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Las 0 % azúcares tampoco son galletas sanas: cómo elegir bien en el supermercado

La etiqueta nutricional aporta algunas claves a la hora de escoger uno de estos dulces, aunque los expertos subrayan que ninguna es del todo aceptable

Juan Manuel Del Olmo

Varias galletas junto a un vaso de leche / UNSPLASH

¿Existen las galletas sanas? Son uno de los alimentos más extendidos en los desayunos de los españoles y las hay de todas las formas y con todos los aditivos posibles. Pueden tener forma de dinosaurio, con avena o ser sin azúcares, pero a nivel nutricional, ¿pasan el corte de los expertos?

Andrea Calderón, profesora de Nutrición de la Universidad Europea y secretaria científica de la Sociedad Española de Ciencias de la Alimentación (SEDCA), proclama, en primer lugar, que no hay ninguna galleta de supermercado que sea sana y realmente recomendable.

Galletas que utilizan ganchos engañosos

La primera clave que apunta Calderón sobre las galletas del súper es que las marcas utilizan reclamos publicitarios para subrayar cualidades que, por sí solas, no hacen que el producto sea bueno.

“Lo que quitan de un sitio suelen añadirlo por otro”, resume. Así, las María Dorada de Carrefour sin aceite de palma (0,99 euros el paquete de 800 gramos) utilizan como gancho la ausencia de este componente, pero la etiqueta revela que contienen un porcentaje abultadísimo de azúcares: 20 gramos por cada 100 de producto.

Unas galletas cuadradas / PEXELS

La importancia de la etiqueta

Otro ejemplo son las Chiquilín Zero Azúcares (3,29 euros el paquete de 525 gramos). Esta opción, que se oferta como más saludable, contiene 16 gramos de grasa por cada 100 de producto, de los cuales 3,3 g son saturadas. Es una cifra elevada, pero Calderón señala que, si bien el consumidor suele fijarse en las grasas saturadas, no es lo más relevante. “Esos porcentajes suelen incitar a la confusión. Lo importante es ver la lista de ingredientes”, describe.

Dentro de la misma, la profesora recomienda fijarse en qué aparece en primer lugar. De igual modo, aconseja prestar atención al aceite. “Mejor un aceite virgen a un aceite refinado, pero las galletas nunca llevan aceite de oliva”. En vez de este alimento, los fabricantes suelen incluir aceite de girasol alto oleico, un sustitutivo que, si bien no es excelente, es preferible al de palma.  

Atención a la harina integral de trigo y a la trampa del azúcar

Igualmente, es importante la harina. “A veces el consumidor puede creer que compra galletas de harina integral cuando no es así. Si en la etiqueta pone harina de trigo a secas, no es buena”, expresa. Por ello, recomienda “no escogerlas en función de este tipo de declaraciones”. Mario Sánchez, tecnólogo alimentario y divulgador científico, tiene una opinión similar: “Ninguna es sana, aunque tenga una indicación de ‘0% azúcares añadidos’ bien grande”, opina.

Una María Dorada / FLICKR

En estos casos, argumenta, “tienen edulcorantes en lugar de azúcares, unos aditivos que aportan sabor dulce, pero con un número reducido de calorías”. Sin embargo, esto no quiere decir que sean mejores, puesto que los edulcorantes siguen enganchando. “Su consumo se vincula con el aumento de peso según la evidencia científica, aunque parezca contradictorio”, revela el experto. No es su única desventaja: el dulzor artificial provoca que el gusto se distorsione, posibilitando que luego no se distinga la dulzura natural en las frutas.

El caso de las galletas Fontaneda

Una de las marcas más populares es Fontaneda. El paquete de 800 gramos de ‘La buena maría’ cuesta 2,05 euros y utiliza como reclamo su 74 % de contenido en cereales. No obstante, el segundo ingrediente que aparece en la lista es el azúcar, lo que supone una mala señal. El tercer ingrediente especificado es el aceite de girasol alto oleico, del que hay un 9,5%. Eso quiere decir que la cantidad de azúcares es superior a dicha cifra. Asimismo, posee emulgentes, gasificantes y metabisulfito sódico, un componente para el tratamiento de la harina poco recomendable.

