Un supermercado de Lidl en Alemania tiene productos españoles más baratos que en España

Consumidor Global compara los precios de la cadena alemana en ambos países y encuentra diferencias llamativas entre sus lineales

El precio de la granada en Alemania (i) y en España (d) / LIDL
El precio de la granada en Alemania (i) y en España (d) / LIDL

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Una granada cultivada en España se vende en un supermercado Lidl de Alemania por 0,99 euros. Mientras, la misma fruta española cuesta 2,69 euros en una tienda de la cadena alemana en España. 

Así lo ha comprobado Consumidor Global al comparar los precios de los folletos de Lidl de su país de cuna y de nuestro país. 

Lidl, de Alemania

Lidl no empezó con una tienda de descuento ni con las conocidas promociones semanales. Sus raíces se remontan a 1930, cuando Josef Schwarz entró en el negocio mayorista de frutas tropicales Lidl & Co. La asociación dio lugar a Lidl & Schwarz KG, una empresa dedicada al comercio mayorista de alimentación. La Segunda Guerra Mundial interrumpió aquel primer desarrollo, pero el negocio acabó convirtiéndose en el germen del actual Grupo Schwarz.

Tras el parón de la Segunda Guerra Mundial, Josef Schwarz abrió el primer supermercado de rebajas en 1973 para dar salida a productos que no lograba vender. A su muerte, cuando su hijo Dieter quiso expandir el negocio, se topó con el problema de que usar su apellido crearía la marca Schwarz-markt, que en alemán significa literalmente "mercado negro". Para evitar el tropiezo reputacional, le compró los derechos del nombre al heredero de la familia Lidl, el profesor jubilado Ludwig Lidl, por apenas 1.000 marcos (unos 500 euros). 

Una tienda de Lidl / LIDL
Una tienda de Lidl / LIDL

En España también funciona el supermercado de los descuentos

La fórmula funcionó y Lidl inició su expansión internacional a finales de los años ochenta con su primera tienda en Francia en 1989. Poco después comenzó a extenderse por otros países europeos. A España llegó en 1994 y, desde entonces, se ha convertido en uno de los principales actores de la distribución española. 

Actualmente cuenta con más de 730 tiendas, 14 plataformas logísticas y una plantilla superior a 20.000 personas. La empresa asegura colaborar con unos 860 proveedores nacionales y exportar más de la mitad de los productos que compra en España a su red internacional. Lidl se presenta además como el tercer operador del sector por cuota de mercado en España. Sin embargo, sus descuentos siguen siendo mucho más llamativos en Alemania que en España. 

Mismo producto, diferente precio

Un folleto de Lidl presenta unos precios y descuentos, según desde qué país se mire. Un pomelo procedente de Sudáfrica aparece a 0,55 euros en Alemania y a 1,49 euros en España. Unos higos turcos cuestan 0,99 euros en Alemania y 1,99 en nuestro país.

El precio del pomelo en Alemania (i) y en España (d)   LIDL
El precio del pomelo en Alemania (i) y en España (d) LIDL

Las frutas son probablemente el caso más llamativo, pero no el único. Un bote de patatas Pringles, fabricadas por una multinacional estadounidense y vendidas en ambos mercados, aparece a 1,79 euros en Alemania y a 2,29 euros en España. Las comparaciones realizadas por españoles que viven en Alemania y documentan sus compras en redes sociales apuntan en la misma dirección: muchos productos habituales parecen más baratos en los supermercados alemanes. 

El precio del higo en Alemania (i) y en España (d)   LIDL
El precio del higo en Alemania (i) y en España (d) /LIDL

Más diferencias

La curiosidad por estas diferencias también ha llevado a algunos españoles residentes en Alemania a hacer su propia prueba. Uno de ellos, Javier, profesor español residente en el país germano según la biografía de su cuenta de TikTok, acudió a un Lidl de Múnich para comparar productos que se venden tanto en Alemania como en España.

Los resultados fueron los siguientes:

  • Bebida alta en proteínas: 1,09 euros en España frente a 0,99 euros en Alemania.
  • Bebida de avena: 1,45 euros en España frente a 0,90 euros en Alemania.
  • Salmón ahumado: 6,89 euros en España frente a 4,79 euros en Alemania.
  • Docena de huevos: 2,60 euros en España frente a 1,99 euros en Alemania.
  • Queso Gouda: 3,29 euros en España, con descuento, frente a 2,99 euros en Alemania.
  • Melón: 1,49 euros en España frente a 1,29 euros en Alemania.

Esta comparación no significa, necesariamente, que España sea un país más caro para comprar. Tampoco que Lidl venda siempre más barato en Alemania. De hecho, hay productos en los que ocurre justamente lo contrario. Por ejemplo, según el folleto de la cadena, una pechuga de pavo cuesta 6,19 euros el kilo en España frente a 10 euros en Alemania.

Pero, ¿cómo se explica que un producto envasado o cosechado en el sur de Europa sea más caro en su lugar de origen que a miles de kilómetros al norte? Una cadena internacional no establece necesariamente un precio europeo único para cada producto. Cada mercado tiene sus propias condiciones. El precio final puede depender, entre otros factores, de los acuerdos alcanzados con proveedores locales e internacionales, del volumen adquirido, de la disponibilidad del producto, de la competencia existente en cada país, de los costes de distribución, del almacenaje y de las promociones que estén activas en un momento concreto.

El precio de un bote de Pringles en Alemania (i) y en España (d) / LIDL
El precio de un bote de Pringles en Alemania (i) y en España (d) / LIDL

Ajustar márgenes con Mercadona y Carrefour

Además, en Alemania la cadena compite cuerpo a cuerpo con rivales autóctonos de gran calado como Aldi, Penny o Netto, lo que obliga a ajustar los márgenes comerciales. En España, en cambio, la estrategia de posicionamiento difiere. Aunque Lidl mantiene su ADN de descuento, compite en un tablero dominado por actores como Mercadona o Carrefour. La fijación de precios responde no solo al coste directo del producto, sino a la elasticidad de la demanda local y a los márgenes estratégicos asignados a cada categoría para mantener la rentabilidad global de la filial.

El segundo vector radica en la fiscalidad y los costes de transporte. Aunque España aplica tipos reducidos de IVA a los alimentos de primera necesidad, las diferencias en la imposición sobre el comercio transfronterizo, los costes de carburante y la estructura salarial de la cadena logística generan distorsiones en el precio final al consumidor.

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