Las fiestas que ahora arrasan: bailar en silencio y con cascos en la calle

Las 'silent discos' son gratuitas, están en auge y reúnen a centenares de personas en espacios urbanos para danzar en comunidad

Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una 'silent disco' en Montjuïc / TRIBU SILENT DISCO
Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una 'silent disco' en Montjuïc / TRIBU SILENT DISCO

En completo silencio, ciento cuarenta personas bailan en una gran explanada del Fórum de Barcelona, donde antes se hacían los festivales de música. Vistas de lejos, se mueven de forma extraña y están bastante separadas entre ellas. Además, llevan puestos los auriculares. A la misma hora, en una cala de Ibiza un grupo mucho más reducido danza con los pies descalzos sobre la arena. En sus cascos suena la misma música que en Barcelona. Y lo mismo ocurre en el parque de El Retiro de Madrid y en hasta 24 puntos repartidos por toda la península.

Se trata del movimiento Tribu Silent Disco, que nació en noviembre de 2020 en Barcelona y cada vez reúne a más y más gente. “Al principio nos llamábamos Tribu Silent Disco Cat, pero ahora lo hemos cambiado porque hemos crecido mucho y se baila en media España”, explica Roger Martín, uno de los cinco coordinadores de esta asociación. Preparan sesiones de música de una hora y media, las comparten los viernes a través de un  grupo de Telegram y proponen ubicaciones para que los ciudadanos se junten y bailen en espacios públicos todos los domingos.

Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una 'silent disco' en la Barceloneta / TRIBU SILENT DISCO
Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una 'silent disco' en la Barceloneta / TRIBU SILENT DISCO

¿Qué se hace en una Silent Disco?

Empieza una cuenta atrás y a las 12 en punto, “como si de una misa pagana se tratase, le damos al Play”, explica Martín. La sesión grabada, que dura hasta la una y media, la suelen preparar un DJ y percusionistas profesionales que colaboran con el proyecto y mezclan temas tribales, electrónica y casi cualquier ritmo que invite a mover el esqueleto. Todo es gratuito.

Los ciudadanos se reúnen en las ubicaciones pactadas y se expresan con el baile. Después, los que quieren charlan un rato, comen y “cuando terminamos nos vamos a bañar a la playa”, explica Adriana Barba, una de las nuevas coordinadoras del proyecto.

Un movimiento que crece semana tras semana

Aunque era algo que ya se hacía de forma anecdótica en algunos locales antes de la pandemia, la idea inicial de Tribu Silent Disco surgió durante el verano de 2020 al ver que las pistas de baile estaban cerradas. La primera sesión se hizo en noviembre y “éramos una docena de personas”, apunta Martín, quien añade que “ha habido un boom exponencial desde principios de abril”.

Hace un par de semanas asistieron alrededor de 150 personas al Fórum, por lo que desde Tribu Silent Disco han decidido desdoblarse en dos grupos (Fórum y Montjuïc) para evitar aglomeraciones. Al mismo tiempo, la radio local del municipio catalán de Castelltersol les ha cedido dos horas de emisión, lo que les permite estar en FM y en streaming.

Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una silent disco en Baleares / TRIBU SILENT DISCO
Un grupo de personas baila con los cascos puestos en una 'silent disco' en Baleares / TRIBU SILENT DISCO

Cómo se costea una fiesta silenciosa

Adriana, Roger, Carlos, Xavi y Laia son los coordinadores de Tribu Silent Disco y sacan el tiempo que pueden de sus respectivos trabajos para organizar estos singulares eventos. "No tenemos ningún tipo de patrocinador para no perder la esencia del proyecto", aseguran.

Cada ciudadano lleva sus propios auriculares y “contamos con diferentes DJ que forman parte de este movimiento social y comparten sus listas de forma colaborativa”, añaden desde esta asociación altruista.

¿Son seguras estas fiestas?

“Tenemos conocimiento de estas reuniones, pero según hemos podido constatar se llevan a cabo con la debida distancia de seguridad y con el uso de mascarilla”, exponen a Consumidor Global los Mossos de Esquadra. Aunque desde el Ayuntamiento de Barcelona aseguran que si un grupo de más de seis personas quiere ocupar un espacio público debe pedir permiso.

Desde la organización de las silent discos detallan que nunca han tenido ningún problema con la policía. “Como mucho han intervenido por megafonía y han pedido que la gente se ponga la mascarilla. Nos la ponemos y sin problema. No hay discusión”, apuntan. Además, insisten en que ellos abogan por la “autorresponsabilidad y el respeto” de cada asistente.

Los bailadores silenciosos

Tal y como se aprecia en los vídeos que se comparten cada semana, el público que asiste a bailar es de lo más variopinto y no entiende de edades ni de sexos. “Lo importante es encontrarte con otras personas, fluir con la música, bailar con distancia y ver como se expresa la gente”, opina Roger Martín. “Poder bailar en grupo, libres, expresándonos… fue apasionante”, explica una joven barcelonesa que el pasado domingo acudió por primera vez a una de estas reuniones.

Aunque no forma parte de “esta tribu”, el psicoanalista José Ramón Ubieto, autor del libro El mundo pos-Covid, relaciona el crecimiento de este tipo de eventos o encuentros con el auge del audio. “Además, necesitamos el contacto con el otro más que nunca. La gente cuando está desconectada tiene más problemas de salud mental”, concluye.

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