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Tomamos una caña en el nuevo Museo del Jamón de Gran Vía: reconquistar al local sin olvidar al guiri

La cadena madrileña, inaugurada en 1978, reabre un local icónico que quiere seguir fiel a su tradición y mantener una oferta competitiva pese a la inflación

Juan Manuel Del Olmo

La fachada de un Museo del Jamón / EUROPA PRESS

No es el Museo del Prado, ni el Thyssen, ni el Reina Sofía. Tampoco el del Bernabéu, ni el Nacional de Arqueología. Es uno con mesas, palillos, cañas, ibérico de bellota y un apartado de charcutería. Pero aquí algunas personas también toman fotos, aunque no haya obras de arte expuestas. El Museo del Jamón, una cadena inaugurada en 1978, ha reabierto su local de Gran Vía, uno de los más emblemáticos, tras dos años de cierre. Cuenta con varias secciones diferenciadas, pero en Consumidor Global nos acodamos en la barra un mediodía de diario para saborear cómo va la reapertura.

Sobre las 14 horas, el local, de gran tamaño (en la primera planta, la barra es el eje que va desde la salida de Plaza de los Mostenses a la bulliciosa Gran Vía) no está muy transitado. Media hora después, el restaurante de la planta baja está casi a reventar, los camareros suben y bajan y un grupo de turistas asiáticos fotografían, fascinados, las patas de jamón del techo. La música sube de volumen. Suena Voy a pasármelo bien, de Hombres G.

Entre la nostalgia y el exotismo

Antes de pedir una cerveza, echamos un ojo a las opciones de barril. Hay grifos de Amstel, Águila y Paulaner. Esta última ya es una pista: a los centroeuropeos también les seduce el sitio. No falta mucho para las tres de la tarde, pero algunos trabajadores llegan con su camiseta gastada y sus pantalones manchados de pintura o de esfuerzo y piden un café con leche, se lo toman en 15 minutos y salen del local. Su atuendo contrasta con el de algunos turistas que van entrando, con sus americanas y sus bolsas impolutas con regalos recién comprados por la Gran Vía.

La entrada del Museo / CG

Preguntamos a un camarero, que interrumpe su ajetreo medio minuto, cómo están yendo estos primeros días. “Llevamos muy poquito margen para poder hacernos una idea, pero estamos viendo que viene gente y nos dice ‘qué bien, que pena que estuvieseis dos años cerrados’. Es algo sentimental”, describe. Tiene mucho lío, así que nos emplaza a volver en un par de semanas, cuando ya pueda ofrecer una opinión más elaborada. Por eso, preguntamos a Luis Alfonso Muñoz, CEO del Museo del Jamón, quien explica a Consumidor Global que han tenido “muy buena acogida por parte de los clientes que ya nos conocen y estaban deseando que volviese a abrir este mítico local”. De hecho, reconoce que “la facturación va mejor de lo esperado para el arranque”.

Predominio del cliente nacional

La ecuación es clara: reconquistar los estómagos (los corazones ya no hace falta) de los clientes que viven por el barrio (sí, cerca de la Gran Vía de Madrid viven personas) y atraer a los turistas. Sobre esto, Muñoz precisa que “antes de la pandemia aproximadamente un 50 % del público era extranjero. Tras la pandemia y con la nueva propuesta, el público nacional llega al 80 %”. Eso sí, la clientela varía mucho en función de a qué restaurante se acuda: el Museo del Jamón es una institución con otros seis locales (más el almacén central de la calle Antonio López).

La barra del local / CG

Sea como fuere, el jamón no es solo un alimento, sino un reclamo rentable. En Gran Vía hay varios locales que recurren a esta palabra mágica: Jamón 55, El Jamón de Gran Vía, Don Jamón y Paraíso del Jamón. Casi una dehesa asfaltada. Mientras tomamos la segunda caña, revisamos la carta. No falta el bocata de calamares (3,90 euros) ni las tablas de cecina (6 euros) o lomo (5 euros), pero sorprende la paella mixta para dos personas, que asciende a los 23 euros. Junto a la entrada, en la sección de charcutería, quien quiera llevarse un taco de jamón curado puede hacerlo por 16 euros el kilo; mientras que uno de bellota sale por 99 euros/kg. En cambio, el queso fresco con sal, otro clásico igual de sencillo que imperecedero, cuesta 7 euros/kg.

“Tenemos el bocadillo de la mejor calidad al precio más barato”

Elías Moreno es un cliente habitual del Museo del Jamón, concretamente del de la calle Mayor y el de la Glorieta de Cádiz, en el barrio de Usera. Este cliente, que ronda los 60 años, destaca la “profesionalidad, el trato atento y la variedad de producto”. También defiende sus precios “asequibles”, desde un sencillo café a los almuerzos y aperitivos. “Yo creo que es uno de los sitios de Madrid que más arraigo tiene”, opina. Sobre el pan, dice que la calidad es “aceptable” para el precio, aunque no sea un plan blando ni “mucho menos excelente”.

Entrada a otro local de la cadena Museo del Jamón / FLICKR CREATIVE COMMONS

No obstante, Moreno también recuerda cuando, “hace unos años”, una caña y un bocata de jamón curado costaba en el Museo del Jamón 2 euros. Ahora, en el local de Gran Vía las cañas están a dos euros y el bocata más típico a 1.80. Si bien Muñoz indica que la inflación les “afecta igual que al resto”, precisa que han realizado “un gran esfuerzo para seguir siendo la cadena de restaurantes con los precios más competitivos, ofreciendo la mejor calidad de producto nacional”. “En plena Gran Vía de Madrid no encontrará usted ningún local que ofrezca un bocadillo de jamón serrano por 1,80€, si además le digo que ese jamón fue premiado como el mejor de España, verá que tenemos el bocadillo de la mejor calidad al precio más barato. Lo que venimos haciendo desde 1978”, defiende.