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El polémico etiquetado Nutriscore: el semáforo para clasificar los alimentos

Los productos de venta en supermercados contarán este año con una nueva etiqueta de colores para clasificarlos de más a menos saludables

Mónica Timón

Un carro de la compra en un supermercado / PIXABAY

Descifrar la información nutricional presente en las etiquetas o envoltorios de los alimentos puede resultar una tarea complicada para el consumidor medio. Se sabe que comer fruta es más saludable que tomar bebidas azucaradas, pero, si no se quiere renunciar a los refrescos, ¿en qué hay que fijarse para identificar el menos nocivo para la salud?

La respuesta podría estar en Nutriscore, un etiquetado complementario y voluntario que ya se puede ver en los lineales de algunos supermercados. Se trata de un código de colores, como si fuera un semáforo, que clasifica los alimentos y las bebidas en una escala de la letra A a la E, según lo saludables que son. En teoría, este sistema promoverá que los fabricantes mejoren la calidad nutricional de sus productos y los usuarios llenarán el carro con artículos más sanos. Sin embargo, la eficacia de este sistema ya arroja algunas dudas. 

Algoritmo nutricional

Los algoritmos están presentes en muchos aspectos de la vida moderna, incluido el sector de la salud. Se utilizan, por ejemplo, para recomendar a un usuario que vea una serie según sus gustos o adquiera un producto a raíz de sus búsquedas. 

En el caso de Nutriscore, esta herramienta emplea cálculos que suman puntos a los nutrientes desfavorables, como las grasas saturadas, la sal, los azúcares simples y las calorías; y restan a aquellos favorables, es decir, fibras, proteínas y porcentaje de frutas, verduras, leguminosas y frutos secos. Como resultado, se obtiene una puntuación que permite clasificar los alimentos en distintas categorías. “Los más saludables se ubican en las primeras letras, de tonos verdes, y los peores ocupan la D y la E, en tonos rojos”, explica Nuria Romero, dietista y experta en educación nutricional. 

Uso voluntario

Este semáforo de calidad nutricional ha sido el sistema escogido por el Ministerio de Consumo para su implementación en España a partir de este año, aunque ya se puede ver en los lineales de algunos supermercados. Su adopción será voluntaria, pues la actual regulación europea no permite su obligatoriedad.

Por tanto, algunos productos contarán con esta calificación y otros no, a decisión del fabricante. En ese sentido, el ministro Alberto Garzón se mostró optimista en la presentación de este etiquetado, cuando apuntó que “creemos que conseguiremos que la inmensa totalidad de las compañías pasen a implementarlo este año”. Y en la misma línea se muestra Clara Gómez-Donoso, investigadora del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, quien ha explicado a Consumidor Global que “las marcas saben que los consumidores están concienciados con este tema y lo reclaman, lo que puede impulsar a la industria a utilizarlo”.   

Valoraciones dudosas

Aunque este sistema de etiquetado parece ser un buen punto de partida, pues cuenta con el respaldo científico, “no es un sistema perfecto y necesita algunas mejoras”, asegura Gómez-Donoso. Una de ellas, que además ha generado polémica, ha sido la clasificación del aceite de oliva en la categoría D, resultado de que el algoritmo de Nutriscore no diferencie los tipos de grasa y considere poco saludable este alimento tan calórico. Por tanto, para utilizar de forma correcta esta herramienta, los consumidores deberían contrastar siempre los productos de la misma categoría y no tomar estos valores como absolutos, sino relativos. “El aceite tiene categoría C, pero la mantequilla tiene E y, en comparación, es más sano”, matiza esta experta.

El sistema perseguirá, en realidad, los productos ultraprocesados y poco saludables, aunque “la industria encontrará la forma de camuflar sus productos y hacer pasar por más saludables algunos que no lo son tanto”, lamenta la nutricionista Nuria Romero. De hecho, el algoritmo valora de forma negativa los azúcares, las grasas y las calorías, pero no tiene en cuenta otras sustancias como los edulcorantes. Por tanto, algunos productos obtendrán una puntuación positiva si son desnatados y edulcorados. 

¿Es un sistema eficaz?

Desde que se anunció la implantación de Nutriscore en España, han sido varias las voces expertas que se han alzado en contra. Una de ellas es la del nutricionista Carlos Ríos, promotor del movimiento Realfooding, quien ha mostrado de forma tajante su oposición a través de sus redes sociales: “Destinamos dinero público a implantar un sistema que confundirá a la población e impulsará la compra de productos insanos. Paren el etiquetado Nutriscore”. 

Pero, por otra parte, y aunque tiene margen de mejora, un estudio realizado por investigadores de universidades de España y Francia asegura que la presencia del logotipo Nutriscore en los envases aumentará la calidad nutricional de la compra de los consumidores. “Nutri-Score generó una mejora nutricional del 9,3% de media en las cestas de los participantes”, apunta este informe. Además, en los países donde funciona desde hace años --en Francia desde 2017 y en Bélgica desde 2019-- este tipo de etiquetado ayuda a efectuar elecciones más sanas y limitar el consumo de alimentos poco saludables. Y, fuera de la Unión Europea, Chile y Australia también son pioneros en utilizar herramientas similares, con una gran aceptación. Pero, para que sea eficaz, “es esencial acompañar estas medidas con campañas de información que expliquen al consumidor cómo emplear el sistema de forma correcta”, concluye Gómez-Donoso.