Comer insectos en vez de chuletón: así puedes salvar el planeta

El impacto ecológico de la cría de grillos y otros bichos para el consumo humano es mucho menor que el de la ganadería convencional

Un plato para comer con ocho insectos nativos de México llamados chapulines / GÜEY MADRID
Un plato para comer con ocho insectos nativos de México llamados chapulines / GÜEY MADRID

Menú de picoteo: hormigas culonas, tostada con chapulines y saltamontes crunchy. Todo regado con cerveza con proteína de insecto. Y de postre: piruleta de gusano y grillos bañados en chocolate. Estos platos tan estrafalarios se pueden encontrar en Insectum, la primera tienda física de España que vende diferentes tipos de animalillos, y en los restaurantes Güey Madrid y Bcn Insects, entre otros.

En China el consumo de insectos se remonta 2.000 años atrás, y en países como México, Australia y Tailandia también forman parte de su gastronomía. En Europa se pueden vender desde el 1 de enero de 2018, pero por una cuestión cultural “su aceptación todavía es muy minoritaria”, expone a Consumidor Global el fundador de Con Gusto Consulting, Manel Morillo Prieto, quien explica que sí han entrado con fuerza en la alimentación deportiva --barritas energéticas y batidos--, y que, tarde o temprano, se introducirán en muchos más platos y en grandes cadenas de alimentación porque “a nivel ecológico es un camino que debemos transitar”.

Grillos versus chuletón

Las proteínas, grasas y numerosos nutrientes de las diferentes especies de insectos comestibles, al igual que las de la carne, el pescado y los huevos, se consideran de origen animal, como es lógico. Sin embargo, su valor añadido es una reducción significativa de la contaminación.

"La cría de insectos para el consumo humano deja una huella ecológica menor, sobre todo en comparación con la ganadería convencional", explica la nutricionista y tecnóloga de los alimentos Marta Ros sobre la menor emisión de gases de efecto invernadero y el requerimiento inferior de agua en la crianza de estos animalejos. “Es una fuente barata para obtener proteínas porque requiere muy pocos recursos”, corrobora el doctor en ciencia y tecnología de los alimentos Miguel Ángel Lurueña. Algunos expertos aseguran que 30 gramos de determinados insectos pueden tener las mismas proteínas que un pedazo de carne de ternera de 300 gramos. Eso sí, los 10 gramos de hormigas culonas salen a 6,50 euros y un mézclum de varias especies cuesta 4,50 euros en Insectum.

Una cuchara de madera con insectos asados / FREEPIK
Una cuchara de madera con insectos asados / FREEPIK

Mayor aprovechamiento

En cuanto al aprovechamiento del animal, se puede comer hasta el 80% del cuerpo de los grillos, mientras que en el caso de las aves (55%) y de los cerdos y terneras (40%) se desperdicia una cantidad mucho mayor.

Otro aspecto que juega a favor de la cría de insectos es la cantidad de kilos de alimentos que necesitan para obtener el peso del animal --feed conversion ratio--. "Son de sangre fría y no deben metabolizar los alimentos para mantener su temperatura corporal, a diferencia de otras especies, lo que hace que sean muy eficaces en su producción como alimento", asegura Ros, quien explica que se trata de una industria creciente en Europa porque nuestra manera de entender la alimentación está cambiando. 

¿Son el alimento del futuro?

Al mismo tiempo, el espacio que ocupan las granjas de insectos es mucho más reducido. De hecho, ya hay algunas empresas que han desarrollado granjas que se pueden tener en casa. “Se produce mucha más proteína por metro cuadrado con estos bichos que con vacas o cerdos”, apunta Morillo, quien asegura que su equipo recomienda a los hosteleros que se abran a los productos veggies, a la proteína vegetal y a la de los insectos porque, por una cuestión medioambiental, estamos abocados a esto.

“Se habla de ellos como el alimento del futuro. Se busca un sustituto a la carne, y se habla de carne de laboratorio y de insectos, pero la solución es todavía más fácil y son las legumbres. Podemos sustituir las proteínas de la carne por las de las legumbres”, opina Lurueña, que se muestra a favor de estudiar la seguridad alimentaria de los insectos especie por especie porque, tal y como asegura la FAO, “son una buena fuente de proteínas y de nutrientes”.

Insectos para todos

En el planeta hay un millón de especies de insectos --el 80% del reino animal--, y 2.000 de ellas las consumen millones de personas en el mundo. Se estima que la población mundial podría alcanzar los 9.000 millones de personas en 2050, "por lo que tenemos que encontrar diferentes soluciones alimenticias, y los insectos pueden tener un rol para esta población creciente", apunta Ros. En la misma línea, la FAO ha repetido en varias ocasiones que estos pequeños bichos son una posible solución para acabar con el hambre en el mundo dadas sus propiedades nutricionales y el impacto medioambiental menor de su crianza.

Reducir el desperdicio de alimentos y utilizar técnicas más eficientes de producción también ayudaría a la hora de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y tener un sistema alimentario más sostenible. “Producir carne requiere muchos recursos y la gente come demasiada. En países asiáticos está aumentando el consumo de carne. Más que buscar una alternativa estrafalaria a la carne, hay que estudiar el consumo de insectos como alternativa y comer más legumbres y menos chuletón”, sentencia Lurueña.

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