Sandra Bruna, la agente literaria de Ildefonso Falcones: "El éxito de Rebecca Yarros fue una locura inesperada"

La mente detrás de éxitos como 'La catedral del mar', 'Ikigai' y el fenómeno Yarros analiza el impacto de Amazon, el 'romantasy' y el futuro de los autores noveles en el mercado editorial español

La agente literaria Sandra Bruna en su oficina de Barcelona / SIMÓN SÁNCHEZ
La agente literaria Sandra Bruna en su oficina de Barcelona / SIMÓN SÁNCHEZ

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

Sandra Bruna (Barcelona, 1973) lleva más de tres décadas leyendo manuscritos, filtrando las buenas historias y tendiendo puentes entre escritores y editoriales para que los lectores encuentren la novela que estaban buscando en las librerías.

En 2001, se adentró en la odisea de fundar la agencia literaria que lleva su nombre. Un lustro después, fue la primera persona en abrir las más de mil páginas de un manuscrito histórico que no tenía quien lo leyera y convirtió La catedral del mar (Editorial Grijalbo, 2006) en Los pilares de la Tierra a la catalana. Ahora que de casi todo hace ya veinte años, visitamos a Sandra Bruna en su agencia de Barcelona, donde un gran ventanal con vistas a la Sagrada Familia y su sonrisa infinita nos dan la bienvenida. 

--El último informe de la asociación de libreros CEGAL señaló que la mitad de los libros publicados no venden ni un ejemplar al año en las 1.100 librerías de LibriRed en España. En este escenario, ¿la figura del agente literario es más importante que nunca?

--A ver, que no vendan ni un solo ejemplar, lo dudo, ¿eh? A veces, se vende a familiares, amigos y ya. Pero es verdad que se vende poco. ¿La figura del agente es más importante que nunca? Te diría que sí y que no, porque estamos en un mundo sobresaturado en el que nadie tiene tiempo para hacer un buen filtro

--Vosotros.

--Un agente literario puede marcar ese punto de inflexión. Hacemos nuestro trabajo, que es filtrar las buenas novelas y, aún así, también nos cuesta colocarlas. Hay mucha producción y los editores son cada vez más exigentes. Un agente literario puede ayudar, pero no es la solución definitiva. No es la panacea. 

--Habrá muchos lectores que se pregunten cómo es un día cualquiera en la vida de una agente literaria.

--Yo aprendí el oficio en Mercedes Casanovas durante diez años. Por lo tanto, llevo treinta y cinco en el sector, y ha cambiado un montón. Vamos a peor. Hoy he entrado a las siete de la mañana para planificar, de entre todos los títulos que tengo en la cabeza, cuáles puedo vender este mes. La facturación es muy importante. Como me decía mi madre cada día: ‘Hem d’obrir la finestreta’. Tenemos que subir la persiana. 

Sandra Bruna / SIMÓN SÁNCHEZ
Sandra Bruna durante la entrevista con Consumidor Global / SIMÓN SÁNCHEZ

--¿El 'quid' de la cuestión es qué novelas puedo colocar y, sobre todo, a quién? 

--Exacto. Lo más importante es saber a quién. Tenemos todos los manuscritos que nos llegan, tenemos los autores españoles, que son los que podemos vender aquí y después en los mercados internacionales, y también muchos catálogos de extranjeros, sobre todo de Estados Unidos, que tienen sus novedades y suelen funcionar muy bien. 

--Por ejemplo…

--Harper Collins va a tener una nueva autora y va a salir con un millón de ejemplares. Es mucho más fácil vender esto que una nueva voz, lógicamente. Todo esto es estrategia. Es poder decir: ‘Bueno, este mes, ¿qué es lo que tenemos encima de la mesa? ¿Dónde vamos a poner el foco? ¿Cómo lo vamos hacer?’. Y seguro que terminamos con un Excel marcado en rojo, verde y lila con todo lo que va a entrar, lo que no va a entrar, lo que necesitamos más meses para vender… Porque, a veces, una novela que crees que te la van a sacar de las manos no funciona. O a lo mejor necesita tiempo.

