Pocas cosas enfadan más al consumidor que sentirse engañado. Y eso ocurre, cada vez con más frecuencia, con los productos de proximidad en los supermercados. El origen nacional se ha convertido en un potente reclamo comercial pero algunas cadenas parecen más interesadas en explotar esa imagen que en cumplirla.
Uno de los casos más recientes ha sido el de Carrefour. La compañía ha provocado el enfado de su clientela por vender boniato procedente de Estados Unidos etiquetado como si fuese español. Aunque la empresa asegura que se trata de un "error puntual", la realidad es que este tipo de fallos perjudican la confianza del consumidor.
El problema es que no se trata de un caso aislado. Muchas cadenas han convertido el apoyo al producto nacional en una estrategia de marketing mientras sus lineales revelan un origen distinto. Dia presume constantemente de apostar por proveedores españoles, aunque buena parte de las frutas y verduras que comercializa llegan del extranjero. Lidl también ha tenido que rectificar después de etiquetar unos arándanos peruanos como si fueran españoles, otro fallo que la empresa atribuyó igualmente a un "error puntual".
Además, muchos consumidores se quejan de que pagan a precio español lo que en realidad no lo es. La cuestión de fondo no es solo el origen de un boniato o unos arándanos. Es la sensación de que algunos supermercados juegan con la confianza (y el dinero) del consumidor porque saben que el producto de proximidad vende.
Y cuando los "errores puntuales" se repiten demasiado, empiezan a parecer un fraude y una práctica difícil de justificar.