De la mejor tapa de Ibiza a la nieve de Formigal: la apología del disfrute del Grupo Vivir Descalzo
Este emprendedor, cofundador de las marcas de ocio y restauración Playa Soleil, Roto y Dúo, defiende que en Ibiza “hay determinados puntos de moda que son polos de atracción y lo van a seguir siendo”
Escucha el artículo ahora…
Vivir Descalzo es un grupo de restauración que “crea y gestiona lugares únicos, con el objetivo de que los visitantes disfruten de entornos desenfadados donde cada uno es protagonista de su propia historia”. Ibiza, esa isla donde el hedonismo cosmopolita se mezcla con la esencia mediterránea (con las correspondientes fricciones), es la enseña reina con un enjambre de locales: Playa Soleil, Filin, Remo Tapas Bar Marina Village y los Apartamentos Bora-Bora. A este conglomerado isleño se suman Cala Dúo (Formentera) y tres locales de la marca Roto ubicados, respectivamente, en Ibiza, Formigal y Zaragoza.
Así, Vivir Descalzo sabe mucho de descorchar champán, de poner buena música, trabajar materias primas y aplicar “un punto canalla” cuando toca. Miguel Sancho Gallego y Andrés García-Prado, los fundadores, se conocieron en Ibiza y se entusiasmaron con las ideas del otro. El segundo las expresa con la claridad y el empuje de quien, de algún modo, trabaja con la promesa perenne de un nuevo verano y la responsabilidad de gestionar, en temporada alta, una plantilla de unos 500 empleados.
Autenticidad y diversión
“Siempre que hemos montado un local nuevo lo hemos hecho pensando en sitios a los que a nosotros nos gustaría acudir como clientes”, cuenta García-Prado sobre su idea de la autenticidad a preguntas de este medio.

Este hostelero recuerda cómo fue la génesis de su primer local en Formentera. “Nos juntamos los tres socios y uno decía que quería el suelo de arena; otro, que era vasco, quería que pusiéramos chuletón… Siempre hemos pensado qué experiencia nos gustaría vivir a nosotros para compartirla con nuestros amigos. No tiene nada que ver con estudios de marketing y con cosas por el estilo, sino con la voluntad de disfrutar”, describe.
Roto, un híbrido “con un poquito de marcha”
Años más tarde tomaron la decisión de abrir Roto en Ibiza. Ni él ni su socio son ibicencos, pero viven allí todo el año y echaban de menos “un sitio donde poder cenar y tomar una copa en invierno. No había nada así por entonces, no existía ese híbrido con un poquito de marcha que no llegase a ser una discoteca. Así que nos lo montamos, y al final ha sido un éxito”.
Roto es hoy un place to be donde los clientes pueden ver el atardecer mientras escuchan música y toman un cocktail Venus de maracuyá después de un plato de sushi, una ensaladilla o unas alcachofas. Y, tras eso, bailoteo.

Remo, un bar de tapas “accesible y vibrante”
La última apertura del grupo es Remo, un bar de tapas “en la milla de oro de Ibiza” que en su página web se describe como “accesible, espontáneo, vibrante”. El primer adjetivo es clave, en tanto que en la isla no es infrecuente llevarse un susto al revisar la cuenta. “Es un pulmón verde, hemos metido 40 o 50 árboles y hemos creado un tapas bar bien hecho con precios razonables para que el cliente no tenga la sensación de que le están tomando el pelo”, desvela García-Prado.
Cuando sus amigos venían a Ibiza, relata este hostelero, argüían que no todos los días podían “pagar un dineral” al salir a cenar, así que entiende que Remo viene a cubrir un hueco: un cucurucho de cazón en adobo por 14,50 euros o unos gambones al ajillo con patatas panadera y huevos de corral por 18 euros.
La mejor tapa de Ibiza
Aunque García-Prado dice que Remo “está por hacer”, al contrario de lo que sucede con sus marcas consolidadas, ya se ha apuntado algún tanto interesante: ha sido elegido, por votación popular, como el local en el que se sirve la mejor tapa de Ibiza, una croqueta de manita de cerdo con tartar de gambusí e hinojo marino.

“Es una tapa que vale 3,50 euros. Estamos muy contentos, y los chefs son los que tienen el mérito de hacer esta gamberrada. Ahora bien, es cierto que la cocina de proximidad es muy agradecida: si eres capaz de encontrar productos de calidad cerca de ti, lo tienes más fácil. Te dan mucha consistencia en tu cocina, y cuando vienen clientes de fuera y son conscientes de la calidad de nuestro producto local, de alguna manera se sorprenden”, indica el empresario.
La cuenta desaparece
Ese espíritu desenfadado hace posible que la fortuna visite al cliente de Remo de una forma insospechada: si lanza un dado y saca un 5, la cuenta le sale gratis. “Cuando inauguramos Remo la pasada temporada, tuvimos esta otra gamberrada. Pensábamos qué hacer para que la apertura fuese llamativa, pero realmente no hemos buscado más que divertirnos”, explica García-Prado.
Este empresario precisa que fue en un viaje a Nueva York cuando su socio encontró un local con esta propuesta y decidió implementarla en su bar de tapas. “Lo que le decimos a la gente con esto es ‘disfruta de esa ilusión con los que están contigo en la mesa’. Durante el verano se paró, porque solamente abríamos de noche, y ahora lo volveremos a poner en marcha cuando tengamos el arranque de la segunda temporada”, revela.

