Trade Republic y los 20.000 euros que nadie devuelve
Una clienta de Trade Republic perdió 20.000 euros tras un ataque de phishing que se coló en el mismo hilo de SMS de la entidad pero aún sigue reclamando que le devuelvan su dinero
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Toda su cartera de inversión y 20.000 euros. Eso es lo que le robaron a una clienta de Trade Republic en solo dos transferencias y en menos de una hora. ¿Y qué ha hecho el banco por su parte? Que se sepa, de momento, nada.
La clienta, que prefiere mantener el anonimato, fue víctima de un ataque de phishing, uno de los fraudes más comunes y en el que cualquiera puede caer. Los estafadores consiguieron suplantar a Trade Republic y colarse en el mismo hilo de SMS en el que la clienta recibía legítimamente los mensajes de la entidad. Para cualquier usuario, distinguir un mensaje real de una comunicación manipulada resulta cada vez más difícil.
Esto sucedió el 1 de junio y, tras meses de reclamaciones, la afectada sigue sin recuperar su dinero. ¿Por qué? Esa es la gran pregunta. Las estafas digitales están, por desgracia, a la orden del día, pero el proceso al que se enfrenta una víctima para demostrar que ha sido precisamente eso, una víctima, resultar devastador. Las entidades se aferran en ocasiones a las circunstancias que les permiten rechazar una reclamación y trasladar al cliente la responsabilidad del fraude. Y mientras tanto, quien ha perdido sus ahorros tiene que demostrar que no fue negligente.
En muchos casos, la normativa obliga a las entidades a asumir determinadas operaciones no autorizadas, aunque la devolución puede depender de las circunstancias concretas y de si hubo fraude o negligencia grave por parte del cliente. Es habitual que las entidades aleguen que el usuario ignoró medidas básicas de seguridad, compartió datos de forma imprudente o facilitó un código recibido por SMS. Pero ¿cómo puede saber una persona que está siendo víctima de una estafa cuando recibe mensajes y llamadas que proceden del número oficial de su entidad? ¿Quién puede imaginar que está ante una suplantación cuando todo parece legítimo? Cada vez es más difícil saberlo a nivel de usuario y, después de ser estafados, son ellos quienes cargan también con la culpa y la vergüenza.
Los bancos y las compañías no solo tienen la obligación de reforzar sus sistemas de seguridad y proteger a sus clientes. También deben ofrecer un proceso mucho más sencillo, transparente y favorable a la víctima para investigar el fraude y recuperar el dinero porque una cosa está clara: quien consigue burlar los sistemas de seguridad de una entidad es el estafador. El cliente no debería convertirse en el responsable de que esos sistemas hayan fallado por facilitar un código o pinchar en un enlace.
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