--Un día a día frenético.

--No hay dos días iguales. Yo vengo con una lista de cosas por hacer y normalmente me quedo en el segundo ítem porque siempre hay imprevistos que tienes que atender. Desde la llamada de un autor hasta un premio e infinidad de eventos. No es un trabajo estable ni aburrido. Es un trabajo muy dinámico que requiere muchas horas. 

--”Lo más importante de una agente literaria es su honestidad”, dijo en una entrevista hace más de una década. ¿Lo mantiene?

--Sí, sí, sí. Aunque el mundo ha cambiado mucho y se ha vuelto más salvaje, la honestidad es fundamental y hay muchas leyes no escritas en el mundo editorial. Yo aprendí, desde muy joven, que el tema de la honestidad, tanto con el editor como con el autor, es primordial para que todo funcione. Al final, los dos son clientes, y aunque tienes que defender los derechos de autor por encima de todo, el cliente que te compra es el editor. La honestidad y la transparencia te hacen la vida más fácil dentro de un mundo cada vez más complejo. 

--Cuénteme una de estas leyes no escritas del mercado editorial.

--Por ejemplo, un autor que siempre ha publicado con un editor, cuando tiene una nueva novela, yo siempre aconsejo hablar en primer lugar con el option publisher, que es el editor que se lo ha currado hasta ahora. Puede pasar que el autor te diga que no le gusta cómo lo está haciendo, pero yo creo que siempre hay que darle la oportunidad a esa persona y decirle: ‘Mira, te lo mando porque eres tú, o no te lo mando porque el autor ha decidido ir por otra vía’. Siempre es preferible la honestidad en lugar de ir a buscar el mejor postor. Ser fieles y afrontar los problemas, aunque, evidentemente, no se puede ser fiel a alguien con el que no te gusta trabajar. Pues se dice. Los autores nos tienen para esto, para decir las cosas buenas y las cosas malas.  

--¿Qué es lo más duro que le ha dicho a uno de sus autores?

--A veces se frustran mucho, y es normal, cuando el editor que siempre les ha publicado dice: ‘La tercera novela no la puedo publicar porque la anterior no ha funcionado’. Esto es duro. Esa llamada y cómo se lo comunicas es complicado. Pero los agentes no estamos solo para decir lo guapos que son los autores, sino, realmente, para decirles que el mundo no se acaba aquí. Vamos a ver alternativas. Nosotros trabajamos con diferentes estrategias. Siempre tenemos un plan A, un plan B y un plan C. Si tenemos que ir al plan B o C, tampoco pasa nada. 

--Honestamente, ¿qué es más importante, la calidad de un manuscrito o los seguidores de su autor en redes sociales?

--Esta es la gran discusión últimamente. Cuando salió Instagram, parecía que solo los que tenían seguidores podían vender. Ahora ya se está viendo que no es verdad. Y, aunque se suele focalizar mucho en las redes sociales, puedes tener diferentes comunidades fuera de ellas. La calidad es mucho más importante, pero tener una comunidad ayuda. Una cosa es que ayude y otra es que sea imprescindible para publicar. Son cosas distintas. 

--¿Cuál es la novela ‘descartada’ de la que más se arrepiente?

--No tengo algo que se me haya escapado, pero sí he creído mucho en alguna novela y he acabado sin entender por qué no me la compran, porque realmente tiene todo lo que muchas veces me piden las editoriales; una buena voz, una buena estructura… Pensaba que esta me la iban a sacar de las manos y, en cambio, no acaba de encajar. A veces, sucede así por aspectos que no puedes controlar, porque los editores detectan una tendencia y lo que no es tendencia, como una novela literaria que habla de sentimientos y de relaciones, es difícil de encajar porque no entra dentro de una etiqueta. Amazon nos ha hecho daño con esto porque, claro, como tienen que etiquetarlo todo... Y lo que no tiene etiqueta, ¿dónde va? ¿Lo que no tiene etiqueta y es bueno, por no tener etiqueta, no se puede publicar? Esto es lo más duro de mi oficio. 

