Ikea deja encerradas a una mujer y a su madre dependiente de 80 años entre dos armarios

La compra en el gigante sueco incluía la retirada del mueble antiguo y el montaje del nuevo; sin embargo, los transportistas abandonaron su casa bloqueada por cajas

El armario de Ikea sin montar / CEDIDA
El armario de Ikea sin montar / CEDIDA

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Para una mujer de 80 años con movilidad muy reducida, su casa debe ser un refugio seguro. Sin embargo, el pasado 20 de junio, el salón de Amalia González se convirtió en una barricada construida con las cajas de un armario nuevo de Ikea y el armatoste del mueble viejo que los transportistas se negaron a llevarse.

Amalia tiene reconocida oficialmente por la Comunidad de Madrid una dependencia de grado II. Cualquier obstáculo en su camino supone un riesgo inminente de caída. Su hija y cuidadora principal, Vanesa Cardín, lo sabe perfectamente. Por eso, estando ella misma de baja médica por una lesión de espalda que le impide cargar peso, decidió pagar un servicio integral para la compra e instalación del armario por un importe total de 1.409,10 euros.

El reciclaje de muebles figura en el contrato

Cuando Vanesa realizó la compra el 17 de junio, el contrato no dejaba margen a la ambigüedad. Según el documento aportado a Consumidor Global, la factura contemplaba 109 euros en concepto de entrega a domicilio estándar, 237,25 euros destinados al montaje posterior a través de la plataforma aliada TaskRabbit y 60 euros específicos para el "reciclaje de muebles". 

Este último concepto obligaba contractualmente a los operarios al desmontaje y a la retirada inmediata del mueble antiguo. "Contraté el servicio de reciclaje precisamente porque mi madre apenas puede moverse y yo tengo la espalda infiltrada", expresa Vanesa. 

El armario antiguo   CEDIDA
El armario antiguo / CEDIDA

Ikea deja encerradas a madre e hija

El sábado 20 de junio, a las 16:01 horas, los operarios de la empresa de transportes Ader (subcontratada por Ikea) llegaron al domicilio. Descargaron los bultos del nuevo armario, pero se negaron en rotundo a retirar el antiguo. Su excusa fue directa: dijeron que no tenían ninguna orden para ello en su sistema.

Con la casa repentinamente bloqueada, Vanesa llamó de inmediato al servicio de atención al cliente de Ikea. El operador telefónico confirmó que, efectivamente, la retirada estaba programada y pagada. Sin embargo, según la clienta, los transportistas ignoraron la confirmación de su propia central y comentaron entre ellos que "ya vendrían otros". A las 16:20 horas, abandonaron el piso dejando el trabajo sin hacer. El nuevo armario tampoco pudo instalarse.

En apenas 20 minutos, dejaron a una anciana dependiente y a su hija lesionada de la espalda encerradas entre dos armarios. "Ikea nos dejó encerradas a sabiendas de nuestra vulnerabilidad. Les da igual si mi madre se caía estos días o si pasaba algo grave", apunta Vanesa en declaraciones a este medio.

La "falsa incidencia"

Al revisar el estado del expediente en los canales digitales de Ikea, la afectada descubrió que la empresa logística había registrado una incidencia alegando que el mueble antiguo no se había retirado porque se encontraba "anclado" a la pared, eximiendo así de responsabilidad a los operarios por una supuesta falta de preparación del entorno por parte del cliente.

Dicho informe fue desmentido de inmediato por Vanesa Cardín, quien constató que los operarios ni siquiera habían portado herramientas al interior de la estancia ni se habían aproximado al mueble antiguo para comprobar su estado de fijación; ni tampoco tomaron una fotografía de control que respaldase su versión en el sistema informático de la contrata. 

Ikea se lo toma con calma

Desesperada ante la perspectiva de pasar un fin de semana entero con la casa bloqueada, con cajas amontonadas que impedían el tránsito seguro de una anciana de 80 años propensa a caídas graves, y un mueble inservible obstruyendo el paso, Vanesa reiteró su situación de extrema necesidad a través de los canales de asistencia de Ikea. 

Por su parte, la multinacional le respondía que no podía saber si el lunes siguiente podrían enviar a un equipo de refuerzo, y declinó explícitamente enviar a personal de urgencia para subsanar la desatención.

La privatización de la urgencia

Ante la situación, Vanesa se vio obligada a contratar con urgencia los servicios de un profesional externo, asumiendo de su propio bolsillo un sobrecoste económico para llevar a cabo el desmontaje y la evacuación del mueble de forma inmediata.

Gracias a esta intervención privada, el espacio quedó finalmente expedito para que, tres días más tarde, el martes 23 de junio, el montador enviado por la plataforma TaskRabbit pudiera ensamblar el nuevo armario. Tras confirmarse el entuerto, la política de resolución de daños de Ikea se limitó a aplicar un reintegro de los 60 euros correspondientes a la tasa de reciclaje que no se llegó a ejecutar.

Cajas de Ikea amontonadas   CEDIDA
Cajas de Ikea amontonadas / CEDIDA

Una compensación de 60 euros

"Ikea se limita a devolverme los 60 euros por no haber retirado el mueble, demostrando que les da absolutamente igual si mi madre se caía durante esos tres días de bloqueo o si mi espalda sufría una recaída irreversible", clama la afectada. 

Vanesa Cardín ha presentado una hoja de reclamación ante la multinacional, así como una denuncia oficial ante la Dirección General de Consumo de la Comunidad de Madrid. 

Consumidor Global se ha puesto en contacto con Ikea para conocer su versión de los hechos y su postura oficial al respecto. Sin embargo, a fecha de la publicación de este reportaje, no se ha obtenido respuesta alguna por parte del gigante sueco.