Tierra Brava convierte el Mercat del Ninot en un refugio gastronómico

El restaurante del grupo Somos Esencia mantiene el espíritu novecentista del Mercat del Ninot con una cocina de brasas, producto local y una barra de coctelería concebida para quedarse

El chef acaba una de las tapas de Tierra Brava, mini croissant de steak tartar / CEDIDA
El chef acaba una de las tapas de Tierra Brava, mini croissant de steak tartar / CEDIDA

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Hay restaurantes que se montan para ocupar un espacio y otros que parecen haber estado siempre ahí. Tierra Brava pertenece a la segunda categoría. Ubicado en el Mercat del Ninot, en Barcelona, se convierte en uno de esos sitios de la ciudad que casi no necesita presentación. 

El restaurante cuenta con un doble acceso, uno desde el interior del mercado y otro desde la calle Casanova. El espacio conserva el aire novecentista que los arquitectos Antoni de Falguera y Joaquim Vilaseca aportaron al Mercat del Ninot cuando se encargaron de techarlo en 1933. Un ambiente cálido, de tonos verdes, luz tenue y una gran barra central de coctelería pensada para quedarse sin mirar el reloj.

La brasa como hilo conductor

La carta está diseñada por el chef Luis Arteaga. Apuesta por el producto local y los sabores de siempre pero con algunos toques contemporáneos e internacionales. La brasa aparece como hilo conductor de gran parte de las elaboraciones. 

Entre los entrantes sobresalen clásicos como la gilda, la croqueta de chuletón o el brioche de rabo de toro. Después llegan los arroces, con opciones como el tradicional senyoret o el de butifarra de perol y setas. 

Sabores de siempre en una cocina contemporánea

El mérito de Tierra Brava quizá reside precisamente en ese equilibrio entre lo tradicional y lo nuevo. El restaurante no pretende reinventar la cocina catalana ni convertir el mercado en un escenario sofisticado, sino recuperar cierta idea de restaurante urbano para comer bien y pasar una velada agradable. 

También aparecen platos principales como el canelón relleno de rustido o los calamares a la brasa, propuestas que conectan con una cocina de raíz pero adaptada a un público que busca compartir, probar varias cosas y alargar la sobremesa. 

Una experiencia para compartir

Consumidor Global ha podido probar algunas de las elaboraciones. La experiencia gastronómica comienza con una gilda de pulpo y varias tapas pensadas para el centro de mesa. La croqueta de chuletón, cremosa y contundente, y otra de berenjena, tomate seco y parmesano, más suave. Después llegan las zamburiñas a la brasa con salsa thai, donde el toque especiado aparece bien medido sin eclipsar el producto.

Platos que sirven en Tierra Brava / CEDIDA
Platos que sirven en Tierra Brava / CEDIDA

El pepito de solomillo con holandesa trufada y la pizzeta de fontina, huevo y aceite trufado continúan esa línea de cocina amable y pensada para el disfrute inmediato, sin artificios innecesarios. Son platos que buscan gustar y que encuentran en esa sencillez buena parte de su acierto.

Las alitas que justifican la visita

Pero si hay un plato capaz de resumir el espíritu desenfadado de Tierra Brava son las alitas de pollo deshuesadas al estilo coreano. También el más sorprendente de toda la experiencia. La textura es crujiente por fuera y tierna por dentro. 

La salsa coreana rojiza mezcla soja y picante, entre otros ingredientes, con una armonía bien resuelta. En una carta amplia y variada, estas alitas son ese plato que permanece en la memoria cuando el comensal abandona el restaurante. 

Un final dulce 

La parte dulce, firmada por el chef Edu Flores, mantiene la misma línea de sabores tradicionales que el resto de la propuesta gastronómica. La torrija aparece como uno de esos postres que nunca pasan de moda, mientras que el coulant de avellana aporta un cierre más goloso y actual. 

Para aquellos que prefieran un cóctel como broche final a la comida, siempre tienen la barra central que, de hecho, es lo que más llama la atención cuando el comensal cruza la puerta. "No es un lugar de paso, sino de encuentro. Puedes sentarte, mirar, hablar, observar cómo el producto se transforma delante de ti", destacan desde el restaurante. Con una carta reconocible y el mercado como telón de fondo, Tierra Brava encuentra su lugar sin necesidad de excesos.