Esta empresa también tiene a la venta unas galletas con avena, las conocidas Digestive Fontaneda (2,99 euros el paquete de 550 gramos). En este caso se cumple la máxima de contrarrestar los teóricos beneficios por otro lado: aunque se especifique que los cereales son de buena calidad (un 37 % es avena y un 22,9 % harina integral de trigo) la sal asciende a 0,9 g por cada 100 y el azúcar a 23 g por la misma cantidad.

Un desayuno en una terraza / PEXELS

Ni ayudan a cuidar el corazón ni a combatir el colesterol

Calderón señala que otros reclamos “más peligrosos” son los de las galletas que aseguran “ayudar a cuidar tu corazón”. Entre estas están las de la marca Flora. Las tostadas (concretamente, el paquete de 450 gramos que cuesta 1,69 euros) no contienen aceite de palma, pero la nutricionista advierte de que pueden tener un porcentaje de azúcares elevado. Lo mismo sucede con las que anuncian “ayudar a combatir el colesterol”.

La profesora considera que éstas pueden tener un porcentaje de azúcar elevado. “Hay algunas que utilizan estos ganchos pero tienen más de un 30 % de azúcares, que es muchísimo. Con sólo cuatro galletas de este tipo en el desayuno, ya te pasas de la cantidad diaria de azúcar recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, explica.

La fibra, por sí sola, tampoco ayuda mucho

Tal y como expresa Sánchez, el tema de la fibra “es otro melón”, ya que añadirla no hace una galleta más saludable. Para aprovechar los beneficios de este nutriente, asegura, lo ideal es “consumirla dentro de los alimentos que la contienen de forma natural”, como cereales integrales, legumbres o frutas.

Varias cookies caseras / UNSPLASH

Es el caso de las Gullón Digestive zero azúcares (2,25 euros el paquete de 400 gramos) que, si bien son una de las alternativas más aceptables del mercado, tienen 0,88 gramos de sal por cada 100. “No es tanto que aporten ingredientes insanos (que también), sino que no aportan nutrientes saludables para nuestro organismo”, considera Sánchez.

Componentes laxantes de las Marbú Dorada y las Campurrianas 

Las Marbú Dorada de Artiach (2,50 euros el paquete de 400 gramos) también tratan de convencer al consumidor con la etiqueta “0% azúcares añadidos”. No obstante, tienen un contenido elevado de polialcoholes, un componente cuyo consumo excesivo “puede producir un efecto laxante”, expresa Sánchez.

Lo mismo sucede con las Campurrianas 0% azúcares añadidos (que resultan algo más caras: 2,75 euros el paquete de 400 gramos). En éstas, el porcentaje de polialcoholes asciende a 19 grados por cada 100.

Galletas al horno / UNSPLASH

Si hay que pecar, se peca bien 

Puestos a elegir una galleta, Sánchez sugiere que es mejor “elegir una normal y corriente bien cargada de azúcar y chocolate, y disfrutarla cuando toque. Como el consumo debe ser bajo, la diferencia será mínima. Lo demás es autoengañarse. Corremos el riesgo de confiarnos con una 0% y comer más de la cuenta”.

Es lo que puede suceder, por ejemplo, con las Gullón Desayuno con “zero azúcares añadidos” y cereales integrales, una alternativa admisible: tienen 14 gramos de grasas por cada 100, de las cuales sólo 1,3 son saturadas; 1,4 g de azúcares y 0,65 de sal. Esto repercute en el precio, ya que son bastante más caras que el resto: el paquete de 216 gramos cuesta 2,30 euros. Con todo, el divulgador se muestra tajante respecto a cuántas galletas, en general, son aceptables a la semana: “Es un producto de consumo ocasional, y cuánto menos mejor”.