Cambia el etiquetado de la trufa
Entra en vigor una estricta normativa para acabar con la confusión en las etiquetas de los productos "con trufa"
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¿Cuántas veces has pagado de más por un queso, un aceite o unas patatas fritas supuestamente "con trufa" que, en realidad, solo contenían compuestos químicos? El llamado oro negro de la gastronomía española acaba de despedir su temporada de recolección con una excelente noticia: se acabó el gato por liebre en los lineales del supermercado.
A partir de ahora, una nueva normativa obliga a la industria alimentaria a diferenciar claramente si un producto contiene trufa real o si simplemente lleva "aroma a trufa".
¿Qué cambia exactamente en las etiquetas?
La Mesa de Coordinación de la Calidad Alimentaria ha aprobado un acuerdo que pone fin a la ambigüedad. El término trufado solo podrá aparecer en el envase "siempre que la trufa utilizada permanezca en el producto final". Es decir, si no hay trufa física en el alimento, es ilegal llamarlo "trufado".
Los alimentos que usen aromas químicos para imitar a la trufa tendrán que indicarlo explícitamente con frases como "sabor a trufa", "con sabor a trufa" o "con aroma de trufa". Los aromas añadidos deberán citarse obligatoriamente en la lista de ingredientes en orden decreciente (según la cantidad).
Además, si un alimento combina trufa natural y aromas artificiales, deberá indicarlo con claridad bajo fórmulas como "elaborado con trufa y aromas de trufa". "No se podrá hacer uso de la mención 'trufado' en productos alimentarios con sabor y/o aroma a trufa habiendo sido elaborados exclusivamente con aromas", ha comunicado la Mesa de Coordinación de la Calidad Alimentaria.

El sector celebra el fin de la "falsedad"
La industria de la trufa llevaba años reclamando esta medida para defender una materia prima de lujo que estaba siendo banalizada por los ultraprocesados. Daniel Brito, presidente de la Federación Española de Asociaciones de Truficultores (FETT) y de Atruter (Teruel), subraya que este es un paso "muy importante", ya que protege directamente al consumidor al permitirle saber exactamente por qué está pagando.
"Por fin se está hablando de la falsedad que había en el mundo de los productos elaborados aparentemente con trufa", ha señalado, Eduardo Ballano, presidente de Atrusoria, no oculta su satisfacción: El peligro de la falta de regulación no solo era económico, sino también culinario. Como advierte el truficultor Víctor Hernán, cuando la etiqueta destaca que lleva trufa pero todo es un aroma químico, "el consumidor se acostumbra y acaba rechazando el producto original".
Balance de la temporada: un año salvado por el clima y el riego
Esta victoria legislativa coincide con el cierre de una campaña que ha dejado un buen sabor de boca a nivel nacional, aunque con marcados contrastes territoriales. En municipios como Sarrión, Teruel (la capital española de la trufa), la temporada ha sido un éxito. Víctor Hernán, que gestiona un cultivo de 10 hectáreas de carrascas, asegura que están "más que contentos". Tras un inicio dubitativo, desde mediados de diciembre han recolectado piezas "de buen tamaño y con una trufa sana de calidad excepcional", gracias al aumento de las lluvias y a la indispensable ayuda de las comunidades de regantes.
En contraste, Soria ha sufrido los caprichos del clima. Eduardo Ballano define la temporada como "irregular"; aunque arrancó bien, sufrió un cierre prematuro, igualando a duras penas las cifras del año anterior. "La trufa es un hongo y un ser vivo muy delicado. Le afecta muchísimo la temperatura y la humedad", ha recordado.