--El género del romance copa un 24% del mercado global. ¿Nos estamos volviendo unos cursis o siempre lo hemos sido?

--Yo creo que siempre ha sido así. Lo que pasa es que antes no era tan evidente, o la gente que leía novela romántica era más como un nicho, ¿no? Y este nicho se ha hecho grande porque las lectoras han crecido. Siempre hay más lectoras que lectores, en femenino, y las lectoras se han destapado. La mezcla de fantasía y romance ha cautivado a las chicas jóvenes y son muy killers, muy fans. Esto nos ha ido muy bien. Nosotros, por ejemplo, empezamos la tendencia con Rebecca Yarros, que no esperábamos para nada este éxito y fue una auténtica locura. 

Los tres primeros libros de la serie Empíreo de Rebecca Yarros
Los tres primeros libros de la serie Empíreo de Rebecca Yarros

--La locura del ‘romantasy’.

--Yo no estoy para nada en contra de los géneros y las etiquetas, pero no me gustaría que solo quedara en eso. El mundo editorial tiene que ser un poco más flexible, es decir, tiene que haber sellos para todo y que no todo, a lo mejor, tenga una etiqueta concreta. Porque si no es thriller psicológico ya no sé dónde meterlo. No. Y ya no solo pasa con el romance. Cada vez que vas a las ferias te tienes que preguntar: ‘¿A ver, qué es esto exactamente?’. Porque hay romance cowboy, romance de deporte, romance de no sé qué. Todo son etiquetas de etiquetas. ¿Y si es un romance normal en el que no hay fantasy, no hay deporte, no hay no sé qué, pero es una historia de amor como las de antes? Ah, esto se llama clean romance. Bueno, vale, pues perfecto. 

--¿Los escritores noveles son los eternos olvidados por las editoriales?

--Para apostar por una nueva voz, tienes que estar muy seguro porque no hay un background que te indique si vas a poder llegar a vender, y el editor tiene que estar muy seguro de lo que hace porque tiene que rendir cuentas a su editorial. Esto no deja de ser un negocio. Entonces, no es que sean los eternos olvidados porque sí, sino porque, como es un negocio, cada editor tiene su nivel de apuesta, y las apuestas cada vez son más pequeñitas. 

--A los autores noveles se les paga menos y te puede salir un ‘Comerás flores’…

--Claro. Esto de pagar mucho menos también es una cosa a tener en cuenta. Es decir, yo sobre el tema del royalty siempre digo que menos de un 10% no lo voy a aceptar porque es lo que es por ley. Los derechos de autor se han de defender. Después, lo del anticipo ya es una cosa más de hablarlo con el autor y valorar los pros y contras de que sea un anticipo más alto o más bajo, porque también depende del nivel de apuesta que van a hacer. Si pagan poquito, apuestan poquito. Para empezar es importante encontrar un nivel medio y saber que, bueno, no vas a ser la puesta del año, pero tampoco se van a olvidar de ti. 

--Cuando habla de anticipo, se refiere a autores de cierto recorrido, ¿no?

--No, no. Yo las nuevas voces que cojo para mí son igual de importantes. Lógicamente, no puedes pedir según qué cifras, pero también tienes que saber defenderlo bien. Si es una apuesta y tienes pocas apuestas, vamos a hacerlo bien. Tampoco te voy a pedir un dineral de anticipo, pero quiero que sea un anticipo en el que yo pueda ver que vas a trabajar un poco este autor. 

--Se refiere a la promoción del libro, entiendo.

