Jennifer, obligada a abonar 45 euros al mes a una clínica que ya no existe: "Pago por miedo"
Tras el cierre abrupto de la cadena 360Clinics en toda España, cientos de afectados siguen abonando cuotas mensuales por tratamientos de estética que nunca recibirán
Escucha el artículo ahora…
El día 11 de cada mes, BBVA recuerda a Jennifer M. que su deuda sigue activa. Quedan cinco cuotas. 218 euros por amortizar de un préstamo que, en total, le obligará a pagar 1.069 euros. No importa que la clínica haya cerrado, que el tratamiento se haya interrumpido o que nadie responda al otro lado del teléfono. El cargo mensual de 44,54 euros llega puntual.
Jennifer, residente en Madrid, es una de las caras visibles de un derrumbe que se extiende por toda España. Hace unos meses, Consumidor Global documentó el colapso de 360Clinics, una cadena de estética que bajó la persiana de manera abrupta dejando tras de sí a más de 500 afectados, según los propios grupos de víctimas, centros cerrados en la península, Baleares y Canarias, y un patrón que recuerda demasiado a Dentix, Idental o Centros Ideal.
"Tengo miedo a entrar en morosidad"
La joven de 28 años contrató en junio de 2024 un bono de depilación láser por 980 euros en una clínica de la cadena 360Clinics, financiado a 24 meses mediante un crédito vinculado con BBVA que eleva el coste total del tratamiento hasta 1.069 euros. A día de hoy, ha pagado cerca de 800 euros y le quedan algo más de 200 euros por abonar. Pero la clínica cerró. Todas cerraron. Y, sin embargo, la deuda sigue viva.

"No me niego a pagar porque sí", explica Jennifer. "Pago porque tengo miedo a entrar en morosidad. Pero estoy pagando por algo que no puedo usar", afirma.
Crónica de una muerte anunciada
Durante el primer año, 360Clinics funcionó de forma irregular, pero asumible. No obstante, lo que siguió fue una degradación progresiva del servicio que, vista con perspectiva, era la crónica de una muerte anunciada. Primero fue la rotación de personal. "Yo pedía que no me rotaran tanta gente, por pudor, por respeto a mi intimidad. Es mi cuerpo", relata Jennifer a Consumidor Global. Pero cada tres meses, unas manos nuevas y desconocidas la atendían. "La persona que te atendió ya no está, la hemos despedido", le decían.
Luego llegaron los cierres "temporales". Sin previo aviso, trasladaron la clínica del centro comercial Plenilunio, donde Jennifer acudía inicialmente, al local del Palacio de Hielo. "Llegas y no saben quién eres, te tienen que buscar en la base de datos, te dicen que llevas cinco sesiones cuando llevas menos, o viceversa", explica la afectada.
El banco no cierra cuando la clínica cierra: "Estoy bloqueada"
La última vez que Jennifer intentó acudir a su cita fue en noviembre. Nadie la avisó. Simplemente, el local estaba cerrado. Google Maps confirmaba lo que sus mensajes de WhatsApp no entregados ya sospechaban: "Cerrado permanentemente". Eso sí, el banco no cierra cuando la clínica cierra.
El crédito firmado con BBVA establece un pago mensual fijo durante dos años. En el contrato consta que se trata de un servicio vinculado de sanidad y estética. No es un préstamo genérico. Mientras el banco no resuelva la reclamación, la cuota sigue girándose. Y el consumidor queda atrapado entre seguir pagando por nada o dejar de pagar y exponerse a intereses, recargos o listas de morosos. "No solo es el dinero que ya he pagado", explica. "Es que no puedo contratar otro tratamiento de depilación láser. No puedo permitirme dos cuotas a la vez. Estoy bloqueada", expone.
Qué dice la ley
Iván Rodríguez, abogado de Legálitas especializado en consumo, subraya que los consumidores con tratamientos financiados tienen derecho a paralizar los pagos si el servicio no se presta. "Lo ampara el artículo 29 de la Ley 16/2011 de contratos de crédito al consumo. Si el servicio no se ha dado, el cliente puede dirigirse directamente a la entidad financiera y exigir la suspensión del pago", detalla. Eso sí, advierte que "hay que dejar constancia de la reclamación al proveedor, aunque esté cerrado, para activar ese derecho frente al banco".

"No puedes simplemente dejar de pagar", alerta el abogado. El primer paso es reclamar formalmente (burofax o requerimiento en la Oficina de Consumo) a la clínica (360Clinics) el cese del servicio y la devolución del dinero. Solo cuando la empresa no responda, se puede presentar esa reclamación ante la financiera, exigiendo la paralización de las cuotas por la parte del servicio no prestado.
El banco tiene 30 días para responder
Jennifer ya ha hecho lo que se le exige. Ha enviado un burofax a la central de las clínicas reclamando el incumplimiento del contrato (sin respuesta, obviamente), y ha presentado una reclamación formal al Servicio de Atención al Cliente de su banco adjuntando pruebas: capturas de pantalla, historial de llamadas fallidas y el contrato de financiación.
El banco tiene 30 días para responder. Mientras tanto, la cuota sigue cayendo. Si el banco no responde o se niega a paralizar el cobro, el siguiente paso no es la resignación, sino la escalada. La vía administrativa pasa por el Banco de España. Y si la entidad financiera exigiera el pago judicialmente, tendría todas las de perder: un juez no puede obligar a pagar por un servicio vinculado que no existe.
¿Y si no tienes el contrato del servicio?
Jennifer traslada a Consumidor Global que no dispone del contrato de las sesiones firmado por 360Clinics, solo el de financiación. Pero esto no supone un impedimento para que el banco paralice los pagos.
La falta de un papel firmado por la clínica no exime de responsabilidad al banco. La existencia de la financiación vinculada a un tratamiento estético prueba la relación comercial. Las citas previas, los pagos realizados y el cierre público y notorio de la cadena son prueba de carga suficiente. El banco no puede escudarse en la mala gestión documental de su socio comercial (360Clinics) para seguir cobrando.
El último recibo
"Yo no pido que me devuelvan todo, solo la parte que no he disfrutado", se resigna Jennifer con una honestidad desarmante. Ha pagado unos 800 euros. Le quedan 200. Ha recibido, a duras penas, la mitad del tratamiento.
A la espera de los 30 días que tiene la entidad financiera para contestar, Jennifer ve cómo se acerca el 11 de febrero. Ese día, el sistema intentará cobrar otros 44,54 euros. Mientras tanto, las persianas de 360Clinics siguen bajadas. Los teléfonos, mudos. Y cientos de consumidores, como Jennifer, siguen pagando cada mes por un servicio que nunca volverá.


