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Ir hecho un pincel será más caro a partir de ahora: las tintorerías suben sus precios un 10%

El aumento de los precios de la electricidad empuja a estos negocios a incrementar sus tarifas, que seguirán al alza en los próximos meses

Varias prendas sobre sus perchas en una de las tintorerías que sube sus precios / UNSPLASH
Varias prendas sobre sus perchas en una de las tintorerías que sube sus precios / UNSPLASH

Algunos de los grandes diseñadores de moda han hablado de la elegancia como si se tratase de una prima segunda de la sencillez, una suerte de ligereza estética asequible entre la espontaneidad y la sobriedad. Ahora bien, para los no iniciados, lavar y planchar un traje o un vestido y dejarlo perfecto para brillar en un evento o causar buena impresión en una entrevista puede ser de todo menos sencillo. Por ello, las tintorerías suponen un salvoconducto hacia la elegancia, y, por menos de lo que cuesta el plan premium de Netflix, permitían a cualquiera lucir impecable. Pero el huracán inflacionista también amenaza a estos negocios.

Para las tintorerías, el problema no reside solo en el alza de la electricidad, sino también de los plásticos o el agua. Quizá la elegancia no tenga precio, pero ir hecho un pincel con la ropa que sale de uvas a peras del armario es ahora más caro.

“Habrá otra subida en enero”

José Pérez es empleado de la Tintorería Los Ríos, un negocio madrileño que desde 1977 elimina las manchas y trata con mimo las prendas de sus clientes. Aquí, lavar y planchar un traje cuesta 13 euros. “El nuestro es un negocio que depende muchísimo de la luz, y quizá ahora la factura sea el doble que antes, nos ha afectado mucho. Hemos tenido que subir los precios, si no, no nos da”, lamenta Pérez a Consumidor Global. En concreto, el aumento (que se ha aplicado de forma paulatina) ha sido de un 10 %. Pero no ha sido definitivo. “Tenemos pensado hacer otra subida en enero”, reconoce Pérez. “Algunos clientes se quejan y tal, pero intentamos explicárselo de la mejor manera para que lo comprendan”, añade.

Una tintorería de Madrid / FLICKR CREATIVE COMMONS
Una tintorería de Madrid / FLICKR CREATIVE COMMONS

Desde la perspectiva que le dan sus años de experiencia, Pérez habla de los cambios en el negocio, y cree que a muchas personas ya no les sale a cuenta acudir a la tintorería. “Las prendas ahora son mucho más baratas y tienen peor calidad. Si una americana le ha costado a alguien 10 euros y la limpieza sale por 15, no le merece la pena”, señala. “Antiguamente era diferente, la ropa era mejor y más cara”, señala. Por otra parte, Pérez no se muestra muy preocupado por la proliferación de las franquicias de lavanderías low-cost, donde el cliente puede lavar su ropa por unos pocos euros. “Hoy hay mucha más competencia, pero nosotros hacemos un trabajo prenda por prenda. Allí es diferente”, afirma, con empaque.

Los clientes llevan menos trajes a la tintorería

La luz es nuestra materia prima y nuestra herramienta de trabajo”, cuenta Carolina Laredo, responsable de la zaragozana Tintorería Avenida. “Ha subido todo, no sólo la electricidad, sino el agua, el plástico o las perchas”, enumera. Por eso, ellos también han aplicado una subida de entre un 10 y un 15 % a sus tarifas. No obstante, Laredo trata de ver la parte positiva. “Después de la pandemia, este año ha sido una resurrección, ha habido de nuevo bodas y se ha recuperado la vida social”, argumenta. Pero no todo es como antes. Por ejemplo, la popularización del teletrabajo reduce su volumen de operaciones. “Ese cliente que antes traía tres o cuatro trajes, quizá ya solo trae uno”, apunta.

Una persona plancha / PEXELS
Una persona plancha / PEXELS

En este sentido, Laredo cree que los actuales ritmos de la sociedad, que cada vez dispone de menos tiempo, imponen cambios. “Te subes a un medio de transporte y ves que la gente no lleva la ropa de tintorería y opta por opciones más cómodas”, indica, sin reproche, pero con cierto desencanto. Y, sobre el futuro, cree que aún habrá que hilarlo: Laredo prefiere no pensar mucho en cuál será el horizonte del negocio. “Después de la pandemia, sólo quiero pensar en el hoy. Lo que tenga que pasar, pasará”, afirma.

“No podemos soportar este gasto tan grande”

María Gisbert, de la Tintorería Gisbert (Sabadell) explica que también han tenido que subir sus tarifas por culpa de la escalada de precios, aunque no ha sido nada “descabellado”, sino algo cercano al 15 %. “Toda la maquinaria de la tintorería consume mucha energía, y hay que pensar que han subido muchas otras cosas aparte de la electricidad”, explica.

Un hombre con un traje bien planchado /  PEXELS
Un hombre con un traje bien planchado /  PEXELS

Con una resignación similar en la voz, desde la Tintorería Cristina, ubicada en Sevilla, Patricio Melé asegura que han tenido que “aceptar” el subidón de la electricidad e intentar capearlo como buenamente se ha podido. “Por ejemplo, intentamos no poner la maquinaria en las horas punta, para reducir costes”, expresa. De momento, no han subido sus precios, pero todo hace presagiar que deberán hacerlo. “Pensamos que en septiembre habrá que subir. No podemos soportar ese gasto tan grande”, indica Melé, que prefiere no hacer una estimación.

Entre la incertidumbre y el optimismo

Bajo su punto de vista, otro factor que complica la situación del sector es la menor asistencia de los clientes. “La subida afecta a todo el mundo y la tintorería es un gasto secundario, que no se puede comparar con la comida. Ya son menos los clientes que acuden asiduamente”, indica Melé. En este contexto, cree que el futuro será complicado. “No paramos de ver cómo cierran comercios y de un día para otro aparecen carteles de ‘se alquila’. Una vez que sube la luz o la gasolina, ya no hay vuelta atrás”, vaticina.

Jesús Pérez Ledo es el dueño de Tintorería Ledo, un negocio vallisoletano con 50 años de experiencia, y aporta la nota de optimismo: “Hemos subido alguna cosa de forma puntual, quizá 50 céntimos en alguna prenda, pero en ningún caso un 10 %. Somos una tintorería grande”, remarca. Para este experimentado propietario, lo importante es seguir adelante. “Ya ni pensamos si la luz está arriba o está abajo. Hacemos nuestro trabajo lo mejor posible y ya está”, concluye.

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