--Que van a hacer un poco de promoción, porque si no... Al final, ¿qué ha pasado con Comerás flores? ¿Ha sonado la flauta? Puede sonar. A veces, creo que van a la inversa. Suena la flauta y entonces apuestan más por esa autora. Bueno, a lo mejor tendríamos que poner la gasolina un poco más repartida y así saldrían más casos como el de Lucía Solla Sobral

--¿Recuerda el momento en que cayó en sus manos ‘La catedral del mar’, de Ildefonso Falcones?

--Sí, lo tengo presente porque fue muy curioso. Recuerdo que me llamó un editor amigo que estaba en RBA en ese momento y me dijo: ‘Mira Sandra, te lo voy a meter en un embolado, pero tengo un amigo que necesita que alguien le lea. Aquí ya le hemos dicho que no, porque no hacemos género histórico. ¿Te lo podrías mirar, por favor?’. Yo, cuando un editor me pide esto, intento ayudar. 

Ildefonso Falcones durante la firma de 'En el amor y en la guerra' en la Catedral del Mar / MIQUEL OLIVÉ - PENGUIN
Ildefonso Falcones firma 'En el amor y en la guerra' en la Catedral del Mar / MIQUEL OLIVÉ - PENGUIN

--Le dijo que sí, obviamente.

--Le dije que sí y me mandaron un tocho de mil y pico páginas. Empezamos a leerla con Francesc Miralles, que es autor de la agencia, pero que por aquel entonces estaba empezando y me ayudaba con las lecturas, y vimos muy claro que tenía potencial. Recuerdo que Francesc me llamó a medianoche y me dijo: ‘Sandra, tenemos Los pilares de la Tierra a la catalana’. Ya está, teníamos el argumento perfecto para venderlo. Y así fue. 

--'La catedral del mar' (2006), 'Ikigai' (2016)... ¿Cuál será su próximo bombazo?

--El mercado de autor español está más complicado que nunca para aventurar qué libro lo va a petar. Antes había mucha tendencia a hacer novela histórica. Te llega una novela como La catedral del mar y ya lo tienes. Ikigai también era un concepto nuevo de no ficción con un autor como Miralles detrás, pero los bombazos así tampoco te los esperas. Piensas que va a ir bien, pero no que va a ser la bomba. Es más fácil con autores de extranjero, como la Yarros u obras por las que el editor americano apuesta fuerte.

--Lo que funciona en Estados Unidos...

--Si el editor apuesta fuerte en Estados Unidos y en otros países, ¿por qué no va a funcionar aquí? Correrá la voz y lo petará. Con un autor de aquí es mucho más difícil. Lo veo a veces cuando el editor se emociona, se emociona la gente de marketing, todos vamos a una, nos vamos automotivando y dices: ‘¡Esto tiene que ser!’. Y lo es, pero no pasa tanto. Hay autores que a lo mejor no han sido tan bestsellers como Ildefonso, pero están vendiendo una cantidad muy importante. Por ejemplo, yo tengo a José Antonio Lucero, que es novela histórica. Quizá no hace tanto ruido, pero está vendiendo unas cifras cada vez más importantes y vienen editoriales a ficharle. Ahora, estas cosas del éxito van un poco distinto. 

--¿Qué es el éxito?

--Dependiendo de lo que ha invertido la editorial, puedes establecer si una novela ha sido un éxito o no. Con José Antonio, por ejemplo, que era un autor mediano, conseguimos un buen anticipo, un anticipo acorde con la apuesta. Entonces, superar el anticipo y tener ganancias ya es un éxito. Lo que pasa es que la gente piensa que el éxito sólo llega cuando vendes un millón de ejemplares, que lo vende muy poca gente. El éxito es hacer una buena negociación, cobrar un anticipo y que tanto el editor como el autor puedan ganar dinero. Esto ya es un éxito en un país que lee poco. 

Añadir Consumidor Global como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora