Lola Larumbe, dueña de la librería Alberti: "El local sufrió varios tiroteos durante la Transición"

Esta apasionada librera es la propietaria de la popular casa de libros de Argüelles, que cumple 50 años de historia y acaba de recibir la Medalla de Oro al Mérito de Bellas Artes

Lola Larumbe, dueña de la Librería Alberti de Madrid / CEDIDA
Lola Larumbe, dueña de la Librería Alberti de Madrid / CEDIDA

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

La librería Alberti nació en los últimos días del franquismo. Dieciocho días antes de la muerte del dictador, para ser exactos. El 2 de noviembre de 2025. Y rápidamente se convirtió en un halo de esperanza para los que defendían la libertad y tenían ansias por saber lo que acontecía en el resto del mundo a través de la palabra escrita.

Ahora que de todo eso hace 50 años, hablamos con Lola Larumbe, dueña de esta icónica casa de libros desde 1979.

--La Alberti cumple 50 años y toca volver la vista atrás. ¿Qué le han contado de esos primeros días de vida de la librería bajo la dictadura franquista?

--El fundador Enrique Lagunero, que se retiró a finales del 79 y nos hizo el traspaso, nos contó que abrieron tras hacer una obra importante, y que fue muy ilusionante porque tenía el nombre del poeta Alberti y Franco no se había muerto. Lagunero y su hermano Teodulfo eran miembros del Partido Comunista, eran amigos de Carrillo, y poner una librería con ese nombre, con la fachada repleta de azulejos, con los motivos iconográficos del Alberti artista, hizo que inmediatamente se convirtiese en una librería diferente. 

La fachada de la librería Alberti con la pared de azulejos / LA
La fachada de la librería Alberti con la pared de azulejos / LA

--Diferente y valiente.

--Unos amigos que vivían en el edificio se enteraron de que en la planta baja iban a abrir una librería y pensaron: ‘¡Qué bien! ¡Qué tranquilidad!’. Y nada más abrir, tal y como cuentan Lagunero y otros testimonios periodísticos, en ese primer mes, ya empezaron a atentar contra la librería

--Lo he leído. 

--Sufrió cinco atentados en muy poco tiempo. Desde amenazas de muerte a él y a su familia, porque empezaron a acosarles con el miedo, hasta que tirotearon la librería en varias ocasiones y rompieron las lunas. La librería Alberti era una especie de receptáculo metafórico de todo lo que estaba pasando. No hay que olvidar que está en un barrio tradicional de Madrid, con muchas casas de militares alrededor, cerca del Ministerio del Aire, cerca de Moncloa, un punto caliente de la imagen franquista. E inmediatamente se convirtió en un objetivo muy fácil. Actuaban con total impunidad. 

--¿Nadie les defendía de los bárbaros?

--No fue hasta el año 76 cuando, ante la gravedad de los atentados, tuvieron algún tipo de defensa policial. Colocaron un todoterreno de la Policía Nacional en la esquina durante meses e incluso repelieron un atentado de unos paracaidistas que balearon el escaparate. Eran un paracaidista y dos amigos que se pelearon con unos izquierdistas, pararon en la Alberti y pegaron unos tiros. Y los policías, que estaban dentro de la librería, porque Lagunero les dejaba las llaves para que no se helaran de frío en invierno, salieron, hubo un tiroteo y los detuvieron.

--Sin duda, la Alberti fue un receptáculo metafórico de todo lo que aconteció durante la Transición, pero también un halo de esperanza, ¿no?

--Cuando yo llegué a la librería tenía veinte años y una vaga idea de lo que había sucedido allí, porque las librerías eran objetivos muy sencillos, pero sí, también les acompañaba una ola de solidaridad. Cuando los estudiantes se enteraban de que la habían quemado, se acercaban a ayudar y a salvar la librería. La librería representaba esa conjunción de fuerzas que luchaban en el país: los que defendían la libertad y la democracia y los que querían seguir con la dictadura.

--En una entrevista reciente aseguraba que en aquellos años se leían libros más complicados. ¿Hasta qué punto las épocas que nos toca vivir marcan o definen los que leemos? 

--Recuerdo esos primeros ochenta como los del boom latinoamericano, pero, más allá de los Vargas Llosa, García Márquez y Fuentes, se leía a Carpentier y a otros autores con textos complejos, a nivel estilístico y de contenido. Había una avidez por conocer esa literatura y otras que llegaban de Centroeuropa. Era un lector ávido de conocer lo que estaba pasando fuera de España y las tendencias literarias mundiales. No había filtros para la facilidad o complejidad de la lectura. Yo lo recuerdo así. Queríamos aprender, y eso ahora pues ha cambiado. 

--¿Cómo hemos cambiado?

--Ahora los libros son asequibles. No hay censura. Llevamos casi 50 años de democracia, el país ha dado la vuelta y formamos parte de una comunidad literaria mundial, por lo menos occidental, y las pautas de lectura son muy equivalentes en todos los países. Hay una ligereza, hay una facilidad, que es muy interesante porque hace que haya más lectores.

--Tenemos récord de lectores y de libros vendidos en España.

--Son tiempos muy interesantes para la lectura y para la industria editorial, porque tenemos la suerte de conocer lo que produce América Latina, donde la fuerza creadora es brutal, es arrolladora, es un continente de contrastes literarios. Escriben en español, pero cada país tiene su manera de expresarse, y eso es de una riqueza apabullante. Es una de las grandes noticias de estos últimos años. Hasta hace diez o quince años había un canon de escritoras sudamericanas, pero ahora la puerta está abierta. 

