Cerveza o vino: descubre qué bebida es menos dañina para el organismo

Los entendidos recalcan que todo el alcohol es tóxico, pero ofrecen una serie de claves sobre qué brebajes son peores para el cuerpo humano

Un camarero sirve cerveza en un bar español / EP
Un camarero sirve cerveza en un bar español / EP

Beber alcohol, aunque no lo ponga en la etiqueta, mata. En concreto, el consumo de bebidas alcohólicas provoca 250.000 muertes por cáncer de hígado cada año en el mundo y está relacionado con más de 200 enfermedades. Mientras tanto, los grandes productores de cerveza y vino han logrado inculcar en la sociedad la creencia de que una ingesta moderada puede ser saludable.

Se trata de la droga --es una sustancia psicoactiva-- más consumida por los españoles, y en especial durante las vacaciones de verano, cuando el clima, la ausencia de rutinas y una vida social más activa hacen que los ciudadanos aumenten la ingesta alcohólica. Aunque los expertos repiten una y otra vez que el único consumo saludable de alcohol es cero, también diferencian entre las distintas bebidas y sus efectos, más o menos nocivos, sobre la salud.

Vino o cerveza

“La mejor opción siempre es la que contiene una cantidad de alcohol menor”, expone a Consumidor Global Ángel Soriano, dietista experto en nutrición clínica y miembro de Doctoralia. “Aunque la cerveza tiene menos alcohol, se suele beber en mayores cantidades que el vino, y en la dosis está el veneno”, añade este especialista, quien asegura que se decantaría por el vino.

Los vinos, por norma general, tienen entre 12 y 15 grados de alcohol. Mientras que las cervezas suelen situarse, en su gran mayoría, en una graduación que va de los 4 a los 6 grados. “Si bebes la misma cantidad de vino que de cerveza, ingieres menos alcohol con la birra”, apunta Óscar Huertas Rosales, bioquímico y divulgador científico en Laniakea, quien recuerda que la graduación hace referencia a la cantidad de etanol que contiene una bebida, pero que estas también pueden llevar otro tipo de alcoholes --metanol, n-propanol, isobutanol, 2-feniletanol, isoamílico, butanodiol, acetoína, mesoinositol, manitol y sorbitol, entre otros-- que no se anuncian en el etiquetado porque están en cantidades pequeñas, pero que son muy dañinos. “Tanto el consumo de cerveza como el de vino tienen muchos efectos secundarios y son tóxicos para el hígado y otros órganos del cuerpo”, zanja Huertas, que, si ha de elegir, se decanta por la cerveza por su menor graduación.

Bebidas caseras o comerciales

Los vinos caseros “son los peores porque no pasan control alguno”, alerta Huertas sobre los riesgos de este tipo de brebajes que pueden contener la amplia variedad de alcoholes citada anteriormente, algo que en los vinos y cervezas elaborados en fábricas “se limita” y “se controla”, por lo que son menos perjudiciales.

En este punto, los dos entendidos coinciden en que, tanto en el caso del vino como en el de la cerveza, la baja graduación, la calidad del producto y la cantidad ingerida son esenciales para evitar riesgos en exceso. Dejando de lado estas tres claves, las diferentes tipologías de estas bebidas son solo una cuestión de gustos.

Los peligrosos destilados

Cabe recordar que destilados como la ginebra, el vodka, el ron y el whisky contienen entre 40 y 50 grados de alcohol, una cantidad elevadísima que es muy perjudicial para la salud. Por ello, ambos coinciden en que cuanto menos se consuman este tipo de bebidas, mejor.

“Las bebidas más transparentes como el vodka o la ginebra suelen llevar menos congéneres --alcoholes secundarios--, pero no dejan de tener un grado alcohólico altísimo”, apunta Huertas, quien añade que siempre será menos nocivo elegir una bebida de una marca conocida y consumirla mezclada con agua en pequeñas dosis. Por otro lado, combinar alcohol con bebidas energéticas “es una atrocidad. Es como tomar diazepam y café solo. Es un sinsentido peligroso”, advierte Soriano.

Estanterías con destilados en un bar / PEXELS
Estanterías con destilados en un bar / PEXELS

Alimentación e hidratación

Como es lógico, haber comido bien es importante para que el cuerpo sufra un poco menos con la ingesta moderada de alcohol y pueda degradar con mayor facilidad el etanol.

Al mismo tiempo, el alcohol es diurético y deshidrata, por lo que “combinar el consumo de vino o cerveza con el consumo de agua para eliminar toxinas y rehidratarse siempre ayuda”, apunta Soriano. Poner un par de hielos en la copa de vino, algo que se hace cada vez más en verano, “diluye la cantidad de alcohol y aporta un poco de hidratación”, sentencia Huertas.

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