Harinas de 1 a 18 euros el kilo: por qué pagar más no siempre significa comer mejor
El tipo de cereal, el cultivo y el proceso de elaboración explican parte de las diferencias de precio, pero los expertos advierten de que una harina más cara no tiene por qué ser nutricionalmente mejor
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La harina es uno de esos alimentos básicos que nunca faltan en la despensa. Aunque la harina blanca de trigo es la opción más común, cada vez hay más alternativas que compiten en los lineales del supermercado. Hablamos de la harina integral, de repostería, de fuerza, de espelta, ecológica, de maíz, de arroz o trigo sarraceno, entre otras.
Unos productos que compiten entre sí en las estanterías y que tienen importantes diferencias de precios. Desde las opciones más baratas que cuestan menos de un euro el kilo hasta las versiones más caras que se acercan a los 18 euros por kilo. Pero, pagar más no siempre significa comprar una harina mejor.
Qué factores influyen en el precio de la harina
No es ningún secreto que el marketing tiene un rol imprescindible en el precio final de un producto. Y la harina no es ninguna excepción. "Las marcas con mejor posicionamiento son más caras", afirma la nutricionista Paloma Quintana a Consumidor Global.
| Tipo de harina | Marca El Gallo (€/kg) | Marca El Corte Inglés (€/kg) |
| Harina blanca de trigo | 1,45 | 0,74 |
| Harina para repostería | 1,79 | 1,09 |
| Harina integral | 1,85 | 0,93 |
| Harina de fuerza | 1,99 | 0,97 |
Pero hay algo más. El precio también depende del tipo de cereal, el cultivo, de cómo se ha procesado el grano y "de las características tecnológicas de la harina", explica a este medio el nutricionista Daniel Moncho.
Cuáles son las harinas más caras
La harina se encarece con sus variedades menos comunes. La harina de maíz de Maicena cuesta 7,21 euros el kilo. Las ecológicas como la de marca Harimsa cuesta 3,58 euros el kilo. La de trigo sarraceno de la marca Dacsa sube a 6,90 euros el kilo y la de arroz de la marca Medina asciende a 17,98 euros el kilo. En estos casos, Quintana sí que justifica el incremento de precios ya que se parte de "ingredientes y procesos de producción mucho más caros".

"Si hay grandes extensiones de trigo convencional, que son muy rentables y muy baratas, esto va a dar lugar a una harina más económica. Si hay un cultivo de una espelta más reducido con determinadas condiciones ambientales o simplemente menor producción, esto va a dar lugar a una harina más cara", subraya.
Caro no es sinónimo de salud
"Lo que debemos tener claro es que una harina más cara no es más saludable", afirma Quintana. Una afirmación que también comparte Moncho. "Las diferencias de precios entre harinas no se justifican nutricionalmente. Muchas marcas juegan con las subidas de precios para que el consumidor perciba que está comprando un producto más premium", sostiene.
"Pero si comparas ese producto con otro de la misma gama más económico, la calidad puede ser la misma o incluso puede ser un poco mejor la del producto más barato. El precio se utiliza como una herramienta de marketing la mayoría de veces", añade.
La harina de fuerza, una fuente de gluten
Ambos expertos coinciden en que la harina de fuerza sí puede tener una razón más objetiva para ser más cara que el resto. Se elabora con unos trigos que están seleccionados para conseguir que haya más contenido de proteína y sobre todo "mayor contenido de proteína formadora de gluten", explica Quintana.
Cuando una harina tiene más gluten da mejores resultados, por ejemplo, para hacer un pan. "Es una harina que está pensada para masas que deben fermentar. Pero no es una harina más buena que el resto, solo es una harina con más gluten", aclara. "Tecnológicamente es una harina más costosa de producir", reconoce Moncho.
Cuidado con las harinas integrales
Desde el punto de vista nutricional, el experto solo considera relevante si una harina es integral o refinada. “La harina integral conserva todas las diferentes partes del grano, incluido el salvado y el germen. Por tanto, aporta más fibra y otros micronutrientes que la refinada no aporta”, explica. Por ello, aconseja optar por las harinas integrales siempre que se pueda.

Sin embargo, no todo vale con las harinas integrales. "La integral también puede encarecerse porque conserva salvado y germen o porque se le añade extra el salvado y germen. Esto es muy común. Las fábricas de harinas blancas tienen todas las harinas iguales y luego a la integral le añaden un poco de salvado y no es que sea harina integral de verdad", asegura Quintana.
En qué debe fijarse los consumidores
No es sencillo comprender la calidad de la harina que compramos como consumidores. "Es complicado saber si estamos realmente delante de una harina que sea de calidad o una que sea más refinada porque entran diferentes etiquetas. Por ejemplo, la etiqueta de ecológica no hace que la harina sea de buena calidad por el hecho de ser ecológica. Lo único que asegura esa etiqueta es que el trigo y la harina han seguido unos procesos ecológicos", explica Moncho.
El experto recomienda buscar siempre "harinas lo más integrales posibles y no dejarnos llevar por este tipo de etiquetas o por si es harina de espelta. Al final una harina de espelta refinada nutricionalmente es peor que una harina de trigo integral".
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