--¿Vivimos un momento de apertura?

--La literatura latinoamericana de mujeres es brutal. Son naciones literarias con una fuerza muy estimulante para la propia literatura. Hay una especie de fusión entre la escritura española y latinoamericana. Siempre han estado la literatura anglosajona, francesa y germánica, y ahora tenemos la gran tradición de la literatura escrita en español. Es uno de los grandes cambios. Ese y la incorporación de las escritoras al canon de la literatura española, que no estaban representadas como debían. Hay demasiadas escritoras que se habían quedado fundidas en la niebla. 

--¿Las estamos recuperando?

--Absolutamente. Hablo de escritoras de la Generación del 27, de la del 98, de la del 50… Había mujeres que estaban ahí, pero después cayeron en el olvido y se perdieron.

--Supongo que las editoriales independientes tendrán gran parte de la ‘culpa’.

--Otro de los grandes cambios es que la edición independiente ha vuelto a tener muchísimo peso. En los sesenta fueron los Anagrama, Tusquets, Lumen, Seix Barral, Barral, los editores pioneros. Buscaban algo diferente y ofrecían la literatura europea. Esos editores independientes empujaron el mundo de la edición. Esos jóvenes son modelos para los jóvenes, o ya no tan jóvenes, independientes de hoy. Las editoriales españolas están allí, en Sudamérica, porque la fuerza y calidad de la edición española marca estos tiempos.

--¿Cuál fue el libro más vendido de 2025 en su librería?

--Probablemente el libro de Uclés, La península de las casas vacías.

--¿Cuál es el libro que más le ha sorprendido en lo que va de 2026?

--Me ha sorprendido mucho un libro de Laura Vivar que presentamos hace unas semanas. Tocan a muerto, de la editorial Blatt & Ríos, una editorial independiente argentina que da el salto a España. Es un libro pequeño, breve, que me ha sorprendido mucho. Demuestra la importancia de la memoria histórica para los escritores jóvenes. Es de una mujer que rastrea sus raíces, su origen. Es una historia coral de mujeres desde la posguerra hasta hoy. Son voces que vienen profundamente de la tierra. Ha sido una grata sorpresa. Un libro sorprendente. 

--David Uclés, Lucía Solla, Elvira Sastre y Luis Landero, entre otros reconocidos escritores, ya han pasado este año por la Alberti. ¿Qué peso tienen las actividades que se hacen alrededor del libro?

--Desde hace más de 25 años, los encuentros culturales nos dan la oportunidad de tener a escritores consagrados y jóvenes. Está completamente intrincado. Al final, la faceta comercial es lo que mantiene la librería. Si no vendiéramos libros, no podríamos hacer estos casi 250 eventos al año. Hacemos ciclos de pensamiento, clubes de lectura, actividades infantiles, intercambios con instituciones, visitas de grupos de gestión cultural, institutos, colegios, lecturas de poemas… Esta es una librería independiente de 150 metros, no tenemos un gran espacio, pero hay una gran fuerza, pasión y profesionalidad de los libreros que aquí trabajan. El peso ha ido creciendo… 

Lola Larumbe y Luis Landero / CEDIDA
Lola Larumbe y Luis Landero / CEDIDA

--¿Cuándo empezó el ‘boom’ de la Alberti?

--En 2012, en plena crisis económica, notamos que bajaba la facturación y pensé que una de las cosas que teníamos que hacer era no parar. No parar las actividades para que la gente siguiese viniendo a la Alberti, aunque no pudiera comprar libros. Y también para mantener el vínculo lector-librería. 

--¿Y cómo sobrevivió a la pandemia?

--Durante la pandemia hicimos lo mismo. Mantuvimos los encuentros literarios retransmitiendo en Instagram para no vender el vínculo. La librería no podría vivir sin sus actividades literarias. Es un motivador de trabajo y un activador de relaciones con autores, editoriales y la familia del libro en general. Forma parte indisoluble de la Alberti. Somos un centro cultural que no cobra entrada. 

--¿Qué ha aprendido en los 46 años que lleva al frente la Alberti?

--Llegué con veinte años y lo he aprendido todo aquí. A leer, a ser una buena gestora cultural y administrativa... Una de las cosas más importantes que tienes que aprender si vas a ser librero es a escuchar. El aprendizaje de la escucha es muy importante. Lo que te cuentan los lectores suele ser más importante de lo que tú cuentas. También he aprendido a entender el difícil trabajo de ser escritor. He aprendido acerca de la psicología y personalidad de los escritores, a valorar y entender sus peculiaridades.

--¿Qué es lo que más le gusta del día a día en la librería?

--A mí me gusta mucho llegar temprano, ver un poco cuál es el plan del día, poder mirar los libros nuevos, ver cómo están colocados, mirar el escaparate y que los libros se vean vivos, ver cómo el organismo de la librería se va desperezando y cómo encara la jornada, y hablar de las novedades con las libreras y hablar de sus vidas. Y luego me gusta mucho el cierre, cuando se han ido todos y me quedo medio a oscuras organizando cosas. Me gusta la amistad que genera el libro y la cantidad de amigos que produce. Es un enganche claro el compartir con amigos una forma de vida, una pasión.

--¡Qué placer! ¿Nos despedimos con un verso del poeta Rafael Alberti?

--¡Qué buena idea! ¡A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar!

--Galopa, caballo cuatralbo, jinete del pueblo que la tierra es tuya.