Con solo 10 años, Sofía Fortuna ya preparaba tartas para conquistar el paladar de sus compañeros de colegio. Ahora, la portuguesa deleita el de miles de turistas y locales que pasean por el Born, una de las zonas más concurridas de Barcelona donde regenta Sucre Cremat, la primera tienda de crema catalana take away de la ciudad.
El local, pequeño y luminoso, hace esquina en el número dos de la calle Canvis Vells. Un espacio moderno y abierto en el que un cartel sobre el origen de este postre emblemático da la bienvenida al cliente. Al otro lado del mostrador, Fortuna y una empleada despachan las primeras cremas catalanas del día. El ritual se repite una y otra vez: el azúcar se quema con un hierro caramelizador del que brota una llama que atrae miradas (y móviles), sobre todo de los turistas. Consumidor Global ha entrevistado a Fortuna para desgranar las claves del éxito de un dulce con siglos de historia.
--¿Cómo nace la idea de vender crema catalana en formato take away?
--Nos hemos inspirado en modelos de negocio de Portugal e Italia con los pasteles de Belén y los tiramisús. En Barcelona no hay ninguna tienda con un producto catalán, así que elegimos la crema catalana porque es el más emblemático de la cultura catalana y el postre idílico para este negocio.
--El origen de este dulce se remonta al siglo XIV, ¿qué tiene de especial?
--Creo que la sencillez. Es algo que marca la historia y generaciones de familias en Barcelona. Los catalanes tienen la crema catalana como algo muy emocional, muy de origen.
--¿Cuál es el secreto para que la crema catalana salga perfecta?
--El secreto son los ingredientes. Usar buenos ingredientes es, sin duda, el principal. La nuestra lleva leche, canela y limón infusionadas y yema de huevo con azúcar y maicena. Ya está.
--Abrió la tienda en julio, ¿cómo ha sido la recepción por parte del público?
--Estupenda. Cada día me sorprende más cómo las personas se enamoran de este postre. Muchos repiten, dicen que está buenísima.
--¿Cuántas cremas soléis vender al día?
--Solemos vender 80 durante la semana y 200 por día el fin de semana semana. Por el barrio en el que estamos, nuestros clientes son más turistas pero también vienen muchos locales.
--¿Qué diferencias hay entre la crema catalana que vendéis y la de una pastelería tradicional o de restaurante?
--Antes de abrir la tienda hice muchas pruebas. Iba a restaurantes y no me convencía ninguna. Probablemente porque en los restaurantes, como tienen otros productos, no prestan tanta atención a la crema catalana. Acaban usando muchos preparados en polvos. Para nuestra crema usamos productos buenos e intentamos que sean de proximidad. Esto es lo que más cambia la textura y el sabor.
--¿Qué diferencia hay entre una crema catalana casera y otra más industrial?
--Primero, la cremosidad. Una crema elaborada con polvos es más grumosa y le falta cremosidad. En segundo lugar, el sabor del huevo.
--¿Qué es lo que más sorprende a los clientes de la suya?
--Quemamos el azúcar al momento. Los clientes se sorprenden aún más porque no esperan que salga fuego cuando quemamos el azúcar. Quedan totalmente enamorados. Es como un souvenir gastronómico.
--¿Estamos ante la gourmetización de un postre de toda la vida?
--No, yo creo que estamos delante de hacer un postre de toda la vida bien hecho y dándole el protagonismo que se merece.
--¿Cuál es el principal reto de llevar este postre al formato take away?
--El reto es más la estacionalidad. Normalmente si hace frío, la gente prefiere estar en casa o en sitios cerrados. Pero, la verdad, de esta forma no estás obligado a tener que ir a un restaurante y comer un primero y un segundo para llegar al postre. Puedes pasar, comprarte una crema catalana, comerla por el camino y seguir disfrutando de la ciudad.