Mimo y respeto por el producto
Respecto a la cocina y la preservación de la identidad mediterránea, García-Prado declara que a él le gusta que los sabores “no estén enmascarados. No me pongas ocho salsas. Al que le gusten las salsas, que las tome, pero el buen producto tiene que estar cocinado con mimo y respeto”.
Mimo y respeto son dos puntales, precisamente, que ayudan a consolidar una marca. “En Ibiza las modas duran mucho más que, por ejemplo, en Madrid, donde todo va más rápido. Es más fácil hacer marca. Nosotros trabajamos en un sitio en el que la mayoría de los locales son temporales, y cada año tenemos que montar plantillas nuevas. Ese es el principal reto. Cada año, en un periodo de cuatro o cinco semanas, abrimos unos diez locales”, narra.
Previsiones para 2026
En un invierno frío, García-Prado mira al corto plazo con optimismo. “El verano de 2026 va a ser bueno. Es la sensación que tengo por las pre-reservas. Veo la curva y creo que, para la última semana de febrero, ya sabré que en alguno de nuestros locales vamos a tener unos 40 días en verano sin posibilidad de hacer reservas”, pronostica.

Ahora bien, Andrés matiza que el verano será bueno “para los clásicos de las islas”, es decir, los que llevan “mucho tiempo” o “los que están muy de moda”.
Reducción de la demanda
Algo ha cambiado en el archipiélago. “Hace unos años, llenábamos Roto al completo, con unos 400 cubiertos la noche, y además teníamos otros 200 en lista de espera. Esas 200 personas que no cabían en el restaurante terminaban cenando en, digamos, restaurantes de un segundo nivel (no de calidad, sino un segundo nivel de conocimiento)”. Desde hace un par de años, el lleno se mantiene, pero la lista de espera se ha reducido drásticamente.
Eso significa, interpreta este hostelero, que hay una contracción de la demanda que, no obstante, tiene muchos matices. “¿Hay menos gente en Ibiza y Formentera? Depende de cómo lo cuentes. Si cuentas el número de personas que entran por el aeropuerto de Ibiza y comparas el año 2024 con 2025, la cifra es prácticamente la misma”, apunta.

Estancias más cortas
Lo que ocurre es que las estancias se han acortado: “Hay otras mediciones que dicen que cada día en Ibiza hay unas 8.000 personas menos. Por tanto, los visitantes tienen uno o dos días menos para salir a cenar, para tomar copas, para ir a la playa o para alquilar coches. Y ese es un volumen importante”, reconoce.
En este contexto, los expertos hacen cálculos, reajustan algún plan de expansión y escuchan con pavor a la administración. Hace unas semanas, El Periódico de Ibiza publicó que la isla había conseguido “reducir de forma significativa la presión humana sobre su territorio sin sacrificar actividad económica ni atractivo turístico”. Pero el equilibrio es delicado y las voces que alertan de los riesgos no se silencian: presión hídrica, protestas de residentes y la sospecha de que la fiesta, en algún momento, podría terminar.
Competir con Mykonos y Santorini
García-Prado se muestra muy claro al respecto: “No podemos olvidar que Ibiza y Formentera, que son la cuna de la libertad hippie, compiten con Mykonos, Santorini y Miami. No hablamos del cliente normal, sino de uno que tiene muchísimo dinero. Ese visitante genera un volumen de negocio muy alto y permite que la gente de las islas viva de ello (no solo el hostelero: el que tiene un kiosko, una gasolinera o un gimnasio) todo el año”. Así que tenemos que hacer que su experiencia sea tan satisfactoria como en esos otros lugares”.

La pregunta no ha dejado de plantearse en los últimos años: ¿Hace falta que baje la presión turística en Ibiza? “Hay zonas de Ibiza con una presión alta y otras donde esa presión no se da. Hay unos determinados puntos de moda que son polos de atracción, y lo van a seguir siendo”, opina.
“Prohibir poco y regular poco”
“Yo he sido toda mi vida de prohibir poco y de regular poco. Creo mucho en la libertad de la gente, mientras no molesten al de enfrente”, defiende el socio de Vivir Descalzo.
Menciona varios episodios en los que se ha tratado de prohibir tajantemente la música y los auriculares en determinados chiringuitos o locales ibicencos, algo que, considera, “no tiene sentido” y limita las “posibilidades creativas” de determinados hosteleros. “Vamos a intentar hacer que las cosas sean razonables”, concluye.


