficios de poner al profesional en el centro
No se trata solo de metros cuadrados, de la velocidad de internet o de la comodidad de una silla. “Analizamos mucho el perfil de la persona. Tengo pasión por eso”, remarca Ramos.
Al hilo de este planteamiento, las empresas, arguye, deberían apostar cada vez más por poner a la persona por encima del resto de factores, “porque si la persona está bien, eso se va a traducir en productividad, en incremento de satisfacción, en una reducción de la rotación o incluso en una reducción de las bajas derivadas del estrés”, razona.
Precios medios
Según el informe Estado del Coworking en España 2025-26, el precio medio de mesa fija al mes se sitúa en 205 euros/mes a nivel nacional y 230 euros/mes en las cinco grandes ciudades (Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla y Málaga). El pase diario ronda los 24 euros al día, mientras que la sala de reuniones sale por unos 25 euros la hora.

En todos estos lugares, los trabajadores buscan un equilibrio sutil entre libertad y pertenencia. Si se logra, puede emerger la palabra mágica para las empresas: productividad. Preguntada por el concepto, Ramos responde que “la productividad es la capacidad de generar un retorno en función a las horas destinadas en un determinado intervalo. Productividad es utilizar el tiempo estrictamente necesario para generar unos buenos resultados”.
La energía que transmite el espacio
En cuanto al diseño de los espacios, Ramos repite que es en las zonas comunes donde realmente surge el intercambio y la socialización, ya sea compartiendo un café en el sofá o una charla en la terraza. A esto se suman factores esenciales como la luz natural, los colores y, por descontado, la calidad del mobiliario. En palabras de la entrevistada, la energía que transmite el espacio justo en el momento de cruzar la puerta resulta vibrante e inspiradora.
Además, trabajar desde casa suele ser menos motivador en verano, cuando el contexto doméstico cambia. Por eso, recuerdan desde Optimismus, “elegir bien el espacio desde el que trabajamos, mantener una buena hidratación o hacer pausas activas puede marcar la diferencia”.
