La multinacional china Haier acaba en los juzgados por una televisión rota
La compañía de electrodomésticos reconoce por escrito el problema y primero prometió sustituirlo y después devolver el dinero, pero el cliente asegura que ni siquiera se ha recogido el aparato defectuoso
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Juan José Gallardo compró una televisión como regalo de inauguración para sus hijos, que acababan de mudarse a un nuevo piso. El 28 de junio de 2026, a través de la tienda oficial de Haier, abonó 265,63 euros y diez días después, el paquete llegó a su domicilio con el embalaje impoluto.
Este fue solo el comienzo de una historia que terminaría en el juzgado.
Una televisión rota de fábrica
El calendario avanzó hasta el 22 de julio, el día elegido para el desembalaje en el nuevo hogar. Al retirar el cartón, el televisor lucía impecable, conservando los plásticos protectores de fábrica. Sin embargo, al conectarlo a la corriente eléctrica, la pantalla devolvió una imagen con una fractura interna de la matriz LCD y una tormenta de líneas de colores distorsionadas. El cristal exterior estaba intacto; la caja no presentaba golpes. Era un defecto de origen, un daño invisible hasta el momento del encendido.
No obstante, la reacción inicial de la compañía invitaba al optimismo. Tras enviar las fotografías pertinentes y abrir una incidencia formal, el servicio de postventa de Haier Europe respondió el 24 de julio entonando el mea culpa. En un correo, al que ha obtenido acceso Consumidor Global, lamentaron los inconvenientes, confirmaron la gestión de una nueva unidad de reemplazo y, como gesto de buena voluntad, prometieron el abono de los gastos de envío. “En cuanto la empresa de transporte reciba el producto, se pondrá en contacto con usted”, aseguraban.

Reclamación en la OCU
La empresa de transporte nunca llamó. A las peticiones de urgencia de Juan José, que necesitaba el televisor para sus hijos, el equipo de la empresa de electrodomésticos respondía con fórmulas evasivas y automatizadas. “Acabo de escalar su caso de nuevo”, se leía en un mensaje del 30 de julio.
Ante la inacción, la paciencia de Juan José se agotó. El 3 de agosto exigió: o se entregaba una fecha definitiva o se procedía a la resolución del contrato con la devolución íntegra del dinero. Sin respuesta satisfactoria, el 5 de agosto el caso saltó a la plataforma de reclamaciones de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Y entonces, el tono de la disputa cambió.
El 10 de agosto, Haier aceptó formalmente cancelar la compra, recoger el aparato defectuoso y reembolsar el importe. Para entonces, un hastiado Juan José ya había tenido que comprar otro televisor por su cuenta.
Haier va a los juzgados
Sin embargo, pasaron los días y la televisión de 50 pulgadas rota seguía ocupando espacio en el domicilio. Ni rastro del mensajero, ni rastro del dinero. Los correos se acumulaban, los plazos expiraban y los avisos de ultimátum caían en saco roto, absorbidos por un sistema de tickets automáticos que registraba quejas, pero no ejecutaba soluciones.
El 20 de agosto, el consumidor decidió buscar amparo en la legislación española e interpuso una demanda de juicio verbal en reclamación de cantidad ante los Juzgados de Primera Instancia. Seis días después, notificó formalmente a Haier la judicialización del proceso. Una compra de 265 euros se había convertido en un litigio, transformando a un simple cliente español en un demandante dispuesto a hacer valer sus derechos frente a uno de los mayores fabricantes de electrodomésticos de China.
Desde la redacción de Consumidor Global hemos contactado con Haier Smart. Al cierre de este reportaje, la empresa aún no ha respondido a las preguntas de este medio.
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