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Berta Blanca T. Ivanow revela con arte el pasado del hotel Wittmore: "La obra solo existe aquí"

A través del cristal, el jabón y la gastronomía, la muestra transforma el jardín vertical más alto de Barcelona en un ágora de resistencia contra el olvido

Ana Carrasco González

Berta Blanca T. Ivanow en el hotel Wittmore / SIMÓN SÁNCHEZ

En el desorden del barrio Gótico de Barcelona, la calle Riudarenes juega al escondite con los transeúntes. En el número siete de este callejón se esconde el hotel Wittmore, un alojamiento de cinco estrellas que opera bajo el código del adults only y el lujo discreto.

Allí, en su patio central, se ha revelado el subsuelo invisible de la ciudad. Se ha dado visibilidad a las mujeres que lavaban ropa y compartían historias en los antiguos lavaderos públicos del siglo XIX que ocuparon el solar donde hoy se levanta esta boutique. Y lo ha hecho con el arte de la escultora multidisciplinar Berta Blanca T. Ivanow. 

'Mnemósine'

Bajo el título Mnemósine, Berta Blanca T. Ivanow inaugura la segunda edición de Projecte 360º, una iniciativa artística impulsada por Splash International Culture Agency y Dessislava Pirinchieva. La propuesta transforma el patio interior del hotel Wittmore, célebre por albergar el jardín vertical más alto de Barcelona con más de 3.000 plantas, en un lienzo efímero. 

"Al final, esta obra solo existe aquí porque tiene un sentido con la memoria histórica del lugar", explica Ivanow a Consumidor Global. "Es interconectar, adaptarse a un espacio más hostil donde hay agua, lluvia y plantas. Es un proyecto site-specific: o funciona aquí, o desaparece", matiza.

'Mnemósine' de Berta Blanca T. Ivanow en el hotel Wittmore / SIMÓN SÁNCHEZ

La obra, entre la neurociencia y la mitología griega

Apenas quedan algunas marcas en el pavimento que delatan aquel pasado doméstico y colectivo, pero la artista ha decidido reconstruirlo desde lo simbólico. "Tiene algo de artesano, de acto repetitivo y de purificación. El agua no solo se lleva las penas y los miedos, sino que te devuelve el objeto purificado. Empecé moldeando maquetas de arcilla con esos mismos gestos físicos de lavar, y luego los traduje a cristal, un material que muestra la vulnerabilidad y la fragilidad de dicha feminidad colectiva", comenta Ivanow.

Berta Blanca T. Ivanow con su obra / SIMÓN SÁNCHEZ

La instalación juega con una dualidad cromática intensa: el rojo y el verde. Lejos de ser una elección estética, Ivanow se inspira en los dibujos neurológicos de Santiago Ramón y Cajal. Las piezas imitan las ramificaciones del cerebro y las venas, los canales por donde transita la energía y el recuerdo. El propio título de la obra evoca a Mnemósine, la diosa mitológica de la memoria, madre de las musas, colocándola en tensión constante con su contraparte, Lete, el río del inframundo que representa el olvido. 

'Mnemósine' de Berta Blanca T. Ivanow en el hotel Wittmore / SIMÓN SÁNCHEZ

La experiencia inmersiva que llega al paladar

La presentación de Mnemósine huye de la frialdad de las galerías convencionales. Tampoco se limita a ser contemplada desde los angostos ventanales de las 22 habitaciones del hotel. Fiel a la filosofía de la propia escultora, donde la obra no concluye hasta que se experimenta, se incluye una performance diseñada para disolver la distancia elitista entre el espectador y la pieza artística.

'Mnemósine' de Berta Blanca T. Ivanow en el hotel Wittmore / SIMÓN SÁNCHEZ

Los asistentes disponen de piezas de jabón artesanal que pueden moldear con sus manos, replicando el desgaste y la interacción de las antiguas lavanderas. Asimismo, hay un sonido ambiente de fondo, mientras una intérprete susurra frases sobre el recuerdo y el olvido escritas de puño y letra por el público.

La propuesta llega incluso al paladar. El chef del hotel ha diseñado un plato y una bebida específicos inspirados en la obra. "Esta experiencia gastronómica estará disponible en la carta del hotel hasta el próximo 14 de septiembre, coincidiendo con el último día en que la obra estará expuesta", destaca Andrea Figueras, miembro de la familia propietaria (Anima Hotels) en declaraciones a este medio. 

"El arte es el ADN de nuestro hotel"

"Entendemos estos espacios como las salas 0 de una galería de arte. Es un lugar para dar visibilidad a artistas que quizá aún no tienen tanta voz o no encuentran otras maneras de exponer su trabajo, aprovechando además el flujo constante de personas que transita por el hotel", comenta Figueras al explicar cómo su propuesta se desmarca de una industria hotelera que, con frecuencia, utiliza el arte solo como un elemento decorativo.  

El Wittmore colabora desde 2023 con el festival Art Nou, exhibiendo y premiando a creadores emergentes como Rose Madone, Jan Vallverdú y Roman Fabré. Ahora Projecte 360º supone un paso más: utilizar el jardín vertical como soporte artístico efímero. La primera edición estuvo protagonizada por Rosa Tharrats. Ahora llega Ivanow con una intervención mucho más vinculada a la memoria del edificio. "El arte es el ADN de nuestro hotel", resalta Figueras.

'Mnemósine' de Berta Blanca T. Ivanow en el hotel Wittmore / SIMÓN SÁNCHEZ

El huésped tiene una hoja de ruta

"Uno de los huéspedes nos compró una obra", admite la propietaria del hotel Wittmore. "Te conviertes un poquito en una galería de exposición", añade. Los alojados encuentran en sus habitaciones una hoja de ruta con el discurso de la exposición, integrando el relato histórico en la experiencia de su estancia.

La reapertura del Wittmore en 2022, tras casi dos años cerrado, reforzó precisamente esa idea de refugio cultural sofisticado en pleno centro histórico. El interiorismo, reformado por Setembre Arquitectura, conserva vigas originales, techos altos y materiales nobles, mientras la iluminación cálida y el jardín vertical construyen una atmósfera de retiro urbano.

Hay algo casi cinematográfico en la experiencia Wittmore: el pasaje oculto, la entrada silenciosa, el retrato ficticio de Lord Wittmore observando a los huéspedes, las habitaciones orientadas hacia fragmentos del jardín vertical, la azotea suspendida sobre los tejados del Gòtic. Y la efímera obra de Berta Blanca T. Ivanow, que solo existe aquí, para que el barrio Gótico recupere, aunque sea a través de un susurro, un pedazo de su alma olvidada.