¿Conoces la enésima dieta de moda que llaman prometabólica o bioenergética?
La llaman dieta prometabólica o bioenergética y promete mejorar el metabolismo, la función tiroidea y el equilibrio hormonal. Pero detrás de esta aparente novedad hay ideas de hace décadas, algunas razonables y otras que no están apoyadas por la ciencia.
Escucha el artículo ahora…
Cuando uno cree haber completado el álbum de las dietas de moda —keto, paleo, ayuno intermitente, Dukan, Montignac, etc.— aparece otra dispuesta a reclamar nuestra atención. En este caso se presenta con adjetivos tan positivistas como cientifistas. Hablo de la dieta prometabólica o bioenergética y, aunque pueda parecer una ocurrencia recién salida de TikTok, buena parte de sus fundamentos tienen ya unas cuantas décadas.
Detrás de estos planteamientos está Raymond Peat, un biólogo estadounidense fallecido en 2022 que desarrolló durante décadas una particular interpretación de las relaciones entre metabolismo, alimentación, hormonas y salud. Además de los sugerentes nombres mencionados, a este estilo de alimentación también se le conoce como Dieta de Ray Peat o, simplemente, Peating.
La propuesta tiene además varios elementos para triunfar en redes: permite elevar el guion al hablar de metabolismo, cortisol, tiroides, estrógenos, inflamación y “equilibrio hormonal”; identifica alimentos “milagrosos” que supuestamente favorecen todos esos procesos y, como corresponde a casi toda dieta con vocación de convertirse en doctrina, también dispone de sus particulares villanos.
“Activar el metabolismo” como premisa central
El objetivo central de esta dieta empata en elocuencia y buenismo. La alimentación prometabólica o bioenergética aboga por mantener un metabolismo activo favoreciendo el funcionamiento de la tiroides y con ello reducir el estrés. Que nuestro organismo necesite suficiente energía y nutrientes para funcionar correctamente no es un problema, pero sí el unir a estas obviedades las listas de alimentos que supuestamente “activan” el metabolismo y cuáles lo perjudican. Más aún cuando ambos listados son más que cuestionables.
Entre los alimentos beneficiosos aparecen con frecuencia frutas maduras, zumos —con especial predilección por el de naranja—, leche y otros lácteos, miel, azúcar, huevos, carne, marisco, café, gelatina y aceite de coco. En el otro extremo, el de los perjudiciales, destacan los cereales integrales, legumbres y, muy especialmente, los aceites vegetales procedentes de semillas, ricos en ácidos grasos poliinsaturados (PUFA). No será por casualidad que la actual viralización de esta dieta conecte de forma casi perfecta con otras corrientes muy presentes en redes: la demonización de los llamados aceites de semillas, el posicionamiento en los altares de la grasa de coco, el papel de la carne, etc.
El autor, que además no era precisamente moderado, llegó a cuestionar incluso el carácter nutricionalmente “esencial” de los ácidos grasos poliinsaturados (en especial los omega 6) y los relacionó con una menor actividad metabólica, alteraciones tiroideas, inflamación, envejecimiento y estrés.
Desmontando a Ray Peat 1: los ácidos grasos poliinsaturados
Cuando se contrasta este planteamiento con los resultados de los estudios en humanos, el panorama cambia considerablemente.
Una revisión sistemática Cochrane de 49 ensayos clínicos, con más de 24.000 participantes, concluyó que aumentar el consumo de grasas poliinsaturadas probablemente produce una pequeña reducción de los acontecimientos cardiovasculares y coronarios. Otra revisión Cochrane encontró que reducir las grasas saturadas disminuye los eventos cardiovasculares, y que este beneficio se observa especialmente cuando parte de esa energía se sustituye por grasas poliinsaturadas.
También resulta difícil sostener que el ácido linoleico —el principal omega-6 de muchos aceites vegetales— sea necesariamente proinflamatorio tal y como afirmaba Peat. Una revisión sistemática de ensayos controlados no encontró que aumentar su consumo incrementara los marcadores inflamatorios en personas sanas. Años después, un metaanálisis de 30 ensayos clínicos y 1.377 participantes llegó, en esencia, a la misma conclusión.
Todo esto no significa que cualquier producto elaborado con aceites vegetales sea saludable ni que la calidad de una dieta pueda juzgarse exclusivamente por su perfil lipídico. Pero sí nos deja bastante claro que, a la luz de la ciencia actual, no hay fundamento para convertir a los ácidos grasos poliinsaturados ni a los aceites de semillas (la principal fuente dietética), en el enemigo metabólico que propone esta corriente.
Desmontando a Ray Peat 2: el azúcar
Frente al discurso dietético que atribuye prácticamente cualquier enfermedad a los hidratos de carbono, Peat defendía que glucosa, fructosa y sacarosa de los alimentos podían mejorar el metabolismo de la glucosa (y por tanto la diabetes), el funcionamiento tiroideo y una menor respuesta de las hormonas relacionadas con el estrés.
Si bien Peat no propone vivir a base de terrones de azúcar, fomenta el uso de frutas, zumos, leche y miel. De hecho sus recomendaciones son bastante contrarias a cómo se hacen las recomendaciones nutricionales actuales sobre el azúcar. Una cosa es recordar que los hidratos de carbono no son perjudiciales por definición —porque no lo son— y otra bastante distinta atribuir propiedades metabólicas protectoras al azúcar.
Las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud aconsejan mantener el consumo de azúcares libres por debajo del 10% de la energía diaria, y sugieren reducirlo por debajo del 5% para obtener beneficios adicionales. Conviene recordar además que dentro de los azúcares libres se incluyen los añadidos, pero también los presentes naturalmente en la miel, los jarabes y los zumos de fruta. Así que cambiar el azucarero por miel o beberse tres naranjas en lugar de comérselas no hace desaparecer el azúcar libre por mucho que en el guion hablemos de metabolismo.
Desmontando a Ray Peat 3: la ensalada de zanahoria muy viral y nada hormonal
Toda dieta de moda necesita algún elemento talismán, y la prometabólica cuenta con el suyo propio: la ensalada de zanahoria cruda.
La “original” suele incluir zanahoria rallada, vinagre, sal y aceite de coco y de ella se afirma que ayuda a eliminar el exceso de estrógenos, “equilibrar las hormonas”, mejorar el síndrome premenstrual, reducir el acné o beneficiar diferentes problemas digestivos (y no, de la seborrea no dice nada… que yo sepa).
Cierto es que la presencia de fibra en la dieta puede influir sobre la excreción fecal y la circulación enterohepática de los estrógenos, pero de ahí no se deduce que una zanahoria rallada diariamente reduzca el “exceso de estrógenos”. Menos aún que constituya un tratamiento para síntomas relacionados con las hormonas.
El National Capital Poison Center, una organización estadounidense independiente especializada en toxicología y control de intoxicaciones, ha revisado esta tendencia y señala que no existen estudios científicos que demuestren que la ensalada de zanahoria cruda equilibre las hormonas ni publicaciones que respalden los efectos sobre los estrógenos que Peat le atribuía. Eso no ha impedido que los vídeos asociados a esta tendencia hayan superado los diez millones de visualizaciones en TikTok.
Hace muchos años le oí a un catedrático de nutrición una frase que resume a la perfección estos planteamientos dietéticos, que se le pueden aplicar 100% a la dieta de Ray Peat (sea cual sea el nombre que adopte) y, muy probablemente a cualquier dieta de moda que esté por venir: “De estas dietas cabe afirmar que tienen cosas buenas y originales, pero las buenas no son originales y las originales no son buenas”.
Añadir Consumidor Global como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.