Más no siempre es mejor, ni tan siquiera de aquello que es necesario

Buena parte del negocio de los suplementos se sostiene sobre una idea tan intuitiva como equivocada: que si una sustancia es necesaria para la salud, consumir más aportará más beneficio

Más no siempre es mejor
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Se atribuye al médico y alquimista suizo Paracelso (considerado uno de los padres de la toxicología) una frase que resume una de las lecciones más importantes de esta disciplina: “Nada es veneno, todo es veneno; el veneno está en la dosis”. Cinco siglos después de haberla formulado, esta sigue siendo una de las ideas científicas peor comprendidas por el gran público.

Si piensas en “veneno” es probable que te vengan a la cabeza sustancias extrañas, peligrosas o artificiales como algún gas nervioso (Sarín, VX, etc.), el arsénico, el cianuro, la toxina botulínica... Pero la realidad es bastante menos intuitiva: prácticamente cualquier sustancia puede resultar perjudicial si la cantidad es suficientemente elevada. Incluso aquellas sin las que la vida sería imposible.

Nada es veneno, todo es veneno

El agua y el oxígeno son, probablemente, los mejores ejemplos. Ningún ser humano puede sobrevivir sin agua. Sin embargo, beber varios litros en muy poco tiempo puede provocar una intoxicación grave, que en casos extremos puede llegar a causar convulsiones, coma e incluso la muerte. Por su parte, el oxígeno, ese gas imprescindible para la vida, tiene el mismo “problema”, la administración de oxígeno en concentraciones elevadas y durante periodos prolongados puede provocar toxicidad e importantes lesiones pulmonares.

En el terreno de la alimentación tenemos infinidad de ejemplos. Aquellos nutrientes que necesitamos porque desempeñan una función vital se tornan dañinos cuando se superan ciertos límites (en inglés “Tolerable Upper Intake Level” o UL). Y, esto es importante, prácticamente todos los nutrientes tienen establecido su “límite superior”.

Por citar solo unos pocos ejemplos, la vitamina A, esencial para la visión y el sistema inmunitario, puede provocar toxicidad hepática y alteraciones neurológicas cuando se consume en exceso. Lo mismo ocurre con minerales como el hierro o el selenio, indispensables para múltiples funciones fisiológicas, pero potencialmente tóxicos por encima de determinadas dosis. Y así con la vitamina D, el magnesio, el calcio, la vitamina C. En estas tablas de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria se incluyen las UL para vitaminas y minerales.

La necesidad no convierte el exceso en virtud

Nuestro organismo necesita cantidades concretas de nutrientes, ni muy pocas ni demasiadas. Las justas dentro de márgenes concretos. Mantener ese equilibrio, lo que en términos de fisiología se conoce como homeostasis, es una prioridad. Cuando ese equilibrio se rompe, tanto por defecto como por exceso, aparecen los problemas.

Sin embargo, esa idea choca con una intuición tan extendida como errónea: si una cantidad es buena, una mayor debería ser todavía mejor.

Es una forma de pensar que aparece constantemente en el ámbito de la alimentación y la salud. Si las proteínas son necesarias para conservar la masa muscular, más proteínas deberían traducirse en más salud. Si el magnesio participa en cientos de reacciones del organismo, un aporte extra debería mejorar nuestro rendimiento o nuestro descanso. Si una vitamina desempeña tal función, tomar un suplemento debería potenciar o mejorar esa función. Así parece que debiera ser, pero en biología las cosas no funcionan así.

No funciona en biología ni tampoco en otros ámbitos. Si a tu coche de gasolina le metes el combustible de litro en litro en los cilindros (en vez de en las cantidades precisas que dosifican los inyectores) tu motor se ahogará y se parará. Más no siempre es mejor. Al contrario, superados ciertos límites, incluso de aquello que es necesario, puede poner tu salud en riesgo.

La publicidad de suplementos se aprovecha de la intuición de los consumidores

Existe un cuerpo legal de alegaciones de salud autorizadas que se permite hacer sobre la presencia de este o aquel nutriente en los alimentos o en los suplementos. Por ejemplo: el calcio contribuye al mantenimiento de los huesos en condiciones normales. El magnesio participa en el funcionamiento normal del sistema nervioso. La vitamina C contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Todo eso es cierto. Y expresarlo en el etiquetado, legal.

Lo que ya no puede deducirse automáticamente es que una persona que no presenta ninguna deficiencia vaya a obtener beneficios adicionales por consumir cantidades superiores a las necesarias.

La diferencia es enorme porque se convierte una presunta necesidad fisiológica en una innecesaria promesa comercial.

La ciencia de la nutrición lleva décadas mostrando que la mayoría de las personas obtiene todos los nutrientes que necesita mediante una alimentación variada. Cuando existe una deficiencia diagnosticada o una situación clínica concreta, la suplementación puede ser necesaria e incluso imprescindible. Pero esa es una situación muy distinta que la de recomendar suplementos de forma generalizada a personas sanas con la expectativa de mejorar funciones que ya se desarrollan con normalidad.

Más allá de la propia naturaleza humana, cualquier sistema biológico ha evolucionado para funcionar dentro de márgenes relativamente estrechos. Ni la carencia ni el exceso son deseables. En ambas situaciones se asume un riesgo considerable para el sostenimiento de dicho sistema.

¿Sabrías decir cuánto de este mineral o de aquella vitamina cubres con tu alimentación?

Antes de tomar un suplemento conviene hacerse una pregunta muy sencilla: ¿sabemos cuántas vitaminas y minerales aporta ya nuestra alimentación diaria? La pregunta es legítima (y prudente) porque, si no se sabe lo que se introduce con los alimentos y si sabemos que el exceso es peligroso ¿de veras nos la vamos a jugar incluyendo megadosis de este o aquel nutriente? (sí, los suplementos suelen incluir los nutrientes en “megadosis”).

Recuerda que el mejor suplemento sigue estando en el plato y que solo con el plato, en el marco de una alimentación equilibrada, es difícil acabar tanto en el déficit como en el exceso.

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