Así fue la inauguración del primer Alcampo en España el mismo día que el 23F: "Vi llorar a Mulliez"
Almudena de Pablo, quien era responsable de personal de la cadena francesa, fue testigo de la apertura del primer centro fuera de Francia aquel 23 de febrero de 1981, en pleno intento de golpe de Estado
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El 23 de febrero de 1981, mientras el teniente coronel Antonio Tejero irrumpía armado en el Congreso de los Diputados, a casi 300 kilómetros de allí, en Utebo (Zaragoza), un grupo de empresarios franceses y directivos españoles aguardaba sin saber que se estaba produciendo un intento de golpe de Estado. La dinastía Mulliez, propietaria del imperio Auchan, esperaba la llegada de las autoridades que debían inaugurar el primer hipermercado Alcampo fuera de Francia.
Entre ellos estaba Almudena de Pablo, entonces una joven responsable de personal y una de las pocas mujeres con responsabilidades directivas en la cadena. Cuatro décadas después, todavía recuerda la extraña sensación de aquel día de trabajo. "Fue muy desalentador", cuenta ahora a Consumidor Global. "No solo por todo el esfuerzo que había detrás, sino porque nadie sabía qué iba a pasar ni con España ni con la empresa".
El 23F visto desde un hipermercado
La tarde del 23F, el primer Alcampo de España estaba engalanado. Se esperaba al gobernador civil de Zaragoza para el corte de cinta. Pero, a medida que avanzaba la tarde, las autoridades no llegaban. El gobernador no aparecía. Tampoco nadie daba explicaciones claras. En un momento dado, las radios empezaron a escupir las noticias sobre los disparos en el Congreso y los tanques de Jaime Milans del Bosch en Valencia. Fue entonces cuando el pánico se apoderó de los invitados.

"Estábamos allí plantados esperando con mucha preocupación", relata Almudena. Finalmente, muy entrada la tarde, fue un jovencísimo alcalde de Utebo quien, con más voluntad que protocolo, inauguró el centro. La ceremonia fue breve, casi furtiva. Al día siguiente, el 24 de febrero, Alcampo abrió. "Cuando se levantó la persiana, no había absolutamente nadie. Dos o tres personas perdidas por los pasillos. Estábamos toda la cúpula francesa y española mirándonos las caras", cuenta la directiva. La inversión millonaria de la familia Mulliez dependía de si España seguía siendo una democracia o no.
Las lágrimas de Gérard Mulliez
Si la mañana fue desoladora, la tarde fue un estallido de consumo catártico. Zaragoza entera se volcó hacia Utebo. Según el relato de Almudena, se formaron atascos de más de 12 kilómetros. En una España que todavía no estaba acostumbrada a las grandes superficies, el efecto novedad, sumado al alivio tras el fracaso del golpe, provocó una avalancha humana.

Fue entonces cuando Almudena presenció una escena que nunca olvidaría: Gérard Mulliez, patriarca de la familia fundadora, llorando. "Vi llorar a Mulliez por todas las dudas. No sé si era alegría, pena o la mezcla de todas las emociones a flor de piel tras unas horas durísimas", explica De Pablo. Mulliez, cuya familia forma parte de la Association Familiale Mulliez (un ecosistema empresarial que incluye a Decathlon o Leroy Merlin), veía cómo su primera aventura fuera de Francia nacía en un país que, por unas horas, parecía haber regresado a una dictadura.
Una apertura de éxito
"Ese 24 de febrero de 1981 hubo una recaudación récord", afirma Almudena. El éxito fue tal que el control se perdió por completo. "Días después seguíamos recogiendo carritos con nuestros coches particulares. Aparecieron carritos de Alcampo hasta en la Plaza del Pilar. La gente se los llevaba en los coches con todo lo que pillaban", añade.

Aquella anécdota, que hoy se cuenta entre risas en las convenciones de la empresa, fue el cimiento de Alcampo en España. El modelo Utebo fue el laboratorio que luego se exportó a Portugal, Hungría o Polonia.
Quién es Almudena de Pablo
Almudena de Pablo llegó a Alcampo en 1980, con poco más de 25 años, tras terminar sus estudios universitarios y con experiencia previa en gestión laboral. Fue contratada como responsable de personal, una función clave en una empresa que debía adaptar su modelo francés a la compleja legislación laboral española. Desde ese puesto participó en la creación de los sistemas de contratación, en la organización de los departamentos de personal de los hipermercados y en la selección de responsables que acompañaron la expansión por España y, más tarde, por otros países europeos.
Hasta 2008, fue una de las pocas mujeres en puestos de responsabilidad en la gran distribución española. "En convenciones de 500 personas éramos dos o tres mujeres", recuerda. "No me sentía discriminada directamente, pero la empresa tiene un machismo estructural que aún persiste", desvela.
Cuando las empresas crecen, "se pierden" los valores y la esencia
"Valoro muy positivamente la evolución de Alcampo y la modernidad que ha aportado a España. Creo que siempre ha sido una empresa bastante innovadora", destaca Almudena. "Hasta la fusión de Pryca y Continente (Carrefour) en los 2000 estábamos solos. No teníamos competencia. Pero, cuando las empresas empiezan a crecer de esta manera tan grande, se empiezan a perder los valores y las esencias del inicio", reconoce.
Hoy, Alcampo es un gigante consolidado, un actor clave en la cesta de la compra del consumidor español. Pero en su ADN siempre quedará grabado aquel febrero de 1981, cuando la persiana de la primera tienda en España se levantó para abrir un camino a una empresa y a una forma de consumir, en el mismo instante en que un país temblaba por un golpe de Estado. "Fue una historia que se quedó grabada. Fuimos pioneros de algo que cambió la forma de comprar en este país", concluye Almudena.

