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Lo que no te cuentan de pasar una noche en la cabaña de un árbol

En España cinco empresas ofrecen este tipo de alojamiento en las alturas y todas tienen una larga lista de espera y un precio bastante elevado

Teo Camino

Una de las estancias en Cabañas en los Árboles (País Vasco)

Despertarse sin despertador. A vista de pájaro. Mientras la luz del sol se filtra entre las ramas de los árboles y el desayuno espera en una cesta de mimbre que se sube con una polea. Hay cruasanes, zumo de naranja y café. Sólo se escucha el canto de un tímido ruiseñor. Por supuesto, no hay wifi, ni llamadas que atender, ni obligaciones. Todo es paz y naturaleza. ¿Qué más se puede pedir? Todo es tan natural que tampoco hay electricidad ni agua corriente, y el váter es seco. Dormir en una cabaña abrazada a un árbol es un sueño, sí, pero no es apto para todos los públicos.

En 2009, en los frondosos bosques de Sant Hilari Sacalm (Gerona) construyeron las primeras cabañas en los árboles de España. Ahora, doce años después, en nuestro país apenas cinco empresas han montado este tipo de alojamientos insólitos en Vizcaya, Madrid, Barcelona y Cáceres. La demanda de esta experiencia ha crecido hasta tal punto que reservar una cabaña en cualquiera de estos sitios es una quimera que conlleva un desembolso considerable y meses de espera.

El desayuno se sirve en estas cestas en las cabañas en los árboles de Sant Hilari Sacalm (Gerona)

La cabaña más buscada

“Los fines de semana los tenemos llenos hasta octubre” es la respuesta generalizada al preguntar por la disponibilidad para pasar una noche en una cabaña en un árbol. “Nunca habíamos estado así. En febrero y marzo no hemos tenido ni una noche libre. Ni siquiera entre semana. Parece que la gente necesita más que nunca el contacto con la naturaleza”, explican a Consumidor Global desde Monte Holiday, un ecoturismo situado en el Valle Alto de Lozoya (Sierra Norte), a una hora en coche de Madrid, donde las cabañas en los árboles son el producto estrella.

“Desde que se ha levantado el confinamiento comarcal no ha dejado de sonar el teléfono”, apuntan desde Cabanes als arbres (en Gerona). “Tenemos 15 cabañas y estamos haciendo más porque estamos sobrepasados”, añaden desde Monte Holiday. Lo cierto es que conseguir una reserva en estos enclaves sólo está al alcance del más previsor. Sin embargo, no todas las empresas dedicadas a este negocio están en la misma situación y algunas pasan por un momento más que difícil. “Nosotros sí tenemos disponibilidad. De enero a marzo estuvimos cerrados debido a las restricciones, y ahora estamos a punto de volver a bajar la persiana”, lamentan desde Cabañas en los árboles Zuhaitz-etxeak, situados en un espectacular bosque cercano al pueblo de Zeanuri (Vizcaya).

Una de las cabañas de Dormir en los árboles en Extremadura

Una experiencia cara 

Encontrar una noche libre en cualquiera de estos establecimientos es casi una misión imposible, y eso que no son para nada baratos. “El precio medio es de 135 euros por pernoctación en temporada baja y de 150 euros en temporada alta”, comentan desde Dosrius, donde tienen 16 cabañas en medio de la naturaleza y a menos de una hora de Barcelona en coche.

Por lo general, el precio de pasar una noche en una de estas rústicas construcciones oscila entre los 100 y los 300 euros, con desayuno incluido. Si a esto le sumas la cena --suelen estar en medio de la nada--, alguna actividad extra o un pack romántico, el despertar idílico resulta bastante costoso. Lo extraño es encontrar alguno que ofrezca actividades gratuitas, como es el caso de Dormir en los árboles (Cáceres), un lugar en medio de ninguna parte donde los clientes pueden coger canoas y dar una vuelta por el embalse Rivera de Gata sin coste alguno.

El interior de una de las cabañas en los árboles de Gerona

Sorpresas de la naturaleza que es mejor conocer

Esta forma de turismo responsable y ecológico en plena naturaleza puede resultar muy atractiva para algunos, de ahí la enorme dificultad a la hora de efectuar una reserva y las buenas críticas de las que gozan, pero también los hay que no se acaban de acostumbrar a la falta de comodidades que conlleva pasar una noche en una cabaña. “El váter de las cabañas es una bolsa de basura con serrín y una tapa que emula a la de un WC”, comenta un usuario en las redes sobre este servicio. “Lo peor es que el baño se encuentra en el edificio anexo, lo que resulta incómodo en caso de necesitarlo en mitad de la noche”, apunta otro. Y es que la mayoría de estas cabañas no tienen un baño al uso y para ducharse hay que desplazarse a una zona común.

“Abstenerse adictos al wifi e instagramers”, advierte otro internauta al hacer referencia al hecho de que la mayoría no disponen de electricidad y toda el agua disponible cabe en una jarra. “La cena que te ofrecen tiene un precio de 28 euros por persona. Claro, a ver quién es el listo que baja al pueblo a cenar”, concluye un cliente entre la crítica y la broma.